Colabora Portada Directorio Buscador Redacción Correo
La insignia
1 de enero del 2004


Aforismos, reflexiones, dichos y contradichos


Karl Kraus (1874-1936)*


Sobre lenguaje y pensamiento

El lenguaje no es el aya, sino la madre del pensamiento

¿Que el lenguaje es la madre del pensamiento? ¿Que éste no es un mérito del pensador? Oh, sí, ya que tiene que gestarlo.

El lenguaje es la varita de las virtudes que encuentra las fuentes del pensamiento.

El pensamiento provoca el lenguaje. Una palabra da otra palabra.

Sólo en el gozo de la creación lingüística se hace del caos un mundo.

Confucio en Die Fackel: "Si los conceptos no son correctos, las palabras no son correctas; si las palabras no son correctas, los asuntos no se realizan; si los asuntos no se realizan, no prosperan ni la moral ni el arte, la justicia no acierta; si la justicia no acierta, la nación no sabe cómo obrar. En consecuencia, en las palabras no debe haber nada incorrecto. Esto es lo que importa".

Las instrucciones lingüísticas deberían escribirse de manera ilegible para infundir al locutor un respeto parecido al que el paciente siente por la receta médica. Nos bastaría si solamente se sacara esto: antes del uso de la lengua agítese la cabeza, porque con la duda, que es el mejor maestro, ya hubiéramos ganado bastante: mucho quedaría sin decir.

He extraído del lenguaje no pocas ideas que no tenía y que no sería capaz de apresar en palabras.

Mi lenguaje es la prostituta universal a la que convierto en virgen.

La idea viene porque la tomo por la palabra.

Quien no tiene ideas piensa que sólo se tiene una cuando se tiene y se la viste de palabras. No entiende que en realidad sólo la tiene quien tiene la palabra en la que la idea va creciendo.

Aparentar tiene más letras que ser. Hay imitadores antecedentes a los originales. Cuando dos tienen una idea, no pertenece ésta al primero que la tuvo, sino al que la tiene mejor.

Hay dos tipos de escritores: los que lo son y los que no lo son. En los primeros el fondo y la forma van juntos como el alma y el cuerpo; en los segundos el fondo y la forma van juntos como el cuerpo y el hábito.

Los verdaderos agitadores de una causa son aquellos para quienes la forma es lo más importante. El arte obstaculiza el efecto inmediato en favor de un efecto superior. Por eso sus productos no son vendibles.

Quien vive del tema, muere antes que el tema. Lo que vive en el lenguaje, vive con el lenguaje.

El que expresa opiniones no debe dejarse sorprender en flagrante delito de contradicción. El que tiene pensamientos piensa también entre contradiciones.


Sobre la moral

Moral es la tendencia a vaciar la bañera con el niño dentro.

"Moral" es lo que ofende gravemente el sentido del pudor del hombre civil.

Los señores, que edifican la moral de todos los pueblos, podían ir a pedirle en préstamo a Shakespeare la argamasa y la herramienta, pues desde su altura cualquier visión del mundo, conservadora o progresista, ofrece una imagen grata al Creador; existe cultura allí en donde las leyes del Estado son paráfrasis de pensamientos de Shakespeare, o en donde al menos sus dirigentes defienden su actividad con el pensamiento puesto en Shakespeare.

De la misión de proporcionar medios legales de castigo al escándalo que la inmoralidad provoca en público, el legislador se vio llevado arteramente al sofisma de que la inmoralidad provoca escándalo público.

Y cuando verdaderamente se dió escándalo público a causa de la persecusión de la inmoralidad privada, ese criterio basado en hechos que se buscaba había perdido ya su capacidad de distinguir entre causa y efecto.

Con la "moral" nada tiene que ver la jurisdicción criminal, sino la de las cotorras de barrio. Todo lo que la justicia puede lograr en este asunto es la protección de los indefensos, de los menores de edad y de la salud.

El guardian de la moral se afana en tapar con pomadas y ungüentos las pústulas morales y el cuerpo social empieza a supurar dentro. La persecución de las desviaciones sexuales favorece el chantaje, y cada nuevo intento de cercar la vida privada con una empalizada de artículos provoca nuevas inmoralidades, nuevos delitos.

El legislador podría ser útil si redujese la intervención legislativa, en orden a la moral sexual, a la protección de tres bienes: la salud, la libertad del querer y la minoría de edad. Lo que se tiene que perseguir es la conducta del individuo que continúa su actividad sexual (y daña a otros) a sabiendas de que tiene una enfermedad venerea, el uso de la violencia y el abuso de los niños. Pero el legislador no debe tocar lo que hacen entre ellas, con consentimiento mutuo y libertad, personas adultas. La moral individual no puede ser nunca un bien jurídico; a lo sumo podrá serlo la decencia pública. Lo que ocurre entre cuatro paredes no puede suscitar escándalo y el poder del Estado no está llamado a meterse por el agujero de la llave. La indiscreción de una justicia que querría reglamentar el comercio entre los sexos siempre ha producido la peor de las inmoralidades: la criminalización del instinto sexual es un impulso estatal al delito.

Si la moral no empujase, no se lesionaría.

Un proceso por atentar contra la moral es el desarrollo consecuente desde una inmoralidad individual hacia otra general, ante cuyo tenebroso fondo destaca resplandeciente la culpa probada del acusado.

Cuando Dios vio que todo estaba bien hecho, la fe humana le atribuyó la vanidad del creador, pero no su inseguridad.

La vida es un esfuerzo digno de mejor causa.

El débil duda antes de decidirse. El fuerte, después.

Hacer enfadar a los bribones que no se pueden corregir también tiene una finalidad ética.

Que uno sea un asesino no prueba nada contra su estilo. Pero el estilo puede probar que es un asesino.

Tiene que haber injusticia: de lo contrario no acabaríamos nunca.

No me meto en mis asuntos privados.

El humanitarismo es la lavandera de la sociedad: retuerce en lágrimas sus trapos sucios.

El mercantilismo ha osado usar como tablones de anuncio hasa los umbrales de nuestra conciencia.

Hay personas que toda su vida guardan rencor a un mendigo por no haberle dado nada.


Sobre la prensa y los periodistas

En tiempos que tenían tiempo, se podía resolver algo con el arte. En un tiempo que tiene periódicos, la materia y la forma se han escindido en favor de una comprensión más rápida. Como no tenemos tiempo, no les queda a los autores otro remedio que decirnos con todo género de detalles lo que se hubiese podido expresar brevemente.

¿Es la prensa un mensajero? No: es el acontecimiento. ¿Un discurso? No: es la vida. No sólo plantea la exigencia de que el verdadero acontecimiento lo constituyan sus noticias sobre los acontecimientos, sino que provoca también esa siniestra identidad por la cual, en apariencia, se informa de los hechos antes de que se hagan realidad. [...] La prensa no es un mozo de equipajes. Es el acontecimiento. De nuevo el instrumento nos ha superado. Hemos colocado al hombre, que debe comunicar la existencia de un incendio y que debería jugar el papel más subalterno dentro del Estado, por encima del mundo, del incendio, de la casa, de los hechos y de nuestra imaginación.

El periodista está estimulado por el plazo. Cuando tiene tiempo, escribe peor.

¡Tienen la prensa, tienen la bolsa, y ahora tienen también el subconsciente!

Se prohibe, con razón, toda sátira que entienda el censor.

La distorsión de la realidad en el informe es el informe verídico sobre la realidad.

¡Ay, ay de la prensa! Si Cristo viniese ahora al mundo, tan cierto como que vivo que no les señalaría la paja en el ojo a los fariseos, sino a los periodistas.


Sobre la época, el progreso, la técnica

En esta época gorda y pesada, en la que ocurre lo que uno no podía imaginar, en la que debe ocurrir lo que uno ya no puede imaginar, pues si se pudiera no ocurriría; en esta grave época, que se ha muerto de risa ante la posiblidad de volverse grave, que sorprendida por su tragedia procura distraerse, que cogida in fraganti busca palabras; en esta época estridente que retumba por la horripilante sinfonía de hechos que producen informaciones y de informaciones que originan hechos: en esta época no esperen ustedes de mí ninguna palabra propia. Ninguna salvo esta que resguarda el silencio de los malentendidos. [...] en el reino de la falta de imaginación , donde las personas mueren de hambre del alma sin ni siquiera sentirla, donde las plumas se mojan en sangre y las espadas en tinta, debe hacerse lo que no se piensa, pues lo que sólo se piensa en inefable. No esperen de mí ninguna palabra propia. [...] Los que ahora no tienen nada que decir, porque la acción tiene la palabra, siguen hablando. ¡Quien tenga algo que decir, que dé un paso al frente y se calle!.

El progreso celebra una victoria pírrica sobre la naturaleza.

El progreso hace portamonedas con piel humana.

La evolución de la industria militar ha conseguido...que sea preciso expulsar al Ejército de las Fuerzas Armadas por cobardía ante el enemigo. Si partiéramos del concepto de honor militar, hace ya tiempo que el mundo hubiera alcanzado la paz perpetua. Pues lo único que aún queda por ver es qué relación puede tener el valor con el numen de un químico que es en sí una deshonra a la ciencia, y cómo la gloria militar, debida a una ofensiva más "cloriosa", aún no ha muerto asfixiada por los gases de la propia infamia [...] A una humanidad que considera indispensable matarse unos a otros para vivir le es, desde luego, igual cómo lo hace, y la aniquilación masiva le resulta más práctica. Pero la evolución tecnológica ha dado al traste con sus aspiraciones románticas, que sólo hallan satisfacción en la lucha de hombre a hombre. [...] Los designios del diablo, que tan inescrutables no son, puesto que se escrutan en los laboratorios, van aún más lejos. En cuanto los adversarios se hayan superado mutuamente sin tregua, los carros de combate y los gases dejarán su puesto a las bacterias y nadie se resistirá ya a la genial idea de utilizar las plagas como instrumentos bélicos, en vez de considerarlas como secuelas de la guerra. Pero como ni así podrán los hombres prescindir de ciertos pretextos románticos para justificar su maldad, el general en jefe, cuyos planes serán puestos en práctica por el bacteriólogo, como hoy en día lo hace el químico, seguirá vistiendo uniforme. A los alemanes se les podría atribuir la gloria del invento, y a los demás la infamia de su perfeccionamiento, o también al revés....como le parezca más alentador.

Lo que caracteriza a la técnica es que no es capaz de producir tópicos pero deja al espíritu humano en un estado en que no puede prescindir de los viejos tópicos. En esta dualidad de una vida cambiante y de una forma de vivir que viene de antiguo, vive y crece el mal del mundo.

La fealdad del presente tiene fuerza retroactiva.

La estupidez del mundo hace imposible cualquier trabajo excepto sobre Shakespeare.

Cuando una cultura siente que su final de acerca, manda llamar a los curas.

El moderno fin del mundo tendrá lugar cuando la incapacidad de manejo por parte del hombre se ponga de manifiesto ante el perfeccionamiento de las máquinas. Los automóviles no consiguen que los conductores avancen.

Sólo hay una posibilidad de salvarse la máquina. Y es ésta: utilizarla.

Una salida: si los hombres han sacrificado ideales y vida por la invención de un vehículo, toma dicho vehículo para escapar de los cadáveres y acercarte a los ideales.

La democracia significa poder ser esclavo de cualquiera.

Quizá resultase mejor que los hombres tuviesen bozales y los perros leyes; que se llevase a los hombres con correa y a los perros con religión. La rabia decrecería en la misma medida que la política.

El pesimismo es el reúma del espíritu. Al menos lo nota uno cuando hace mal tiempo.


Miscelánea

La filosofía no es muchas veces sino un ánimo de adentrarse en un laberinto. El que después se olvida de la puerta de entrada podrá alcanzar fácilmente fama de pensador independiente.

Pregúntale al prójimo sólo sobre cosas que tú sabes mejor. Entonces sí que será valioso el consejo.

Para proteger la verdad se puede disimular.

Si el amor sólo sirve para procrear, aprender sólo sirve para la docencia. Ésta es la doble justificación teleológica de la existencia de los profesores.

El pensamiento en un hijo del amor. La opinión es reconocida en la sociedad burguesa. La diferencia entre la antigua y la nueva psicología consiste en que la antigua se irritaba moralmente por cada anamalía y la nueva, en cambio, ha ayudado a que la inferioridad se convierta en orgullo de clase.

El escepticismo ha evolucionado desde el que sais-je al "yo qué sé".

Educación es algo que reciben los más, que muchos transmiten y pocos tienen.

No se debe aprender nada más que lo que es imprescindible contra la vida.

En alguna parte encontré esta inscripción:"Se ruega dejar este lugar como se desearía encontrarlo". ¡Ay, si los educadores hablasen a las personas con la mitad por lo menos de contundencia que los hoteleros!

La sexualidad mal reprimida ha perturbado no pocos hogares; la bien reprimida ha perturbado el orden universal.

No estoy a favor de las mujeres, sino en contra de los hombres.

Lo que quiero decir es lo siguiente: el comunismo como realidad no es más que la otra cara de su propia ideología mutiladora de la vida y, por obra y gracia de un origen ideal más puro, un complejo antídoto precisamente para el objetivo ideal más puro. Que el diablo se lleve su práctica, pero Dios nos lo mantenga como amenaza constante sobre las cabezas de quienes poseen fincas y, para conservarlas, enviarían a todos los demás a los frentes del hambre y del honor patrio, diciéndoles, a modo de consuelo, que la vida no es el supremo de los bienes. Dios nos conserve el comunismo para que esta gentuza, tan insolente que ya no sabe qué inventar, no se nos vuelva más insolente todavía; para que la sociedad de quienes poseen el derecho de disfrutar en exclusiva y consideran la humanidad sometida a su mando suficientemente dotada de amor con la sífilis que recibe de ellos, para que esta sociedad, digo, al menos se vaya a la cama con una pesadilla.¡Para que al menos se quede sin ganas de predicar moral a sus víctimas y se quede también sin humor para hacer chistes sobre ellas! [En La antorcha, noviembre de 1920].

Hago que el guardia baile al son de la música que prohíbe.

Soy quizás el primer caso de un escritor que vive su escritura histriónicamente.

Mientras mis compañeros sacaban malas notas en conducta por dejar libros tirados debajo del pupitre, yo era un alumno modelo, porque atendía cada palabra del profesor para observar sus ridiculeces.

Muchos tendrán razón algún día. Pero será la razón de la sinrazón que tengo hoy. Su risa es un regulador de la demencia universal.


(*) Selección para La Insignia: Francisco Fernández Buey. España, enero del 2004.

Otros textos de Karl Kraus en La Insignia: La muerte heroica.



Portada | Iberoamérica | Internacional | Derechos Humanos | Cultura | Ecología | Economía | Sociedad Ciencia y tecnología | Diálogos | Especiales | Álbum | Cartas | Directorio | Redacción | Proyecto