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La insignia
26 de septiembre del 2003


Fallece Edward Said


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Eva Greenberg
La Insignia. España, septiembre del 2003.



El intelectual palestino Edward Said falleció ayer de leucemia en un hospital de Nueva York (EEUU) a los 67 años de edad. Nacido en Jerusalén en 1935, Said fue miembro del Parlamento palestino en el exilio durante 14 años, hasta que en 1991 presentó la dimisión por sus diferencias con Yasir Arafat.

Musicólogo y autor de textos imprescindibles como «Orientalismo» y «Cultura e imperialismo», Said se dio a conocer a finales de la década de los setenta con «El mundo, el texto y la crítica», donde polemizaba con las posturas formalistas y estructuralistas en la crítica literaria. Aunque se ganó el reconocimiento público por su obra periodística y sus ensayos políticos, fue ante todo un autor centrado en los estudios culturales.

Especialista en Joseph Conrad, Edward Said trabajaba como profesor de Literatura Comparada en la Universidad de Columbia (EEUU). A lo largo de los años mantuvo un constante compromiso con la causa palestina y fue un feroz crítico del subdesarrollo cultural y social de los países árabes y de las estrategias de dominación de las potencias occidentales.

En el 2002 obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, junto con el músico Daniel Barenboim, por su «generosa y encomiable tarea a favor de la convivencia y la paz». Los autores dedicaron los 50.000 euros del galardón a su conocido proyecto de la orquesta West Eastern Divan, que hermana a jóvenes músicos de Israel y de los países árabes de Oriente Próximo; su sede se encuentra en Sevilla (España), ciudad de la que Said se declaraba «entusiasta» y donde afirmaba sentirse «mucho más en casa que en Estados Unidos».


Una relación especial con España

Crítico del nacionalismo excluyente y de los conceptos identitarios de la cultura, Edward Said ponía con frecuencia a España como ejemplo de país plural, capaz de asumir tradiciones tan diversas como la judía, la islámica y la cristiana. En su opinión, «lo que podía haber acabado en un resultado muy distinto» terminó en «un ejemplo de coexistencia pacífica», a pesar de «las contradicciones de su propia historia, que muestra una identidad muy compleja».

«No es cierto que las identidades duren para siempre, puesto que la dinámica de la historia muestra constantes evoluciones», afirmaba Said, para añadir que «de las convicciones de los grupos que pretenden ser los auténticos representantes de una identidad o de la historia de un pueblo surgen el fundamentalismo y una total falta de comprensión por los demás».



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