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La insignia
22 de mayo del 2006


El fin del petroleo barato


Bruno Estrada y Eduardo Gutiérrez (*)
Fundación Sindical de Estudios. España, mayo del 2006.


El fuerte incremento de los precios del petróleo en los últimos años; desde los 25 dólares por barril del año 2002 a los más de 70 en la actualidad; supone la constatación de algo que muchos científicos vienen prediciendo desde hace varios años: estamos muy cerca del cenit de producción de petróleo.

El cenit de la producción de petróleo se entiende por el momento a partir del cual el consumo anual de petróleo será superior a las nuevas reservas que cada año puedan encontrarse, eso no quiere decir que la producción anual no pueda seguir incrementándose, aunque será a costa de que las reservas se agotarán antes.

Hace algunos años se calculaba que dicho techo se alcanzaría para el año 2010, aunque en palabras de Matt Simmons en el año 2004, banquero inversor en petróleo, experto en agotamiento y asesor de la Casa Blanca en temas energéticos: "el petróleo y el gas alcanzarán su momento critico, sino lo han hecho ya, y nunca sabremos cuando ha sucedido, hasta que lo veamos en nuestros retrovisores", por tanto es muy posible que, dada la fuerte demanda experimentada en los últimos años, ya hayamos sobrepasado ese techo.

Hasta ahora la evolución de los precios del petróleo no ha sido un buen indicador sobre su progresivo agotamiento, ya que las presiones ejercidas por EE.UU. para mantener el petróleo barato, han venido consiguiendo que la política seguida por parte de los más importantes países de la OPEC, fundamentalmente del poseedor de las mayores reservas de petróleo, Arabia Saudi, haya sido utilizar su capacidad extractiva excedentaria en momentos de riesgo de alta subida de los precios, para que estos no se disparen. Además en los últimos años esto ha sido favorecido por la política seguida por Rusia de utilizar sus recursos naturales de gas y petróleo a corto plazo para paliar su critica situación económica, ofreciendo mucho petróleo al voraz mercado. A partir del año 2003 la producción petrolífera de Rusia ha superado a Arabia Saudi, aunque sus reservas probadas son menos de una cuarta parte de las de Arabia Saudi, y la previsión es que Rusia alcance su techo de producción en el año 2008.

Esta política de contención de producción por parte de los países de la OPEC tendrá indudables consecuencia geopolíticas en un futuro cercano, debido a que los países productores que no pertenecen a la OPEC han consumido ya un 50% de sus reservas de petróleo, y por tanto en un plazo no superior a quince años un 75% de las reservas estarán concentradas en un puñado de países situados en Oriente Medio, fundamentalmente Arabia Saudi, Irak, Irán, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, que se caracterizan por una gran inestabilidad política, acentuada después de la invasión estadounidense de Irak y las amenazas a Irán.

Esta política, que supone plegarse a las demandas del lobby automovilístico, es bastante suicida a largo plazo, ya que no permite que los consumidores y las empresas sean conscientes del agotamiento del petróleo, y por tanto desincentiva políticas de ahorro, eficiencia y sustitución del petróleo por otras fuentes energéticas.

No obstante, la presión en la demanda de petróleo, inducida por el fuerte crecimiento de China y la India, ha hecho que la realidad se imponga, y parece claro que la actual escalada precios del petróleo está reflejando que los mercados ya están considerando al petróleo como un bien cada vez más escaso. Por ello es previsible que continúe el incremento del precio del petróleo, mientras la demanda mundial no decaiga, y China lleva varios años creciendo a tasas anuales del 10%, ya que su espiral alcista no obedece principalmente a razones coyunturales en base a la situación política de países como Nigeria, Irak e Irán, como se empeñan en mostrar algunos medios de comunicación.

Frente a esta situación es obligación de los gobiernos acelerar la transición energética hacia fuentes energéticas limpias y renovables, entre las que no se encuentra por supuesto la energía nuclear, y desarrollar políticas que favorezcan una utilización más eficiente del transporte a través de la potenciación de medios colectivos. Si estas políticas se ponen en marcha, con suficiente antelación y recursos, la transición energética se producirá sin que los conflictos se agudicen, tanto en el ámbito internacional, debido a unas reservas cada vez más escasas, como en el ámbito social dentro de cada país debido a la previsible perdida del bienestar que pueda generar una escalada del precio del petróleo no asimilable en muchas sociedades desarrolladas que son muy dependientes del petróleo. Hay que recordar que pese a la actual escalada de los precios del petróleo no se han alcanzado los precios reales, descontado el incremento de la inflación, de principios de los años ochenta, en torno a 80 dólares por barril de petróleo, por lo es obvio que en el futuro se agudizaran las consecuencias negativas, económicas y sociales, de un continuo incremento del precio del petróleo.

Mientras que si se sigue retrasando dicha transición debido a políticas cortoplacistas basadas en la defensa de los intereses de unas pocas empresas, se puede producir una fuerte crisis mundial de consecuencias impredecibles en la que quienes más la sufrirán serán los países más pobres y los colectivos sociales más vulnerables dentro de los países ricos, que podrán ver mermada gran parte de su capacidad adquisitiva.

Greenpeace acaba de presentar un estudio que demuestra que, con las actuales tecnologías disponibles, en el año 2050 las energías renovables podrían producir 10 veces la demanda total de energía previsible en nuestro país, fundamentalmente por las aportaciones de la energía solar termoeléctrica, la eólica terrestre y los parques de energía fotovoltaica con mecanismos de seguimiento del sol. Es decir, hay tecnología para afrontar con celeridad esa transición energética del petróleo hacia energías no contaminantes, donde la opción nuclear se descarte definitivamente por los riesgos y costes que comporta, ya que es la forma más cara de producir electricidad cuando se considera el ciclo completo del combustible nuclear.

Para España, a partir del año 2010, cuando vence el actual contrato con Francia de almacenamiento provisional de residuos nucleares generados por nuestras centrales, los costes de mantener dichos residuos nucleares podrían ascender a 18 millones de euros anuales, sin contar los residuos almacenados temporalmente en el Reino Unido.

La construcción de un almacén temporal geológico profundo (AGP) para residuos de alta radioactividad, con el objetivo de almacenar definitivamente esos residuos, según Enresa ascendería a 12.000 millones de euros. Estos costes y los derivados de la vigilancia de esos residuos, altamente peligrosos, almacenados durante miles de años no se contempla por parte de las empresas privadas que gestionan las centrales nucleares, que intentan que se socialicen estos costes para mantener sus altos beneficios, ya que de lo contrario se demostraría que son negocios ruinosos.

En la mayor parte de los países, las centrales nucleares son la rentabilización de las enormes inversiones realizadas por la industria militar para acceder al armamento nuclear, como en la actualidad está poniendo de manifiesto las presiones de EE.UU. para que Irán no desarrolle tecnología nuclear civil.

Gorbachov acaba de reconocer que el colapso final de la Unión Soviética fue debido al accidente nuclear de Chernobil, no debería ser necesaria una catástrofe de esas características, con más de 100.000 muertos, para que los países desarrollados pongan en marcha estrategias de transición energética del petróleo hacia las energías renovables limpias que ignoren las presiones del lobby nuclear por los enormes costes, riesgos y peligros que entraña la energía nuclear.

La tecnología y el mercado no son capaces de dar solución al problema del abastecimiento energético, y por tanto son los gobiernos quienes deben asumir urgentemente el liderazgo de la aceleración de la transición energética.


(*) Bruno Estrada es economista de la Fundación Sindical de Estudios. Eduardo Gutiérrez es economista de Comisiones Obreras (CC.OO).



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