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La insignia
5 de marzo del 2006


Consejos al joven escritor


Marcos Winocur
La Insignia. México, marzo del 2006.


Al joven escritor se le ha recomendado: tome la pluma sólo cuando sienta dentro suyo el aliento de la inspiración. O bien, se le ha dicho lo contrario: que escriba todos los días; así ganará oficio. Picasso, por su lado, conjuntó ambos extremos: "que la inspiración te encuentre trabajando".

Permítanme disentir, yo digo: que la inspiración te encuentre aburriéndote. Esto es: cuando estés harto de todo lo que te rodea y de ti mismo, al punto de no soportar verte al espejo, ahí, a dos dedos de la locura, tomas la pluma. Si ese momento no llega, mejor dedícate a otra cosa. Puedo admitir lo siguiente: que la inspiración te encuentre trabajando... siempre y cuando sea una forma desesperada de reaccionar frente al aburrimiento.

Ése es mi consejo.

Lamento disentir con gente que mucho admiro, particularmente Lorca, quien recomendaba no escribir en los momentos de gran euforia, en todo caso trazar líneas de colores sobre el papel. Luego, con la cabeza fría, recuperar y escribir. Lorca parte de lo caliente y va a lo frío. Por mi parte, recomiendo el viaje inverso. Dejar el helado aburrimiento, el "spleen" que recordaba Baudelaire y, en el tránsito, calentarse hasta llegar a punto de orgasmo literario. Pero la clave está en el aburrimiento. Sin ese saco de plomo y sin la determinación de quitártelo, ni modo, ni el sol te calentará, oh, joven escritor.

Y otro genio, Rilke, escribe diez epístolas en un libro que tanto ha influido en los escritores, las "Cartas a un joven poeta". Rilke, aun cuando no usaba la palabra inspiración, aconsejó al joven corresponsal infinita paciencia y un madurar en soledad, allí donde un día, si estaba llamado a ser poeta, brotaría la palabra hecha verso. Ahora bien, Rilke, tras su contacto personal con Rodin, cambió de posición en beneficio del trabajo como disciplina casi cotidiana... que él, por cierto, no acató.

Lejos de mí pretender la refutación de tan grandes personalidades del arte y la literatura. Pero, insisto, si alguien me pidiera consejo, le diría: cuando ya nada esperes, toma la pluma en lugar de suicidarte y cuenta tu vida y la de los demás como forma de atacar al aburrimiento. Mientras dependas de alguna manera del mundo exterior y pienses que, si fracasas como escritor, el mundo guarda un lugar para ti, sea en el cargo de marido o de jefe de estado, de chofer del magnate o de magnate mismo, mejor deja la pluma.

Ése es mi consejo.



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