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La insignia
3 de junio del 2006


Las líneas de Nazca: otra interpretación


Fernando Silva Santisteban
La Insignia. Perú, junio del 2005.


Las inmensas rayas y dibujos que se hallan en las pampas de Nazca constituyen uno de los enigmas más inquietantes de la arqueología americana. Como todos sabemos, se trata de un enorme conjunto de megaglifos que se encuentran en las desérticas llanuras de Nazca, en la costa peruana, a cuatrocientos veinte kilómetros al sur de Lima. Aquí se hallan representados algunos seres antropomorfos, animales, plantas y otras formas extrañas, así como multitud de líneas de la más variada geometría. No son los únicos que se conocen, megaglifos análogos se hallan en otras partes del planeta como en Egipto, en la isla de Malta, en Estados Unidos (Mississipi, Arizona y California), de los que tenemos noticias. También son conocidos los de Chucuyo, Cerro Unitas, en Atacama (Chile), así como los de Sabaya, en Bolivia, al suroeste de La Paz .

Estos campos de rayas fueron frecuentes entre las culturas del Perú antiguo en la región de los Andes Centrales, aunque apenas quedan vestigios en algunos lugares. Hasta hace pocas décadas quedaban rastros cerca de Lima, en Canto Grande y Tierra Blanca, los que fueron observados y descritos por Lorenzo Rosselló (1878, 1985, 1998), ahora han sido cubiertos por los asentamientos humanos de estos mismos nombres. En Pisco quedan las motas o "picaduras de viruela" de la hacienda Monte Sierpe, las figuras de la pampa de Villacurí y las rayas paralelas en el mismo valle. En la provincia de Ica se hallan las "pistas" en relieve de la hacienda Santiaguillo, los geoglifos de Aguada de Palos y algunos "surcos" en la hacienda Ocucaje. En la provincia de Palpa hay trazos y figuras trapezoidales, así como plazoletas y vestigios de figuras en las planicies de Santa Cruz, Río Grande, Viscas y otros lugares aledaños. En el departamento de Arequipa se encuentran los de Tintín, Santa Isabel y Pampa de Majes.

Este patrón de grandes geoglifos se hallaba extendido en toda el área andina central, con diferentes modalidades regionales, con funciones semejantes; así tenemos el Cóndor de Oyotún, entre los ríos Niepos y Nanchoc, en la provincia de Chiclayo, y cerca de allí la extraña figura antropomorfa de Pampa de Caña Cruz que tiene 65 metros de largo por 23 de ancho, ambas hechas con la técnica de mosaico y descritas por Walter y Susana Alva (1984).

Pero el conjunto más impresionante es el de los descomunales dibujos y líneas de las pampas de San José, Socos y El Ingenio, en la provincia de Nazca. Allí, entre el mar y las estribaciones de la cordillera, en una extensión de 450 kilómetros cuadrados, sobre el desierto arenoso cubierto de gravas pardo-rojizas, se encuentra el mayor número y variedad de rayas y figuras con multitud de formas y tamaños. Las gravas que cubren la superficie de estas pampas contienen óxidos ferrosos y el intemperismo ha formado sobre ellas una pátina oscura que contrasta con las capas subyacentes cuando los pedruscos son removidos. Es así que los antiguos nasquenses formaron los trazos como surcos que han quedado de color más claro, aunque algunos no llegan a ser surcos sino sólo huellas. En otros casos, las piedras depositadas a los lados forman pequeños camellones laterales de diversas medidas. Otros dibujos, a todas luces los más antiguos, han sido hechos en las laderas de los cerros retirando las piedras y la arena de los contornos, de manera que las figuras quedaron en un ligero plano en alto relieve. Aquí la lluvia es prácticamente desconocida y si bien la región es ventosa, incluso con fuertes "paracas" (vientos con arena), no se han alterado, casi, las superficies. La inmutabilidad es asombrosa, trazos restaurados hace años parecen acabados de hacer.

En términos generales, se trata de dos órdenes de representaciones: 1) imágenes de seres y de cosas y 2) líneas geométricas. Las primeras consisten en figuras de animales y personajes antropomorfos así como dibujos de plantas y objetos; todos hechos en proporciones colosales, con trazos limpios y equilibrados que definen muy bien los contornos con líneas paralelas en su configuración. De estas figuras han sido posteriormente aclaradas alrededor de 70, entre las cuales están la Araña, de 46 metros de largo; el Mono, de 55 m de envergadura; el Guanay, de 280 m de largo; la Lagartija de 180 m; el Colibrí de 50 m; la Orca de 65 m; el Perro (quizá zorro) de 50 m y el Pelícano, el más largo de todos, tiene 285 m. Las plantas representadas parecen ser sargazo y algarrobo, y hay también flores. No faltan animales deformados y cosas insólitas como un ser muy raro con dos manos, una normal y la otra de cuatro dedos. Encontramos así mismo objetos hechos por el hombre como instrumentos para tejer, ovillos y tupus.

Los motivos antropomorfos son relativamente escasos y todos se hallan en laderas. El más conocido es el denominado "Astronauta" que mide 32 m y se halla en medio de dos grandes líneas verticales sobre una ladera de montaña. Otros son el llamado "E.T." que se encuentra a unos 20 kilómetros de la ciudad de Nazca, en la pampa de San José (llamada también Pampa de Jumana), y un personaje al que se le ha sido bautizado "El Guerrero", el cual se encuentra en una falda rocosa del valle de Palpa; tiene lo que parece ser un tocado de plumas y está armado con un garrote o quizá estólica en la mano derecha y una lanza en la izquierda, se trata evidentemente de un cazador.. El trazado de estas figuras es diferente y no se parece en nada a los de las pampas, es sinuoso y nos hace recordar más bien a las figuras de los petroglifos de los roquedales.

En cuanto a las líneas, propiamente dichas, se trata de multitud de rayas de la más diversa geometría: muchas rectas, algunas hasta de diez kilómetros de largo; triángulos de todas formas, equiláteros, isósceles, escalenos; ángulos; haces; espirales; líneas escalonadas con diferentes grados de paralelismo y muchas "pistas" o anchos espacios longitudinales despejados, frecuentemente de forma trapezoidal. También hay numerosos centros radiados, por lo general colinas y montículos de los que parten -o a donde concurren- numerosas líneas rectas, algunas interminables, aunque no faltan otras más cortas y levemente onduladas.

La concentración y yuxtaposición de líneas y dibujos es tal que no deja duda de que se trató de una actividad intensa y por mucho tiempo vigente. En la actualidad algunos dibujos han sido aclarados, habiéndose sacrificado otros trazos.


Descubrimiento e interpretaciones

Morrison (1987) refiere que fue el licenciado Luis de Monzón, corregidor de Soras y Rucanas, el primero que informó en 1686, a su regreso a Europa, sobre las "marcas del desierto" dando noticia de las tradiciones locales que las ligaban a los wiracochas. Pero no fue sino hasta que las dio a conocer Toribio Mejía Xespe en una ponencia presentada al XXVII Congreso Internacional de Americanistas reunido en Lima en 1939 (Mejía, 1940). Por su conocimiento de las culturas nativas, de las instituciones y patrones del mundo andino, Mejía interpretó acertadamente los trazos como "seques", o caminos sagrados, pero no alcanzó a explicar cómo ni para qué funcionaban. Desde entonces los megaglifos de Nazca han sido objeto de muchas y variadas interpretaciones.

Paul Kosok mostró especial interés por los trazos y a él se debe su difusión en el campo de la arqueología americana, sugirió que las figuras y líneas de Nazca estaban relacionadas con la astronomía, algo así como un zodíaco cuyas proyecciones debieron tener algún tipo de correspondencia con el movimiento de los astros, en particular con los solsticios y calificó al conjunto como "The Large Asthronomy Book in the World" (1965). Hans Horkheimer piensa que estos trazos fueron una forma de culto a los antepasados, senderos sagrados que eran recorridos en ceremonias religiosas (1947). Análogo es el parecer de Tony Morrison, quien plantea que se trata de senderos sagrados y de animales míticos relacionados con el culto a los antepasados y que los trapecios y espacios libres eran zonas que servían para reuniones sagradas (1979). Johan Reinhard sostiene que los geoglifos estuvieron relacionados con el culto a la fertilidad y a las montañas y de alguna manera tuvieron relación con la escasez de agua (1988) y Ralph Cané (1978) ha manifestado con gran tino que no basta la interpretación astronómica, que hay que comprender necesariamente la concepción del mundo y las formas del pensamiento aborigen para interpretar el significado de los grandes dibujos y líneas gigantes del desierto. María Rostworowski (1998) se preocupa por el carácter y naturaleza de las líneas y dibujos de las pampas y manifiesta que los motivos de su existencia serían puramente religiosos y estarían relacionados con el dios Kon el cual, de acuerdo con las creencias de los parakas y Nazcas, aparecía en una época del año surcando los cielos y que los sacerdotes hicieron los geoglifos para indicarle su tierra de origen y señalarle que le aguardaban sus fieles.

Quien se entregó con pasión a estudiar y restaurar los geoglifos fue la alemana María Reiche y a ella se debe el descubrimiento de algunos que no fueron descritos por Mejía ni registrados por Kosok. Reiche identifica la figura del Mono con la Osa Mayor, que habría anunciado la llegada del verano, en tanto que otras figuras como las del Ave de pescuezo replegado, el Delfín y la Araña, que podrían estar representando a las estrellas de Orión, habrían anunciado las demás estaciones. Afirma Reiche que las figuras fueron hechas por técnicos que trabajaron como verdaderos ingenieros modernos pero sin aritmética, con métodos muy sencillos, que el instrumento fundamental fue un cordel y las aplicaciones se hacían desplegándolo, según cada proporción, mediante segmentos radiales (1955, 1975 y comunicación personal). Otras interpretaciones giran en torno al culto al agua, por lo que ésta representa para la agricultura y los graves problemas que significa su escasez.

Si bien no aportan evidencias, éstas son las interpretaciones que, de una u otra manera, han tratado de acercarse a las posibles funciones que cumplieron los misteriosos megaglifos y embargan cierta lógica razonable. De otra parte, no faltan las elucubraciones ilusorias y explicaciones fantásticas que sólo tienen cabida en las fantasías desaprensivas de ultraficción. No vale la pena mencionarlas.


Consideraciones necesarias

En términos generales, las hipótesis mencionadas son unas más otras menos propuestas sugestivas. Unas sólo tienen en cuenta las creencias mágico-religiosas, las preocupaciones astronómicas o el culto a los antepasados, como si estos aspectos de la cultura pudieran explicarse por sí solos. Otras pasan por alto aspectos fundamentales de la vida social tales como los sistemas socioeconómicos y políticos del mundo andino, en particular de las sociedades Paracas-Nazca. Por ejemplo, no reparan en la manera como estaban organizados la producción, la reciprocidad, el trabajo, la identificación de los grupos de parentesco o filiación y la redistribución de bienes y servicios en los cuales se sustentaban los mecanismos de interacción social y la supervivencia de la sociedad lo mismo que de los individuos y, en casi todos los casos, las interpretaciones están referidas a instituciones, modelos y premisas de la cultura occidental; buscan explicar los fenómenos de acuerdo con la percepción, la concepción, las necesidades y la experiencia histórica de Occidente.

Hay que tener en cuenta que los sistemas con los que los antiguos peruanos, en particular los nasquenses, resolvieron sus problemas económicos, sociales y políticos fueron muy distintos a los occidentales, lo mismo que la concepción de las categorías fundamentales de la existencia misma, empezando por las nociones de tiempo y de espacio; así como las concepciones del mundo, del hombre, de la vida y la muerte, del orden social, etc. y que, por otra parte, ni la concepción del mundo ni la religión son fenómenos autónomos que puedan ser comprendidos en sus propios términos. Por cierto, resulta difícil entender cómo funcionaba una civilización en la que no se conocían la escritura, la moneda, la economía de mercado, las matemáticas, ni los postulados fundamentales de lo que llamamos ciencia. No por eso dejaba de ser una civilización como las demás grandes civilizaciones universales, con un orden social y político sorprendente e, incluso, con técnicas en muchos aspectos más funcionales y admirables que las de Occidente de esas épocas.


Cronología

Conocemos una datación radiocarbónica obtenida por Duncan Strong (1957) que arroja un fechado correspondiente al año 550 de nuestra era y pertenece a un poste de madera encontrado en una de las "pistas". Pero, es evidente que no todos los trazos de las pampas y los cerros corresponden a una misma época. Algunos son más antiguos y en innumerables casos han sido hechos unos sobre otros. Desde el aire se puede ver dibujos que han sido borrados para trazar después las grandes "pistas". Otras figuras han sido rehechas y corregidas. Algunas de estas correcciones son originales pero hay otras que evidentemente han sido reconstruidas en los últimos tiempos, con lo que se ha impedido establecer sus secuencias.

Los campos de rayas de las pampas de Nazca corresponden a una muy larga tradición que algunos investigadores calculan entre los años 300 a.C. y 800 d.C. (Isbell, 1980), es decir, la misma cronología de la cultura Nazca y, en términos generales, con la misma variación estilística. En las figuras de las pampas se repite el proceso de cambio iconográfico en las características generales que propusieron Gayton y Kroeber (1927) para la secuencia cronológica de la cerámica Nazca. No obstante, algunos geoglifos muestran modelos representados en los tejidos que corresponden a las fases Paracas-Necrópolis, y otros que parecen ser aún más tempranos. Por lo que se puede observar tanto desde el aire cuanto recorriendo las pampas y si se tienen en cuenta las técnicas con que fueron hechas las figuras así como la evolución tipológica de las formas, pensamos que en el proceso de su trazado se puede establecer las siguientes fases, series o períodos:

Fase A

Corresponden a esta fase los grandes dibujos antropomorfos, algunos bastante primitivos, que se hallan en las estribaciones de los Andes, como son "El Guerrero" (¿cazador?) armado con estólica en una mano y lanza en la otra, el cual mide 22 metros y se halla en la ladera de un cerro en el valle de Palpa; los "Hombrecitos con corona"; el "Hombre Lechuza" y otros que parecen los más tempranos. Hay también representaciones bastante naturalistas de animales como el Felino, a pocos kilómetros de la ciudad de Ica; el Cóndor de la pampa del Ingenio, probablemente una falcónida de 27 metros en su extremo más largo y cuyo modelo, como el de el Felino, aparecen ya en las telas de Paracas. Estas figuras han sido hechas con la técnica "de limpieza", esto es, retirando los materiales de grava y arena de sus contornos y dejando las imágenes en un ligero plano en alto relieve. Hay otras, como "El Hombre con sombrero y un objeto redondo en la mano", a dos kilómetros de Palpa, así como una especie de botella globular en una ladera del valle del Ingenio, estas figuras han sido hechas combinando las técnicas "de limpieza "y "de surco".

Todas estas figuras han sido fotografiadas desde el aire, algunas de ellas halladas por Eduardo Herrán (1985). Parece que se trata de imágenes alrededor de las cuales se realizaban los ritos que identificaban a los miembros de un grupo familiar, o de un segmento clánico.

Fase B

En esta fase comprendemos las figuras clásicas: el Mono, el Colibrí, la Araña, el Perro, la Lagartija, el Ave con pescuezo replegado, las Manos, etc, así como diversos dibujos de plantas, flores y formas derivadas de objetos textiles. Todos se hallan en planicies y han sido hechos con trazos firmes, contornos bien definidos y gran sentido estético. Se ha utilizado la técnica de surcos. Por la armonía y el equilibrio que se advierte en los trazos pensamos que las figuras debieron ser hechas previamente en modelos a escala reducida, como lo ha sugerido Reiche.

Fase C

Asignamos a esta fase o serie a las grandes pistas y plazuelas trapezoidales, triangulares o rectangulares, algunas de las cuales muestran en sus extremos, a veces al medio en un borde, uno o más montículos formados por cúmulos de piedras o por pequeñas plataformas. Se advierte claramente que estas pistas han sido hechas sobre los demás trazos, limpiando y allanando el terreno en acciones que debieron demandar gran fuerza de trabajo. La impresión general es que debieron ser lugares de reunión de grandes y diversos grupos humanos.

Fase D

A esta fase corresponden los centros radiados, por lo general montículos de los que parten o a los que convergen largas líneas a veces de varios kilómetros. Hay muchos geoglifos de esta naturaleza cuyas líneas se cruzan, aunque muchas no llegan a identificarse porque han desaparecido ya sus secciones. Algunos de estos montículos han sido considerados como "observatorios". Los más grandes son los de Cahuachi y Achaco, en las pampas de Nazca, y los de Pichongo y Llipta en la pampa de Palpa. Estas líneas son las que más se ajustan a la descripción de los seques cusqueños.


Función de los megaglifos: una propuesta

Tanto por los que quedan cuanto por las trazas de los que antes había, la profusión de líneas y dibujos de las pampas de Nazca es tal que no deja dudas de que fueron objeto de una actividad incesante. Esto demuestra lo importantes que eran para la gente que los hacía y la necesidad, al parecer cada vez mayor, de rehacer nuevos trazos diferentes a medida que iba creciendo la población. El trazado de estos dibujos y líneas se ejecutó durante la larguísima época en la que se desarrolla la cultura Parakas-Nazca. Indudablemente, los megaglifos cumplieron una función fundamental puesto que fueron base de un mecanismo permanente de interacción social que permitía a la vez que configurar y reiterar los ritos, identificar por sus linajes a los grupos que los realizaban. El valor del rito estriba en que se trata de una práctica eficaz que posee la virtud de constreñir las cosas por su naturaleza sagrada.

Como sabemos, las sociedades de la civilización andina no conocieron el dinero, la economía mercantil ni la escritura alfabética, sistemas sobre los que se desarrollaron otras civilizaciones y en particular la civilización occidental. La antigua civilización andina o peruana se desarrolló sobre la base de otros sistemas cuyos complejos mecanismos de interacción llevaron a un alto grado de funcionalidad los principios de reciprocidad y redistribución. Para ello era indispensable contar con un mecanismo ritual lo suficientemente objetivo para que pudieran identificarse periódicamente tanto miembros de cada grupo cuanto los diferentes grupos productivos, clanes, mitades o linajes (más tarde sayas, paqarinas, ayllus) para que el Estado o la entidad política a la que estaban sujetos pudiera señalar las obligaciones recíprocas y redistributivas de cada grupo. Dada la naturaleza de la cultura, eminentemente numinosa, el ritual y su repetición constante era la forma como se determinaba y mantenía la identificación de los individuos como de las instituciones.. No olvidemos que la estructura social y política estuvo sustentada sobre los efectos de dos principios fundamentales: reciprocidad y redistribución. Cada grupo o sector clánico tenía una obligación específica en este contexto, unos tuvieron que encargarse de la extracción, preparación o elaboración de cada producto, otros de su redistribución e intercambio, o de las funciones y servicios que requería el orden económico, político y religioso del Estado.

Nazca estuvo lejos de ser una sociedad "primitiva" de organización tribal; era una sociedad estatal desarrollada que empezó a expandirse orgánicamente a principios de nuestra era y que pronto llegó a ser un pequeño imperio, como piensa Rowe (1970). La pregunta es entonces ¿sobre qué mecanismo de interacción se estableció y mantuvo el orden y control del Estado? Seguramente fueron los mismos sobre los que se sustentaron los otros estados que surgieron en los Andes Centrales como fueron Moche o Cuismanco, el posterior imperio Huari y el propio Imperio de los Incas. Se trata, como ya se dijo, de la adecuación y desarrollo de los dos principios universales en la convivencia de toda sociedad, la reciprocidad y la redistribución de bienes y servicios, naturalmente con sus propias y originales peculiaridades.

Todo parece indicar que las figuras de las pampas representaban de una u otra manera a los diversos clanes o segmentos clánicos (ayllus en quechua) que estaban simbólicamente asociados a un fundador mítico, animal, planta u objeto, como sucede en todas las comunidades ágrafas, según observó Durkhein al referirse al totemismo. Para Lévi-Strauss la esencia del totemismo reside en la tendencia universal, manifestada en todas las culturas, de dividir el mundo natural y clasificarlo en especies y cosas separadas, a la par que el mundo social queda dividido en distintos grupos y clases de personas identificadas por el linaje. Esto es lo que en el Perú antiguo constituyó la "paqarisca", y se denominó "pakarina" al lugar de origen. Las figuras de las pampas fueron grandes imágenes representativas de los fundadores míticos de los linajes. Dice Mejía Xespe que las figuras de las pampas de Nazca eran "seques" (rayas, términos) para ser caminados por los miembros del grupo. En efecto, en todas las figuras se advierte claramente una entrada y en algunas un corredor de entrada, como en la parte posterior del Perro, debajo de la cola del Mono y en la tercera pata derecha de la Araña.

Para efectuar los ritos que permitieran la identificación de los linajes era necesario contar con grandes espacios que pudieran dar cabida al número de personas que se reunían para ratificar su identificación. En el Perú Antiguo fueron muy frecuentes las grandes reuniones multitudinarias; las pampas de Nazca, como las otras en las que se hallan megaglifos semejantes eran ideales para ello. Fue la propia naturaleza del hábitat la que indujo a esta forma de ritual. Los miembros de cada linaje se identificaban -tanto por analogía cuanto por contacto- recorriendo los trazos que representaban a su segmento clánico.

Otra cosa que se puede deducir con toda claridad es la transformación que se produce con el cambio de las figuras realistas a las formas abstractas y geométricas inducidas por el aumento del número de los miembros de cada grupo. Se puede observar, por ejemplo, como es que la cola del Mono se convierte en espiral, pero más elocuente es la transformación del modelo ictiomorfo, cuando el pez u orca va estilizándose hasta convertirse prácticamente en una "pista", como sucede con otros líneas y figuras que se sobreponen a los motivos anteriores de las series que hemos señalado. Fue el aumento de la población -evidenciado por otros vestigios arqueológicos- lo que hizo necesario delinear nuevos trazos para dar cabida a un número mayor de personas y, probablemente, a otros segmentos sociales de categorías, tamaños y funciones diferentes.

En cuanto a que los megaglifos pudieron servir también de referentes con respecto a la observación de los astros o a las secuencias del calendario, es muy probable que así fuera. El calendario es un patrón universal en la necesidad y una técnica para registrar las secuencias del tiempo, las apariciones lunares, los cambios de clima y otros hechos naturales. La observación de algunos fenómenos como los solsticios y equinoccios, halos, celajes, así como la aparición de ciertas especies de moluscos, grillos, aves migratorias, insectos, etc., indican la llegada o ausencia de las lluvias, fenómenos que fueron observados y seguramente registrados con bastante validez, aunque se trate de fenómenos variables e incontrolables. El "calendario" de Nazca, si lo fue, debió ser un registro de fenómenos, más no matemático como el occidental. Sin embargo, la observación y el anuncio de los fenómenos sobre la base de las observaciones que aludimos debió conferir gran autoridad a los sacerdotes dedicados a este tipo de actividad, puesto que sus pronósticos resultaban válidos y hacían creer que se trataba de revelaciones hechas a ellos por los oráculos en sus relaciones con los poderes numinosos. Así, pues, la autoridad era en gran medida resultado de éstas y otras tecnologías que al ideologizarse colocaron al mundo Nazca dentro de un cosmos jerarquizado. Esto nos estaría señalando cómo la arquitectura del poder social era influida por el medio geográfico al que explotaba; y la manera como se configuraron y organizaron políticamente la sociedad para administrar los recursos.


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