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La insignia
13 de octubre del 2005


Bibliálogos

Cuatro décadas de Siglo XXI


Ariel Ruiz Mondragón
La Insignia. México, octubre del 2005.



Rodolfo Mondolfo y Arnaldo Orfila Reynal.
Fue en 1965 cuando, tras una fecunda labor editorial, el editor argentino Arnaldo Orfila Reynal fue lamentablemente despedido de su cargo de director del Fondo de Cultura Económica. Bajo pueriles alegatos nacionalistas y de supuestas intenciones renovadoras, el gobierno mexicano echó al hombre que entregó muchos años de esfuerzo y talento a la consolidación y crecimiento de la editorial mexicana más importante.

Tras ese deplorable hecho, inmediatamente buena parte de los intelectuales y escritores mexicanos de más importancia impulsó a Orfila a emprender un nuevo proyecto editorial. De esa manera, en noviembre de 1965 se realizó una reunión a la que asistieron alrededor de 500 personas, en la que se hizo el anuncio de la creación de una nueva editorial, que llevaría por nombre Siglo XXI Editores.

En marzo de 1966 se firmó el acta constitutiva de la nueva empresa, en la que se establecía lo siguiente: "Declaran los comparecientes que, con el propósito de impulsar la cultura a través de una labor editorial, han convenido en constituir una sociedad anónima que se inspirará en los principios de libertad de pensamiento y de expresión, y dentro de la máxima excelencia y calidad intelectuales acogerá las corrientes del pensamiento y las tendencias de carácter científico y social; pero sin tomar parte en las actividades de grupos militantes en política, aun cuando tales actividades se apoyen en aquellas corrientes o tendencias."

De esa forma surgió Siglo XXI Editores, que pronto fue convertida por Orfila en una de las más importantes y prestigiosas editoriales en lengua española. Muchos de los títulos que ha publicado la editorial se han vuelto clásicos en el ámbito académico, especialmente entre la izquierda intelectual.

Sobre diversos aspectos del trabajo de la editorial sostuvimos una charla con su actual director general, el Dr. Jaime Labastida.


Ariel Ruiz (AR): Hace cuarenta años fue echado Arnaldo Orfila Reynal de la dirección del Fondo de Cultura Económica. Posteriormente vino la reunión con 500 personas en la que se decide iniciar el proyecto de Siglo XXI Editores. ¿Cuál fue la razón de ser de esta nueva editorial?

Jaime Labastida (JL): Quizás convendría iniciar por tratar de entender por qué salió Orfila del Fondo de Cultura Económica. Ahora, a la distancia, nos resulta algo incomprensible: ¿qué sucedió, qué cosa tan grave habrá hecho Orfila para que se exigiera su salida? Bueno, el Fondo era y todavía es una empresa del Estado, y en consecuencia tiene pleno derecho de nombrar y remover a los funcionarios de esa empresa. Sin embargo, lo que había realizado Orfila allí había sido tan importante que todavía más incongruente resulta la petición de su salida. Esa empresa era, hasta antes de que se hiciera cargo de ella Orfila, una editorial digamos buena, pero no tenía la dimensión y la proyección que él le dio. Las colecciones fundamentales de que dispone el Fondo, que son de primera magnitud, las creó Orfila: Letras mexicanas, Tezontle, Tierra Firme, la Colección Popular, los Breviarios; la estructura que actualmente posee también se la dio Orfila.

Todo eso lo hizo Orfila, que venía de EUDEBA (Editorial Universitaria de Buenos Aires) y del propio Fondo en Buenos Aires. Él recreó, refundó el Fondo de Cultura Económica.

¿Qué hizo que molestara tanto? Hay que entender que vivíamos en la época de la guerra fría, y él publicó dos libros que molestaron mucho. el de Wright Mills, Escucha yanquí, que en Estados Unidos no causó ningún problema, porque allí sí había libertad de expresión; pero aquí, más papistas que el Papa, pensaron que esto iba a causar molestias a la embajada norteamericana. Ahora no vivimos bajo la amenaza de la guerra nuclear ni del hongo atómico, pero en 1965 eso era una amenaza latente.

También publicó el libro de un antropólogo norteamericano, Oscar Lewis, Los hijos de Sánchez. Lo que ahora se dice y se investiga sobre la situación de la pobreza en México es diez veces más fuerte que lo que escribió Lewis. Pero en aquel momento molestó también porque parecía denigrar al país.

Estas son las dos obras que molestaron al aparato gubernamental mexicano. Hay que recordar que en ese momento el presidente era Gustavo Díaz Ordaz, de inteligencia extrema pero al mismo tiempo muy autoritario. Recuerde usted que hay cuatro hechos que debemos conectar: primero, el golpe a Orfila y al Fondo de Cultura Económica; al año siguiente el ingreso del ejército a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (hecho que yo viví de manera personal porque era profesor allá); en 1967 el ingreso del ejército en la Universidad de Sonora, lo que se repitió en 1968 en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Los cuatro hechos están íntimamente vinculados, y el primer anuncio ominoso fue áquel, en contra de la cultura y particularmente de Orfila. Sin embargo, como suele decir un refrán: no hay mal que por bien no venga. Entonces un grupo de intelectuales y de inversionistas decidió darle un instrumento a Orfila para que pudiera continuar con su labor, para lo cual se realizó una gran reunión de 500 participantes en noviembre de 1965.

Así se fundó una editorial que estuviera por delante del siglo que terminaba (el XX), 35 años antes de que concluyera esa centuria.

Esta es la condición en la que surge Siglo XXI; quiero decirle que fueron condiciones muy adversas, llenas de dificultades, con una cantidad de capital relativamente modesta pero suficiente para arrancar las labores. Los primeros libros aparecieron en octubre de 1966, menos de un años después de aquella reunión.

AR: Usted habla de la amplitud y proyección que le dio Orfila al Fondo, al ampliar e intensificar sus actividades al ámbito latinoamericano (que recoge después Siglo XXI con su antiguo lema "Un nuevo amanecer para América Latina"). En ese sentido, ¿hasta qué punto Siglo XXI es continuación de la obra y los proyectos de Orfila en el Fondo?

JL: En buena medida Siglo XXI es una editorial hermana o paralela del Fondo de Cultura Económica. Usted puede ver que muchos de nuestros autores también son autores del FCE; muchas de nuestras colecciones tienen semejanzas con las de allá. Tampoco se puede inventar el hilo negro. Desde que estoy al frente de la editorial hemos creado unas cuantas colecciones más, pero la estructura básica es la misma, y la orientación desde el punto de vista temático es aproximadamente la misma. Esto es porque Siglo XXI tiene un perfil humanista, abierto, plural, crítico, y nuestros temas son política, economía, demografía, historia, psicología, arqueología, aunque también tenemos un amplio espectro de cultura popular, de arte y de literatura.

Quiero recordarle que los grandes autores de América Latina han publicado con nosotros: Paz, Fuentes, Galeano, Del Paso, Carpentier, Cortázar, Borges son autores nuestros.

AR: El surgimiento de Siglo XXI se conjugaron dos elementos fundamentales, a mi parecer: la lucha por la libertad de expresión, por una parte, y por la otra la calidad y el rigor intelectual y creativo. ¿Qué tanto ha cambiado Siglo XXI en estos 40 años?

JL: Hay una máxima de Confucio que dice: el que no avanza, retrocede. Si uno no está atento a los cambios, incluyendo los tecnológicos, una editorial como Siglo XXI se estancaría. Uno tiene que estar atento a todo lo que es novedad, y es esto lo que Siglo XXI intenta hacer. Creo que una de las características de la institución es que ha vuelto todavía más actual aquella expresión con la que termina El laberinto de la soledad, de Octavio Paz: "Por primera vez los mexicanos somos contemporáneos de todos los hombres".

Yo creo que ahora somos simultáneos a todos los hombres, y que una novedad intelectual o el pensamiento más actual en Europa, en Estados Unidos o donde usted guste, puede aparecer en nuestras prensas casi de inmediato.

Cuando empecé a estudiar filosofía en los años cincuenta, era una novedad que nuestros profesores que acababan de volver de Europa trajeran la fenomenología de Husserl o el existencialismo de Sartre o de Heidegger. Hoy lo que se produce en el mundo entero aparece en las editoriales de lengua española prácticamente de modo simultáneo. Estamos al día.

Leopoldo Zea, Fernando Solana, Arnaldo Orfila Reynal,
Froylán López Narváez y Raúl Salinas Lozano.
AR: Tras el surgimiento en México de Siglo XXI, vinieron las filiales de Argentina y España. ¿Actualmente como se trabaja con esas filiales?

JL: Hay una circunstancia: primero, la argentina, la que fue cerrada por la dictadura y la reabrimos hace cinco años. Ha crecido mucho y está sosteniéndose muy bien. En ese sentido, estamos muy satisfechos de lo que ocurre en estos cinco años, ya que a pesar de la profunda crisis por la que pasó Argentina, la sucursal funciona.

El caso de España es diferente, porque allá Siglo XXI se fundó por accionistas distintos de los de México, y compartimos el logotipo e intereses, pero la empresa, desde el punto de vista accionario, es distinta a la de México. Sigue viva, tenemos buenos vínculos con ellos, y voy próximamente a Madrid a afianzar todavía más los vínculos que existen con ellos.

AR: En esto cuarenta años, especialmente de los años setenta del siglo pasado para acá, ha habido varias crisis económicas. ¿Cuáles son los principales problemas económicos a los que se ha enfrentado Siglo XXI en su historia? Hay algún editor que me comentó que la había pasado muy mal en 1982 y 1995, por ejemplo.

JL: Desde luego compartimos los problemas de las restantes editoriales. En esto no hay ninguna cosa que añadir, incluso le podría decir que tal vez en nuestro caso hay un problema aún más agudo porque una buena cantidad de nuestros títulos son traducciones de autores extranjeros, y tenemos que pagarles en moneda extranjera, dólares o euros. Entonces cuando hay una devaluación esto nos afecta de un modo brutal. Esto ha ocurrido ya en varias ocasiones.

Sin embargo quiero decirle que Siglo XXI ha sabido sostener sus compromisos con los autores, es lo primero que nosotros ponemos a salvo; el capital mayor de una empresa editorial es su catálogo, y por lo tanto sus autores. Nosotros hacemos honor al pago de regalías y pagamos, o intentamos pagar, puntualmente siempre a los autores.

Ese es un problema. Posiblemente otras editoriales le hayan hablado de la elevación del costo del papel o de la impresión, pero eso lo ve uno año con año por el proceso inflacionario, y no es tan fuerte como la crisis del 94, cuando el peso se devaluó más de trescientos por ciento, y nuestros pagos a los autores extranjeros eran en dólares. De súbito tuvimos que pagar tres o cuatro veces más, medido en pesos mexicanos porque nuestras ventas eran en esta moneda. Ese es un problema que siempre se presenta cuando hay una devaluación.

AR: En estas cuatro décadas, ¿cuál ha sido básicamente su público lector?

JL: Se ha mantenido el mismo: nuestro perfil es un público exigente, universitario, académico. Nosotros no hacemos libros de lo que ahora se llama best seller, sino que más bien apostamos a un libro que tenga una demanda permanente, de exigencia intelectual.

Entonces ha sido más o menos el mismo perfil: el profesor, el investigador universitario, el alumno de alto nivel, el intelectual crítico, fundamentalmente.

AR: ¿Cuáles son los títulos de más éxito de la editorial?

JL: Los primeros lugares corresponden a los siguientes autores y títulos: de Eduardo Galeano Las venas abiertas de América Latina; de Martha Harnecker Los conceptos elementales del materialismo histórico; de Felipe Pardinas Metodología y técnica de la investigación en ciencias sociales; Michel Foucault Historia de la sexualidad.

También podemos encontrar a Paulo Freire con La educación como práctica de la libertad; el libro coordinado por Pablo González Casanova y Enrique Florescano México hoy; de Ariel Dorfman Para leer al pato Donald; de varios autores Historia ¿para qué?, y el Diccionario de política dirigido por Bobbio y Matteucci.

AR: ¿Cuáles son los autores más significativos y representativos de Siglo XXI?

JL: Creo que los autores representativos de la casa son fundamentalmente de México y América Latina. Nosotros consideramos nuestro primer libro el de un filósofo que en el momento de la publicación tenía más de ochenta años, Rodolfo Mondolfo y que era sobre Heráclito. Mondolfo era originalmente de Italia y luego se naturalizó argentino. Imagínese usted: un libro de filosofía sobre un autor presocrático, hecho por un hombre en su plena madurez. Este es un autor para nosotros increíblemente significativo.

Junto con él está otro significativo en extremo, que es Octavio Paz, que está vinculado a Orfila y a la casa desde el momento en que Siglo XXI nace. Orfila, desde que estaba en el Fondo y al hacer la nueva editorial, le propone a Octavio la consolidación de una antología de poesía, que es Poesía en movimiento, que es también uno de nuestros primeros libros. Ahora vamos a publicar las cartas que cruzaron Octavio Paz y Orfila a lo largo de cinco años. Ese va a ser el libro conmemorativo de Siglo XXI.

Otro autor fundamental de la casa es Alejo Carpentier; aquí publica en primeras ediciones El recurso del método, Concierto barroco, y La consagración de la primavera. Pero luego le proponemos a Alejo la edición de sus obras completas, la que hemos mantenido.

Uno más: Julio Cortázar, quien se vincula a Siglo XXI desde un principio, y publica aquí dos o tres libros maravillosos: La vuelta al día en ochenta mundos, Territorios y Último round.

Otro es Eduardo Galeano, quien empezó a publicar con nosotros desde hace muchísimos años títulos como Las venas abiertas de América Latina, y luego prácticamente todos los libros que ha escrito a lo largo de más de veinte años.

También debemos incluir a Paulo Freire, pedagogo. Otro libro simbólico nuestro es Escritos, de Jacques Lacan; nosotros abrimos este campo que en ese momento no estaba suficientemente explorado. Había editoriales españolas que habían publicado a Freud, a Jung y otros psicoanalistas, pero no a Lacan, y nosotros nos lanzamos a esta tarea.

Otros más son Roland Barthes y Michel Foucault, que caracterizaron a la editorial. Una más es Martha Harnecker; también está el Che Guevara, de quien nosotros publicamos el Diario de Bolivia.

Le puedo decir así como hitos significativos esos autores y libros. Pero también le puedo decir que nuestros diccionarios son fundamentales y muy importantes; el Diccionario de política que dirigió Bobbio es una obra que se demanda muchísimo y que es un libro de consulta continua. Hemos hechos otros diccionarios que funcionan muy bien, de psicología, sociología, economía.

AR: ¿Cómo incide hoy Siglo XXI en el mercado latinoamericano?

JL: Legamos a todos los países de América Latina, pero hay que reconocer que después de las dictaduras de los años setenta hubo una crisis y se desmanteló el aparato de distribución que existía, y ha sido muy difícil restablecerlo. Esto ha afectado mucho.

Se ve claramente que los libreros son pequeños comerciantes que no tienen muchísimos recursos, y el libro es costoso, en su trasporte por ejemplo (si se envía por avión es más caro el flete que la edición misma). Esto afecta también a la circulación de nuestros libros. Pero sí tenemos presencia en prácticamente todos los países de América Latina, aunque no la que desearíamos.

AR: También se dedican a la distribución. ¿Qué fondos manejan? ¿Cómo le ha ido en esa tarea? También hacen coediciones, ¿con qué instituciones las hacen?

JL: Básicamente tenemos en distribución solamente los sellos de Akal y Foca, que son españoles. Esos los tenemos en exclusiva en nuestro país. Además, por supuesto, tenemos los libros de Siglo XXI de España y Argentina, lo que ni siquiera debería mencionar, porque se supone que por sabido se calla.

Las coediciones las hacemos con instituciones académicas, fundamentalmente con la Universidad Nacional y con la Universidad Autónoma Metropolitana. Es posible que se firme un convenio con el Instituto Politécnico Nacional, y en menor escala con otras instituciones.

AR: ¿Podría la editorial tener alguna definición política? Por supuesto no estrictamente de compromiso con algún partido o algo parecido.

JL: Estamos muy lejos de hacer nada que tenga que ver con un partido político. Nuestra editorial es plural, abierta, crítica, y está situada, si quiere usted hablar de espectros espaciales, a la izquierda. Pero no estamos cerrados a ninguna posición. Nunca hemos publicado, ni queremos publicar libros gubernamentales porque no somos una editorial de gobierno ni mucho menos.

Sí aceptamos en ocasiones libros que nos pueda proponer alguna secretaría, siempre y cuando sean libros de Estado -vamos a decirlo de esa manera-, no de gobierno, y que tengan interés para la nación, para la cultura del país y nada más. Pero eso no llega ni al 0.001 por ciento de nuestra producción. Algún libro quizás se haya publicado eventualmente en alguna ocasión en colaboración con alguna secretaría gubernamental. En general nosotros hacemos más bien libros de corte académico y de perfil universitario.

Somos, pues, una editorial abierta, crítica, sin una definición ideológica o política; no somos una editorial de partido ni sectaria, sino todo lo contrario. Lo único que nos mueve es la calidad.

AR: ¿Cuáles son los planes que tiene Siglo XXI?

JL: Primero, sobrevivir. Segundo, vamos a publicar, para conmemorar los 40 años de la editorial, las cartas cruzadas entre Octavio Paz y Arnaldo Orfila, libro que vamos a presentar en la Feria del libro de Guadalajara. Marie Jo, la viuda de Octavio, ya dio su anuencia, ya firmamos el convenio con ella, revisó las cartas y está muy contenta.

En el curso del años próximo vamos a publicar otros dos volúmenes, con las cartas que cruzaron Orfila y Alejo Carpentier, por un lado, y las cruzadas por Orfila y Julio Cortázar, por otro. Los tres volúmenes posiblemente constituyan una pequeña colección conmemorativa de los 40 años.

AR: ¿Cómo se encuentra Siglo XXI a cuatro décadas de su fundación?

JL: Nosotros somos una editorial más en el conjunto de editoriales que hay en lengua española. Nuestro perfil es académico, riguroso, y nos hemos mantenido en él mientras otras editoriales quiebran o cambian de derrotero. Nosotros no hemos hecho esto, no hemos sido absorbidos por ninguna editorial extranjera, ni lo haremos. Mantendremos nuestro perfil y nuestro objetivo.

Mientras que hay grandes editoriales que en la actualidad, por las exigencias del mercado, dejan de publicar a ciertos autores o ciertos libros de perfil riguroso, nosotros no lo dejaremos de hacer. Exigimos mucho de nuestros lectores, y por lo tanto nos exigimos también bastante.



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