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La insignia
5 de marzo del 2004


Revista de prensa*

Mucho más que un patriarca de la lengua


Francisco Rico
La Vanguardia. España, marzo del 2004.


La imagen de Fernando Lázaro Carreter que hoy saldrá a relucir más a menudo en España y Latinoamérica es sin duda la de gran valedor del idioma común. Es justo e injusto que así sea. Injusto, porque Fernando no fue sólo un lingüista, sino también, con los mismos títulos de excelencia, un extraordinario crítico e historiador de la literatura y un intelectual de cuerpo entero. Pero es justo también, porque en ningún otro dominio su obra ha tenido una repercusión mayor ni de mayor vigencia.

Es difícil, en efecto, que nadie pueda operar e influir más ampliamente sobre la lengua española. Investigador de excepción, alerta en especial a todas las innovaciones de la lingüística, no se contentó con trabajar sagazmente en la alta filología: todo el saber que en ella había acumulado lo llevó, añadiéndole un formidable talento pedagógico, al terreno crucial de la enseñanza secundaria, en manuales que siguen siendo un ejemplo supremo de exactitud y eficacia.

Una cosa es predicar y otra dar trigo. Fernando Lázaro supo compaginarlas entrando sin miedo en el día a día y en la divulgación del idioma. Detrás de los libros de estilo de no pocos periódicos e instituciones está no ya la lección y el estímulo genéricos de Lázaro, sino el modelo concreto del gabinete de asesoramiento que él ideó para la agencia EFE. La conciencia lingüística se les ha agudizado a infinidad de lectores, a ambos lados del Atlántico, gracias a los “dardos en la palabra”, amenos y jugosos, que durante treinta años publicó en los periódicos y compiló en un par de libros de gran éxito.

En fin, la Real Academia Española tuvo la suerte de contarlo como director a lo largo de un decenio y salir enteramente nueva de sus manos. La provecta institución, un tanto enmohecida por la inercia, se convirtió en cortísimo plazo en un moderno laboratorio de la mejor lingüística aplicada y en el más sólido y útil punto de referencia para todos los hispanohablantes.

Es difícil, insisto, que el quehacer de un solo estudioso haya revertido en beneficio de más, en tantos planos y con tantas perspectivas complementarias. Pero, insisto también, hay en ello una cierta medida de injusticia. Fernando Lázaro fue mucho más que el patriarca de la lengua que en este día de dolor tenderá a evocarse. Demasiado bien lo sabemos quienes además del maestro llevamos hoy a cuestas en el alma al amigo entrañable.


(*) Artículo aparecido en La Vanguardia, de España. La redacción de este diario recuerda a sus lectores que en nuestras páginas sólo tienen cabida los textos externos que cuenten con los debidos permisos de reproducción de autores y/o publicaciones. Cualquier excepción, como la actual, se hace siempre en virtud del carácter no lucrativo de La Insignia, ante situaciones de evidente interés informativo o social y a condición de no provocar perjuicio alguno a la fuente de origen.



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