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La insignia
31 de diciembre del 2004


España

Videojuegos y censura


Ignacio Escolar
Escolar.net. España, diciembre del 2004.


"En el mundo moderno, los grandes líderes solucionan los conflictos con palabras. Palabras como: bombas de racimo, ataque scud, misil nuclear."

Así arranca uno de los matamarcianos que más entretenido me tiene en estas últimas semanas, Command and Conquer Generals, tal vez el juego más belicista que vieron los tiempos. Un auténtico choque de civilizaciones sin ningún respeto por los civiles donde puedes elegir entre dirigir los ejércitos de la China comunista, las hordas terroristas de un grupo que usa suicidas y ántrax o los marines estadounidenses. Me encanta el olor a napalm por las mañanas.

A ojos de Amnistía Internacional, sin embargo, estoy a punto de convertirme en un neocon.

Esta bienintencionada organización acaba de difundir, otro año más, su tradicional informe inquisitorial sobre la corrección política y el ocio digital. Se titula "Con la violencia hacia las mujeres no se juega" (PDF) y está plagado de errores. Como definir September 12th, una obra maestra del pacifismo que no me canso de recomendar, como un juego que "banaliza los crímenes de guerra, y los abusos de derechos humanos en general". O asegurar que JFK Reloaded "fomenta el asesinato".

Más hilarante aún es cuando el informe analiza Neverland, una broma bizarra donde el jugador adopta el papel de Michael Jackson y, armado con una escopeta de redes, tiene que evitar que los niños se escapen de su mansión para poner una denuncia. Según Amnistía, que no pilla el chiste, Neverland supone "promocionar el abuso sexual contra menores". Qué no habrían dicho con más motivo del Lolita de Nabokov en su momento.

Después de cuarenta folios, el informe concluye que "el Estado español está incumpliendo los compromisos alcanzados tras la ratificación de la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación de la Mujer hace ya 20 años". Ignoro cuáles son dichos compromisos y a qué obligan a España, pero me sorprende que Amnistía tenga tanta prisa por corregir a los videojuegos y no se queje del cine o de la literatura.

Nadie duda de que tienen que existir unos controles y un etiquetado riguroso para permitir a los padres decidir a qué juegan sus hijos. Pero hoy, los videojuegos, como el cine, la tele o la literatura, no son sólo para niños. ¿Por qué se exige censura para los videojuegos? Cuando se llega a este punto de la discusión, me ha pasado hace unas horas, alguien argumenta que no es lo mismo, que en los videojuegos tú eres el protagonista y que en el cine o en la literatura sólo eres observador. Algo parecido decían los censores del cine, que también los hubo, cuando argumentaban que el celuloide debía estar más controlado que el papel porque era más explícito.

Amnistía Internacional, con informes así, se sitúa en el mismo saco de los que piden prohibir el porno, de los que pintaban calzones a los desnudos de la Capilla Sixtina o de los que hace bien poco quemaban libros. El problema es que esta gente no juega.



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