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La insignia
5 de enero del 2005


Ecuador

Desequilibrios económicos del 2004


Alberto Acosta
Diario Hoy / La Insignia. Ecuador, 5 de enero.


Una lectura interesada y simplista de lo que sucedió el año pasado lleva a conclusiones inexactas o al menos incompletas. Al analizar descuidadamente los resultados se puede concluir que el balance económico del 2004 fue favorable, alentador, casi maravilloso. La realidad, como siempre, es más terca que los deseos.

El crecimiento del PIB de un 6% no resulta tan promisorio ni siquiera en términos macroeconómicos. Fue el resultado de una actividad pasajera de las empresas petroleras privadas, que creció en más del 20%, sin que esto se refleje en mayores beneficios para el fisco, ni para el conjunto de la sociedad. Según el estimado oficial, en el 2005 dicho auge no se repetirá: el crecimiento esperado será de un 3%. Con lo que la economía no petrolera (sin diferenciarla por sectores, en donde se encuentra situaciones deplorables como en el agro) crecería en un 2%, tal como sucedió en el 2004. Esta es una cifra pobre que no se compadece con el crecimiento de la población y muy pobre para un país con un gran potencial productivo, que goza de un entorno externo muy positivo, casi irrepetible.

El saldo favorable de la balanza comercial, que habría alcanzado unos 400 millones de dólares, tampoco da para mucho optimismo. Si nos concentramos en la balanza no petrolera, vemos que en los primeros diez meses del 2004, el desbalance es enorme: -2.593 millones, un monto superior al desequilibrio comercial de todo el año 2003: -2.069 millones. Y conste que el Ecuador dolarizado lucra de la devaluación del dólar (un 50% desde enero del 2002), lo que le ha permitido recuperar en algo su abatida competitividad, mermada también por la dolarización.

Las cifras con que se aplaude al sistema financiero resultan incompletas. Que aumenten los créditos en un 25% no dice nada del uso de dichos recursos. Es un dato que pierde fuerza cuando se observa que el grueso de los créditos va al consumo y a las importaciones (sobre todo de bienes de consumo). Si bien han bajado las tasas de interés en términos nominales, en términos reales (eliminando el impacto inflacionario) éstas no han dejado de crecer. Y no sólo eso, el diferencial real entre tasas activas y pasivas supera los 5 puntos porcentuales, manteniendo incólume el rentismo de un sistema oligopólico. Eso explica las grandes utilidades amasadas por los banqueros: unos 130 millones de dólares hasta noviembre del 2004, rentabilidad superior al 15%.

Por el lado fiscal la cuestión preocupa. El año cerró con un superávit primario de más del 5%, cifra que emociona a los defensores del manejo económico "ortodoxo, conservador y prudente", pero que en realidad muestra el sacrificio a que es sometido el pueblo ecuatoriano -el más elevado de toda la región- para sostener el servicio de la deuda externa. Al descoyuntar gran parte de los ingresos petroleros del resto de la economía se logra que dichos ingresos vayan al sostenimiento del mencionado servicio, manteniendo elevadísima la cotización de los Bonos Global, para dicha de los acreedores internacionales y nacionales.

No hay duda que falta mucho por hacer. Para empezar requerimos otra política económica enmarcada en un nuevo paradigma de desarrollo que tenga al ser humano como razón última de todos sus esfuerzos.



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