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La insignia
25 de septiembre del 2002


¿El fin de América Latina?


José F. Cornejo
La Insignia. Bélgica, septiembre del 2002.



A fuerza de hablar de América Latina como una unidad se esconde a menudo sus profundas rivalidades y divisiones. Ya en 1998, Alain Rouquié en su excelente libro Amérique Latine: introduction à l'Extrême-Occident, se preguntaba si la dinámica de la globalización no iba a acabar con nuestro multiforme subcontinente, tan evidente era el fracaso de los diferentes proyectos de integración regional intentados: Pacto Andino, MERCOSUR, Mercado Común Centroamericano. Lamentablemente este diagnóstico de la desunión latinoamericana no ha cesado de crecer.

Desde su ingreso en el Nafta, México no forma más parte de América Latina y se ha convertido en un "Estado-Disociado" de los Estados Unidos. A diferencia de Puerto Rico, "Estado-Asociado", los mexicanos han abierto sus fronteras a las multinacionales americanas, pero sus ciudadanos no pueden circular libremente mas allá del Río Grande y sufren cotidianamente la humillación del "Muro de Tortillas" que los separa de sus socios del norte. Con 74% de sus importaciones y 88% de sus exportaciones con a los EE.UU. el único tema relevante en la política internacional mexicana, son sus relaciones con su principal cliente comercial, lo demás es retórica diplomática o, lo que es lo mismo, literatura fantástica.

El siguiente "Estado-Disociado" de los EE.UU. al parecer será Chile. En declaraciones recientes al diario Le Monde (19.09.02) nos enteramos por boca del Ministro de Economía chileno, Nicolás Eyzaguirre, que Chile se prepara a firmar un acuerdo de libre comercio con los EE.UU.: " Vamos a firmar, es seguro a 100%, antes de fin año o a más tardar en el primer semestre del 2003". Aprovechando de la crisis económica que atraviesa su vecina Argentina y de la desconfianza creciente de los sectores financieros con Brasil, Chile busca presentarse como "la excepción" dentro de una América Latina en crisis. Anunciando a bombos y platillos exoneraciones fiscales a las inversiones extranjeras para que las multinacionales se expandan en la región, Chile se ofrece sin tapujos como portaaviones de la penetración imperialista en nuestro continente. Hubieran sido los sectores pinochetistas los autores de tales medidas, no nos hubiera llamado en nada la atención, pero que sean precisamente quienes se reclaman "herederos" de Salvador Allende, es una desvergüenza y una deslealtad calamitosa que nos golpea en lo más profundo del alma. A los verdaderos amigos se los conoce en los momentos de adversidad. Convertidos en cogestionarios de la política económica del sanguinario demente, los socialistas chilenos se han metamorfoseado de militantes anti-imperialistas en Managers-Empresariales y se han olvidado por completo del gran esfuerzo de solidaridad que les brindaron los pueblos latinoamericanos en los años sombríos de la dictadura. A estos nuevos Managers-Empresariales les encanta presentarse en la escena internacional como Pumas o Jaguares de un supuesto "milagro económico" chileno. En realidad son Perritos Falderos de las multinacionales en sus oscuras intenciones de dominación y sumisión económica de nuestra malograda región.

"América Latina es una abstracción" le gustaba repetir al maléfico Henry Kissinger. El Secretario de Estado del entonces Presidente Nixon, que tan buenos servicios le prestó al Imperio en las latitudes chilenas, buscaba así afirmar que, Estados Unidos no debía tener una política global con la región sino relaciones bilaterales con los países tratados individualmente. La maniobra táctica era de anexarnos uno por uno antes de que podamos formar un bloque compacto y al parecer la maniobra les esta dando resultado.

Las campañas por un referendum sobre el ALCA en Brasil y Venezuela nos muestran que no todo esta perdido aún. Debemos generalizar esta consulta en otros países para decantar claramente los campos entre quienes quieren la anexión y la sumisión al imperio americano y quienes en las condiciones adversas del momento siguen levantando el legado de Bolívar, Martí y Allende de una América Latina unida, digna y justa para la prosperidad de sus pueblos.



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