Portada Directorio Buscador Álbum Redacción Correo
La insignia
29 de diciembre del 2002


Bibliálogos: Entrevista con Arnold J. Bauer

Dime qué compras y te diré quién eres


Ariel Ruiz Mondragón
La Insignia. México, 29 de diciembre.


El hombre y las sociedades, a los largo de sus existencias, desarrollan una actividad esencial: consumen. Lo hacen por necesidad o por deseo, compran bienes y productos que satisfacen desde sus más ingentes requerimientos vitales hasta sus más superfluas obsesiones. Con ello constituyen su cultura material, la que les sirve para mejor perfilar su identidad. En su interesante y original libro Somos lo que compramos. Historia de la cultura material en América Latina (México, Taurus, 2002), el historiador Arnold J. Bauer estudia los principales satisfactores de la vida material -el alimento, el vestido, la vivienda y la organización del espacio público- en esta región del planeta desde la época prehispánica hasta nuestra era neoliberal.

Acerca de ese trabajo sostuvimos una entrevista electrónica con el autor, quien, además de ser doctor en Historia por la Universidad de California en Berkeley, es actualmente Director del Programa de Estudios de la Universidad de California en Santiago, Chile.


Ariel Ruiz (AR): ¿Cuál fue el motivo o motivos por los que se interesó en estudiar el desarrollo histórico de la comida, la vivienda y la vestimenta en América Latina?

Arnold Bauer (AB): El consumo nos está consumiendo. La globalización capitalista ha desatado un frenesí del consumo y quisiera poner esta práctica en perspectiva histórica.

AR: ¿Podría establecer alguna comparación, aclarar similitudes y diferencias, entre el consumo material de Iberoamérica y Angloamérica?

AB: En primer lugar, según un informe reciente, casI la mitad de la población de Latinoamérica viven debajo de la llamada "línea de la pobreza". En Brasil, 47% de la gente gana menos de un dólar diario, así consumen para vivir, no viven para consumir como hace la mayoría de mis compatriotas en los Estados Unidos y las capas sociales con mejores ingresos en América Latina.

Segundo, ya que Latinoamérica ha sido marcado por su condición de colonia o dependencia vis a vis. Europa o los Estados Unidos, los patrones o modelos de consumo de estos países se imponen (o son aceptados) acá (escribo desde Chile).

AR: En general, me queda la impresión de que América Latina ha sido mucho más importadora de patrones de consumo que exportadora de los mismos. Ha logrado llevar al mundo algunos productos, como el aguacate, la papa, el chocolate o la cocaína, para mencionar sólo algunos. ¿Sólo productos agrícolas o materias primas ha podido llevar al mundo del consumo, especialmente Europa? ¿Tan desigual ha sido, históricamente, el intercambio de patrones de consumo entre Europa (y hoy los Estados Unidos) y Latinoamérica?

AB: Si, por toda la historia. Es, por una parte, asunto de poder. Si los incas o los aztecas hubieran conquistado Europa, me imagino que habrían impuesto su gustos, su valores. Tendríamos llamas y alpacas pastoreando en Castilla; templos a Huitzilopochtli en Paris. Bueno, habrían "nombrado" a los conquistados también, así, tendríamos "la Nueva Anáhuac", "Xochimilco" en vez del Jardín des Plantes, etc.

AR: ¿Qué papel juegan la técnica y la tecnología en el desarrollo del consumo? El libro nos da una idea de un sempiterno atraso latinoamericano en esas materias, en las que prácticamente no ha aportado nada.

AB: Aparte del genio de desarrollar los frutos de América, tal como el maíz, el tomate, la papa, etc., es cierto que en los últimos dos siglos, la época de industria, de alta tecnología, Latinoamérica ha importado mucho más que exporta. Es también, cuestión de poder, del desarrollado disparejo del mundo; ¡un tema bastante complejo!

AR: Para analizar el consumo latinoamericano usted toma tres necesidades básicas: la alimentación, la vivienda y la ropa. Añade también una cuarta: la organización del espacio público. ¿No piensa que también podría haber considerado el transporte? Éste aparece, pero como instrumento de distribución de los otros bienes.

AB: Sí, buena idea. Podría haber incluido una lista sin fin de objetos. De hecho, hablo de cosas aparte de las "necesidades", como, por ejemplo el hielo (una historia fascinante), las Coca Cola y los Big Mac que no son para nada "necesarios."

Como usted vio en el libro, la distinción entre "deseos" y "necesidades" es interesante.

AR: Una tesis relevante de su libro es que la clase de bienes que consume la gente ayuda a definir su identidad, o identidades: la étnica, cultural y aun de clase. Para establecer la primera se acostumbra utilizar como criterio la lengua. Sin embargo, usted llega a afirmar que la manera más efectiva para cambiar de identidad era cambiar de cultura material, de la forma de consumir bienes.

AB: Tiene razón, el idioma igual es importante. El papel del consumo en la formación de identidades es el tema que trato de desarrollar por todo el libro.

AR: En términos generales, ¿cómo ha sido la relación de la producción de bienes y su consumo con el medio ambiente? Hay la idea de que en la América prehispánica era una relación más sustentable (por llamarlo de manera moderna) que después de la invasión europea. ¿Es cierta esa noción?

AB: Puede que los prehispánicos, siendo en su mayoría, agricultores, tuvieran una relación más sustentable con el medio ambiente que tenemos nosotros. Es también cierto, que los primeros conquistadores, hediondos y sucios, quedaron impresionados por la limpieza y orden en Tenochtitlan.

Por otro lado, los indígenas no tenían los medios destructivos que tenemos los países industrializados; si los hubieran tenido, quizás habrían sido tan irresponsables como nosotros. Obviamente, la producción industrial de nuestra edad presenta un problema inaudito. Otra ironía: el país con más capacidad técnica para resolver el problema ambiental es el que más contamina.

AR: Otro aspecto que puede ser importante en el estudio de los patrones de consumo, especialmente ya en la época moderna, es el de la indudable influencia de los medios de comunicación. En su opinión, ¿cómo han influido los medios en la definición de la cultura material, especialmente en el siglo pasado?

AB: Si, como usted y todo el mundo bien sabe, la publicidad, los avisos, sobre todo la televisión, que entra incluso en las casas más humildes, es abrumadora. Es en gran parte por eso que vivimos para consumir, que los Mall son nuestros nuevos templos, etc.

AR: ¿La cultura material, los patrones de consumo, tienen la tendencia a uniformar a individuos, comunidades, pueblos y países? Si ello es así, ¿atentaría contra una de las fundamentales riquezas humanas, que es la diversidad cultural?

AB: Otra buena observación suya. La cultura material que vemos hoy día funciona de distintos modos, a veces contradictorios, siempre con paradojas. A un nivel, vemos una uniformidad casi global. vemos los mismos "outlet" , los mismos "Home Centers" y "Liz Claybornes en Bogotá, San José, Morelia, y Santiago.

Los deleznables Big Mac saben igual en Tokio o en Río de Janeiro. Por otro lado la búsqueda, dentro de estos patrones por la diversidad, para la identidad individual, también impulsadas por la publicidad, el capitalismo global.

AR: Finalmente, usted resalta el carácter transitorio de la actual uniformidad neoliberal. De su estudio histórico, ¿podría señalar algún rumbo hacia el que podría dirigirse la cultura material en América Latina?

AB: No soy futurólogo, solo entiendo la regla número uno: todo cambia. Sin un sentido histórico, podemos creer que lo que tenemos, siempre lo hemos tenido y siempre lo tendremos.



Portada | Iberoamérica | Internacional | Derechos Humanos | Cultura | Ecología | Economía | Sociedad
Ciencia y tecnología | Directorio | Redacción