Portada de La Insignia

23 de diciembre del 2008

enviar imprimir Navegación

 

 

España, 1936-1939

El papel de Francia


Ignacio Hidalgo de Cisneros
De Cambio de rumbo.

 

Unos días antes de la gran ofensiva fascista contra Cataluña, me llamó Negrín una madrugada para que fuese a su casa particular lo antes posible.

Encontré a Negrín con el general Rojo. Tenían aspecto de haber pasado la noche trabajando, y me pareció que esperaban mi llegada con impaciencia.

En cuanto entré, Negrín fue derecho al asunto. Me dijo que había estado analizando muy detenidamente con Rojo la situación, que los dos coincidían en su extrema gravedad y que, después de haber estudiado las posibles soluciones para resolverla, o por lo menos atenuarla, habían decidido que la única manera de evitar o retrasar la pérdida de Cataluña era pedir a la Unión Soviética que mandase a España una importante remesa de material de guerra (...) Negrín me dijo que aquéllo era de vida o muerte par nosotros, que la gestión debía realizarla una persona de absoluta confianza para el Gobierno republicano y para el Gobierno soviético, y que habían pensado en mí para llevarla a cabo.

A las pocas horas salía yo de Barcelona para Moscú, acompañado de Connie y del coronel de aviación Manuel Arnal, uno de nuestros mejores ingenieros (...)

El día de nuestra llegada a Moscú, visité al ministro soviético de Defensa, mariscal Vorochílov (...) Al día siguiente, a las cinco y media de la tarde, se presentó en el hotel un coronel de uniforme, acompañado de una intérprete soviética, María Julia Fortus, persona admirable que había trabajado conmigo en España durante casi dos años y con la que me unía una gran amitad.

(...) Empezaron mis sorpresas al ver que, en vez de encaminarnos a la residencia donde tenía Vorochílov su despacho, entrábamos en el Kremlin y nos deteníamos frente a uno de los palacios. El coronel, que no había dicho una palabra durante el camino, nos dejó solos después de acompañarnos hasta una especie de antesala. Regresó al momento, abrió una puerta y me invitó a pasar. Al entrar en aquella habitación, lo primero que veo es a Stalin -acompañado de Molotov y Vorochílov-, que se dirige a mí, con la mano tendida, presentándose (...)

Me pidieron que les explicase la situación en España. Procuré hacerles un relato lo más exacto posible de las condiciones tan difíciles en que había dejado a las fuerzas republicanas (...) Cuando terminé de hablar, me hicieron varias preguntas, todas muy concretas, y en seguida entramos de lleno en el estudio de las listas de armamento.

(...) Antes de levantarnos, el mariscal Vorochílov, con esa franqueza un poco brusca de los soviéticos cuando están trabajando, me preguntó: "Bueno, y esto ¿cómo se va a liquidar?". Habían valorado el coste del armamento pedido. El total era, si mal no recuerdo, ciento tres millones de dólares.

(...) Hablaron entre ellos algo que no me tradujo la intérprete, consultaron unos papeles y Vorichílov me dijo: "Al Gobierno español le queda en la URSS un saldo de... (no recuerdo la cifra exacta, pero no llegaba a cien mil dólares), de modo que tenemos que buscar una solución para encontrar la diferencia. Mañana hablará usted con el ministro de Comercio, camarada Mikoyán, para ultimar este asunto."

(...) La solución acordada era la siguiente: el Gobierno soviético hacía un empréstito a la República Española por la cantidad que importaba el armamento. Este empréstito tenía como única garantía mi firma. Es decir, que sólo con mi firma, la URSS facilitó a España, cuando ya la guerra estaba casi perdida, más de cien millones de dólares. Nunca había pensado que mi crédito fuera tan grande.

Yo regresé inmediatamente a España (...) El material fue embarcado en Murmansk en siete buques soviéticos que salieron de allí con dirección a puertos franceses. Los dos primeros llegaron a Burdeos con tiempo suficiente para que nuestro Ejército hubiera podido aprovechar el armamento que llevaban. Pero el gobierno francés, poniendo toda clase de dificultades, retrasó hasta el último momento el traslado de dicho armamento a través de Francia. Cuando empezó a llegar a Cataluña ya era tarde. Ya no teníamos aeródromos donde montar los aviones ni terreno para defendernos.

Si el gobierno de París hubiese facilitado el traslado por Francia del armamento que nos mandaba la URSS, la suerte de Cataluña podría haber cambiado. Con aquel armamento habríamos podido resistir varios meses y, en las condiciones internacionales por las que estaba pasando Europa, tal resistencia podría haber sido fatal para los planes fascistas.

Era impresionante ver en Cataluña decenas de batallones, al completo de personal y mandos, que habían sido instruidos con cañones y ametralladoras viejos y que esperaban con ansia la llegada del armamento para entrar en línea y defender nuestro territorio.

Nuestra desesperación era inenarrable, sabiendo que aquel esperado material había llegado ya a un puerto francés, que podíamos tenerlo en nuestras manos en pocas horas y, viendo que pasaban los días, que los fascistas iban apoderándose de nuestra tierra y que las autoridades francesas retrasaban y retrasaban con toda premeditación el permiso de tránsito. Estaban protegiendo descaradamente al fascismo que no mucho meses después se apoderaría de su propio país.

 

Transcripción para La Insignia: J.G.

 

Portada | Mapa del sitio | La Insignia | Colaboraciones | Proyecto | Buscador | RSS | Correo | Enlaces