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La insignia
22 de octubre del 2006


Legs McNeil y la historia oral del porno


Marta Peirano
La petite Claudine, octubre del 2006.



Entrevistan a Legs McNeil en L.A. City Beat (thanks S) acerca de la elaboración de su historia oral del porno. De él dice Den Kuipers que "no se puede dejar", pero eso es decir poco:

John Waters: Desde mi punto de vista, el porno se legalizó en 1969, el dia que proyectaron Pornography in Denmark en un cine comercial de Nueva York y no apareció la policía. Variety puede confirmarlo. Yo hice dedo desde Provincetown, Massachussetts, todo el camino hasta Nueva York para verla porque sabía que era un momento histórico. Pornography in Denmark toreó a la Ley porque se trataba de una "documental serio", ¿sabes? Se suponía que traía "redención social", pero había penetración. Eso abrió las puertas para a otras películas como SEX U.S.A. y, con el tiempo, Deep Throat. Era una cosa seria porque después de aquello no había vuelta atrás.

Ese fue el dia que se acabaron las "explotation", del mismo modo que Andy Warhol acabó con el expresionismo abstracto en una noche con una lata de sopa, del mismo modo que los Beatles acabaron con el Rhythm and Blues en una noche en el show de Ed Sullivan.

El libro no empieza aquí pero, desde aquí (la entrada del capítilo II) se convierte en lectura compulsiva. Sin más hilo argumental que la cadena de declaraciones de sus protagonistas, frases de promoción de las películas, titulares de periódcos, entrevistas, etc, The Other Hollywood viaja de las primeras fotos y películas nudistas de los 50 y 60 a la industria supermillonaria donde reina Jenna Jameson a finales de los 90. Hay múltiples historias y cada historia es fascinante. Está la de Deepthroat, Linda Lovelace, su marido-chulo-representante y sus productores, la familia Peraino (familia con la que, sobra decirlo, no tengo, ni relación, ni parentesco alguno) cuya interminable persecución policial y el equipo del FBI que la llevó a cabo es una de las espinas dorsales del libro.

Está Reuben Sturman y su idea millonaria de colocar cabinas a monedas, la llegada de la barra vertical y la freak de Annie Sprinkle qu sólo quería follar, todo el tiempo, cuanto más mejor. Hay un episodio de alta comedia donde Marilyn Chambers, la primera superestrella del género, les cuenta a sus productores de su primera película -Behind the Green Door- que su cara está a punto de colonizar todos los supermercados del pais montada en las pastillas de jabón Ivory Snow de Procter&Gamble sujetando un bebé. Esta es probablemente la primera y última vez que podemos mirar a la industria con cierto romanticismo.

Como ocurrió con la movida madrileña, la mala droga y el sida acabaron con la diversión, el VHS acabó con las pretensiones artísticas y todo esto dió paso a la malhadada y un poco patética historia de John Holmes. Y eso que al nacer, además del regalo que todos conocemos de sobra, a Holmes le dieron al menos ciento cincuenta puntos de karma extra por equivocación. La colección de informes policiales, titulares de los periódicos y comentarios de starletts, técnicos y los agentes de policía encargados del caso Wonderland y el propio Holmes provoca la misma clase de sudores fríos que A sangre fría, la novela-documental de Truman Capote. Eso, y muchos flashbacks a Boogie Nights.

Le siguen el principio de un desgraciado romance entre los recién llegados y Hollywood, la jugada maestra de la adolescente Tracy Lords, la superpro de Ginger Lynn, Ron Jeremy, los famosos suicidios de Shauna Grant y Savannah, la nueva ola feminista, el proceso de plastificación y mecanización del negocio a manos del chapucero de Marc Carriere, el fraticidio de los hermanos Mitchell y, en un ejercicio circense tipo "¡más difícil todavía!", la sorprendente introducción de John Wayne Bobbit en el mundo del sexo profesional. Aparentemente, Bobbit -cuyo nombre despertará más recuerdos pegado al de su ex-mujer, Lorena- quería demostrar que, aun después de la experiencia que traumatizó al menos a tres generaciones de hombres, estaba en forma para Janine Lindemulder, y lo que mandara el director.

The Other Hollywood es un gran libro. Es lo que, en círculos pijoacadémicos se llamaría un trabajo interdisciplinario porque la historia que quiere contar es tan inseparable de su contexto que, sin intención, explica buena parte de la cultura popular de los ochenta y los noventa. Y es muy emocionante. Sin que sepa explicar por qué, todo en este libro resulta cercano; quizá porque McNeil, Peter Pavia y Jennifer Osborne son unos genios, quizá porque todos somos un poco hijos de los primeros pornófilos, aunque los recuerdos estén enterrados en lo más oscurio de nuestra tierna infancia.


Más información: That Old Feeling: When Porno Was Chic



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