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| 10 de mayo del 2006 |
Nunca de clásicos tan bien servidos (I)
Victoria Fernández (1)
Pues, efectivamente, 2005 fue, tal y como estaba previsto, un año con marcado acento literario. La celebración del IV Centenario de la publicación de la primera parte del Quijote, del Bicentenario de Hans Christian Andersen y del Centenario de Julio Verne, por una parte, así como la presencia de España como país invitado en la Feria del Libro de Bolonia (Italia) y la celebración del Any del Llibre i la Lectura en Barcelona, fueron los eventos que motivaron una inusual presencia del libro en la vida cotidiana de los españoles. Una presencia que en algún momento llegó a resultar abrumadora (¡quién lo iba a decir!), sobre todo porque, ya mediado el año, comenzó a imponerse una cierta sensación de repetición y una cierta fatiga ante las enésimas ediciones conmemorativas especiales, exposiciones, lecturas públicas, actividades escolares, congresos, jornadas, conferencias… que proliferaron en todas las Comunidades Autónomas, haciendo buena una frase que alguien -seguramente un político en pleno debate sobre el Estatuto de Cataluña-, dijo muy oportunamente: "en España tenemos que aprender a multiplicar por 17".
Y así, multiplicando, multiplicando, podríamos llegar a hablar de cifras millonarias -una afición tan de esta época-, entre extraordinarias tiradas de ejemplares (prácticamente, un título nuevo cada día del año de quijotes, andersens y vernes), continuas convocatorias de actos (sólo el Año del Libro catalán convocó unas 1.900), masivas respuestas del público, incontables páginas de prensa, horas de radio, e incluso abundantes minutos de oro televisivo… y, naturalmente, millones de euros en los presupuestos especiales habilitados al efecto, tanto desde las instituciones públicas como desde la empresa privada. Un éxito, sin duda, del que no cabe más que alegrarse, sobre todo porque, tras la brillante fachada y los inevitables oportunismos, hubo mucho y buen trabajo, se transmitió entusiasmo por el libro y la lectura y se reactivó el debate sobre la importancia de la lectura de los clásicos. Este tema es siempre recurrente pero últimamente estaba algo olvidado, lo cual ha originado en el sector del libro infantil y juvenil una interesante y notable puesta al día de la bibliografía del Quijote y de Andersen, y bastante menor de las ediciones de Verne. A finales de 2004 ya se habían hecho públicas las principales líneas de actuación del "Año", tanto desde el Ministerio de Cultura como desde las diferentes Comunidades Autónomas, y aparecieron las primeras ediciones conmemorativas, como el Quijote "popular" de Alfaguara y los Cuentos completos de Andersen, de Anaya, que junto a otra veintena de títulos (ver el Anuario 2005) fueron los superventas navideños. Entre ellos, un quijote para pequeños, Pictogramas en la historia de Don Quijote de la Mancha, de Carlos Reviejo con ilustraciones de Javier Zabala (SM), que se convertiría en la gran sorpresa del año al ser galardonado con una Mención de Honor de los Premios Bologna Ragazzi 2005, que concede anualmente la prestigiosa feria del libro infantil italiana. Este éxito internacional supuso el "descubrimiento" de Javier Zabala (León, 1962), un ilustrador no precisamente novel -sus primeros trabajos en infantil-juvenil datan de 1990-, pero con una bibliografía de anónimo "corredor de fondo", como tantos de sus competentes colegas. También ha supuesto el reconocimiento público, ya que fue galardonado con el Premio Nacional de Ilustración 2005. Concretamente, por otro libro de SM: El soldadito Salomón, una adaptación libre de El soldadito de plomo, de Andersen, escrita por Rocío Antón y Lola Núñez para la colección Ésta es Otra Historia. 1. Ilustración: Buen año para la profesión Las ediciones infantiles de ambos clásicos -Cervantes y Andersen- han venido a resaltar la excelencia de los profesionales de la ilustración españoles, algo ya sabido, repetido y demostrado (muchos de ellos trabajan habitualmente para Europa, Estados Unidos o Japón), pero que no acaba de encontrar cauces de desarrollo "en casa". Y así, a pesar de los pequeños avances que se vienen detectando en los últimos años en la edición del libro ilustrado, la mayoría de la producción sigue siendo extranjera y las posibilidades de nuestros ilustradores siguen estando bastante limitadas a los trabajos más alimenticios que creativos. Sin embargo, este año especial tenía que serlo también para ellos, y así, hubo movilización general entre lo mejor de la profesión -veteranos y emergentes- para satisfacer la demanda de unos editores dispuestos a "tirar la casa por la ventana" en honor a los clásicos. El resultado, excelente en su conjunto, dejó algunos títulos memorables como El Quijote contado a los niños/El Quixot explicat als infants ilustrado por Francesc Rovira y con texto de Rosa Navarro Durán (Edebé), quizás la mejor adaptación de las publicadas para lectores de 8-10 años, y Don Quijote de la Mancha/Don Quixot de la Manxa, ilustrado por Manuel Boix, otra adaptación, en este caso de Vicente Muñoz Puelles y para lectores medianos (Algar/Bromera). Ambos títulos han dado origen a dos nuevas colecciones de clásicos para niños, y han coincidido tanto en la elección de la segunda obra -Tirante el Blanco/Tirant lo Blanch- como en las fechas de lanzamiento (Navidad). En ambos casos repiten autores e ilustradores. Memorable también el trabajo de Pablo Auladell en Dulcinea y el Caballero Dormido, un sugerente relato de Gustavo Martín Garzo inspirado en la novela de Cervantes, que Edelvives publicó en su colección Ala Delta y posteriormente en una magnífica edición en formato álbum; el de Jesús Gabán en El libro de don Quijote para niños (Ediciones B); el de Juan Ramón Alonso en Don Quijote cabalga entre versos (Everest); el de Joma en El libro loco del Quijote (SM); el de Alicia Cañas en Aventuras de don Quijote y Sancho (Bruño); el de Ambrus en Don Quijote de la Mancha (Vicens Vives), y el de Jordi Vila Delclós en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (Anaya). Y podríamos seguir añadiendo nombres a la lista, como los de Roser Capdevila, Nivio López Vigil, Federico Delicado, Xan López Domínguez, Subi, Margarita Menéndez, Mikel Valverde… Sin olvidar dos oportunas recuperaciones: la de Montse Ginesta, en Don Quijote/Don Quixot, la celebrada adaptación de José Luis Giménez Frontín (La Galera), y la de José Ramón Sánchez, en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, la modélica edición del clásico de Ángel Basanta (Anaya), ambas publicadas por primera vez en 1993. Algo similar, aunque en menor medida porque había más disponibilidad de materiales extranjeros, ocurrió con las ediciones de Andersen, en las que Anaya, gracias a la especial sensibilidad de su editor, Antonio Ventura, hacia el mundo de la ilustración, consiguió reunir a un brillante conjunto de ilustradores en dos espléndidas ediciones conmemorativas: la de los Cuentos completos, cuyos cuatro volúmenes estuvieron a cargo de Elena Odriozola, Javier Sáez Castán, Carmen Segovia y Pablo Auladell, y la de 6 Premios Nacionales ilustran Andersen, un estuche con seis cuentos del autor danés -algunos poco conocidos como En el cuarto de los niños, Los novios, Los Saltarines o Hans el Patán-, en formato mini e ilustrados por Pablo Amargo, Isidro Ferrer, Montse Ginesta, Gusti, Luis de Horna y Max, todos ellos Premios Nacionales de Ilustración. Con el mismo formato mini SM editó Hans Christian Andersen contado por Gustavo Martín Garzo, un estuche con tres pequeños libros ilustrados, en los que el autor vallisoletano, Premio Nacional de LIJ 2004, ofrece sus particulares versiones de Los cisnes salvajes, El patito feo y La princesa y el guisante, ilustradas, respectivamente, por Ajúbel, Antonio Santos y Pablo Amargo. Amargo, Premio Nacional de Ilustración 2004, fue galardonado por este trabajo con una de las Placas de la Bienal de Bratislava. Junto a todos ellos, cabe destacar la edición de Cuentos de Andersen ilustrados por el alemán Nikolaus Heidelbach (Círculo de Lectores/Galaxia Guteberg) y la graciosa adaptación para pequeños de El traje nuevo del emperador, protagonizada por animales e ilustrada por Allison Jay (Alfaguara), además de algunas reediciones y recuperaciones como el clásico Cuentos de Andersen, ilustrados por Arthur Rackham, que Juventud mantiene en su catálogo desde 1933; los Cuentos de Andersen ilustrados por la austriaca Lisbeth Zwerger, galardonado con una Mención de Honor de los BolognaRagazzi en 1992 (Gaviota); El libro de los cuentos de Andersen, adaptados e ilustrados por la maestra de ilustradores catalana Mercè Llimona (Ediciones B); la colección Cuentos de Hadas, en la que destaca Los cisnes salvajes, con ilustraciones de Juan Ramón Alonso, y la serie "Cuentos de Andersen", firmados por Anastassija Archipowa en la colección Rascacielos (ambas en Everest) y, finalmente, la nueva edición de El cuento de mi vida (Ediciones de la Torre), una de las varias autobiografías que escribió el propio Andersen, con traducción e introducción de María Pilar Lorenzo. En cuanto al tercer centenario del año, el de Verne, que no tuvo gran repercusión ni en los medios ni en la edición -la obra de Verne es una presencia continua en los catálogos, no en vano es una de las más leídas de la historia de la literatura, ahora con permiso de Harry Potter-, cabe destacar, como única edición conmemorativa importante la de Anaya, Jules Verne, un estuche para regalo con cuatro novelas de la serie Viajes Extraordinarios -Cinco semanas en globo, Viaje al centro de la Tierra, La vuelta al mundo en 80 días y Miguel Strogoff-, con buenas traducciones, interesantes prólogos y apéndices a cargo de especialistas, y también cuidadosamente ilustradas por Gabriel Hernández, Pere Ginard, Pablo Torrecilla y Raúl R. Allén, respectivamente. 1.1. De Bolonia a Alicante Los ilustradores tuvieron también un protagonismo especial en la Feria del Libro de Bolonia, donde España fue el país invitado, y donde, además de dos interesantes exposiciones bibliográficas, una sobre los últimos 25 años de LIJ española, y otra sobre las ediciones infantiles del Quijote desde 1856, se organizaron otras dos atractivas exposiciones de ilustración, "Ilustrísimos" y "Miradas en torno al Quijote", patrocinadas ambas por el Ministerio de Cultura. Dos exposiciones que sirvieron para mostrar el pasado reciente, la actualidad y el futuro inmediato de un colectivo brillante, creativo y en plena fase de renovación (el relevo generacional del que comenzó a hablarse hace tres o cuatro años es ya un hecho), que es, en definitiva, el responsable de esa imagen moderna y de calidad que internacionalmente se le reconoce a la edición infantil española. La exposición de "Miradas…", con obra original sobre la novela de Cervantes, reunió a un total de 24 ilustradores, todos ellos galardonados con el Premio Nacional de Ilustración, y permitía apreciar lo que ha sido -y sigue siendo- hasta ahora la ilustración en España. "Ilustrísimos", por su parte, en cuya organización colaboró la Federación de Asociaciones de Ilustradores Profesionales (FADIP), y que fue coordinada por el dibujante Carlos Ortín, presentaba la obra en papel de 29 ilustradores y la de otros 44 en formato digital, y apostaba claramente por la experimentación y las nuevas tendencias. En conjunto, un completo y atractivo panorama, con "secuelas" interesantes: la polémica sobre fondo y forma, sobre la función de la ilustración en los libros para niños y sobre la adecuación y legibilidad de los nuevos estilos, está servida. Por otra parte, la ilustración parece haber encontrado un nuevo punto de referencia en Alicante, donde desde hace cinco años se convoca el Certamen Internacional de Álbum Ilustrado "Ciudad de Alicante". El Premio, que patrocina el Ayuntamiento alicantino en colaboración con Anaya, y que este año fue para Ramón Trigo, por Casa vacía (Federico Delicado con El petirrojo se llevó el segundo premio), celebró su quinto aniversario con voluntad de consolidación, organizando el I Salón del Libro Infantil Ilustrado. Entra las actividades organizadas destacaron las Jornadas sobre el Libro Ilustrado, que inauguraron y clausuraron Teresa Duran y el ilustrador Miguel Calatayud, respectivamente, y la exposición "Comer, comer: ilustraciones y propuestas para chuparse los dedos", diseñada por A Mano Cultura. Con este motivo, Anaya editó el estuche Los álbumes de Sopa de Libros con los diez álbumes ganadores (el certamen otorga un primer y segundo premios) de las cinco convocatorias en formato mini: Mermelada de fresa, de Daniel Nesquens y Fino Lorenzo, y De puntillas, de Antonia Rodenas y Rafael Vivas (2001); Sombras de manos, de Vicente Muñoz Puelles y Elisa Arguilé, y Libro de lágrimas, de Pere Ginard (2002); Mar de sábanas, de Pablo Pérez y Pablo Auladell, y La mujer que cocinaba palabras, de Catalina González Vilar y Pablo Alabau Marqués (2003); ¡Ay!, de Victoria Pérez Escrivá y Claudia Ranucci, y Mitsu y Lala, de Carmen Segovia (2004), además de los títulos premiados este año. Por su parte, SM publicó el álbum ganador de su Premio Internacional de Ilustración Fundación Santa María, Paula en Nueva York, de Mikel Valverde; el Premio Lazarillo, en su modalidad de ilustración fue para Manolo Hidalgo por La casita de chocolate, aún sin editor, y el Premio Llibreter, de los Gremios de libreros catalanes recayó en Volem que tornin les vaques boges! (¡Que vuelvan las vacas locas! ), de Carles Arbat, en la cuidada colección Libros Muy Ilustrados, de Diálogo, que este año ha llegado a su octavo título con Tres viatges (Tres viajes), de Jordi Botella con ilustraciones de Miguel Calatayud.. 2. Otras iniciativas del año Además de la edición, el Año fue generoso en actividades. Muchos de los encuentros y salones del libro habituales estuvieron dedicados a los dos grandes clásicos, como el XVIII Salón del Libro Infantil y Juvenil de Almería que organizó ALIN (Asociación de Amigos del Libro Infantil) bajo el lema "Anderseando. Va de cuentos", con dos exposiciones dedicadas al autor danés: "Hans Christian Andersen: una vida de cuento", en colaboración con la editorial Everest, y "Andersen, otras miradas", en colaboración con el alumnado de la Escuela de Artes y Oficios de Almería; el VI Salón do Libro Infantil e Xuvenil de Pontevedra, que lo hizo bajo el lema "Un reencuentro con los clásicos", o las XIX Jornadas de Animación a la lectura de Arenas de San Pedro que, pese a un inesperado desencuentro entre el equipo de trabajo dirigido por Federico Martín Nebras y los patrocinadores, lo cual hace temer por su continuidad, se llevaron a cabo con el título "Los sueños de dos grandes: Andersen y Don Quijote". Por su parte, el XI Simposio sobre Literatura Infantil y Lectura de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez estuvo dedicado a reflexionar sobre la lectura de los clásicos, y con el título "En torno al Quijote. Lectura, escuela e infancia", reunió en Madrid a medio centenar de profesores y especialistas en LIJ, y a un interesante plantel de conferenciantes, como Francisco Jarauta, Carmen Iglesias, Teresa Colomer, María Victoria Sotomayor, Ángel Basanta, y Emili Teixidor, entre otros. La Biblioteca Nacional programó diversas exposiciones y actividades, entre las que cabe destacar los talleres infantiles y juveniles como el de ilustración, cómic y dibujos animados "Pintando la Mancha"; los conciertos, como "Músicas del Quijote", y las sesiones de cuentacuentos, títeres y teatro. Finalmente, el Año del Libro y la Lectura de Barcelona organizó dos de las más importantes y visitadas exposiciones del "Año": la dedicada a Verne, y "Personatge a la vista! Llibres que fan lectors" ("¡Personaje a la vista! Libros que hacen lectores"). Comisionada por la experta en LIJ Teresa Duran, la muestra proponía, mucho más allá de un simple paseo por el atractivo mundo de los personajes clásicos de la LIJ, un sugerente y original recorrido por las distintas etapas del proceso lector. Además, durante el fin de semana previo al largo Sant Jordi 2005 (nueve días), se convocó una nueva actividad para niños, "Món Llibre" ("Mundo Libro"), una especie de salón del libro infantil de primavera, con actividades, juegos, exposiciones y encuentros con autores e ilustradores, que tuvo una gran acogida de público y que el Ayuntamiento barcelonés, con sus socios en la aventura -los editores de infantil catalanes y el Consell Català del Llibre Infantil, con su nueva presidenta, Marta Vilagut, a la cabeza- ha decidido seguir celebrando anualmente. 3. El compromiso institucional El tono festivo y el entusiasmo general por las celebraciones, no ocultó en ningún momento el malestar y la preocupación, tanto en el sector editorial como en el ámbito educativo, por la lentitud de gestión de tantos temas urgentes acumulados. La falta de leyes reguladoras, la gratuidad de los libros de texto o los bajos índices de lectura, para unos; el informe PISA, las bibliotecas escolares o la formación del profesorado, para otros; y para todos la aprobación de la LOE, cuyo largo y bronco debate no contribuyó precisamente a calmar los ánimos, fueron el telón de fondo del año del Quijote. Pero se estaba trabajando en ello. En abril, se hizo público un informe del Ministerio de Cultura en el que se daba cuenta de la evolución de las principales iniciativas del Gobierno relativas a la promoción y el fomento del libro y la lectura que se van a desarrollar en la presente legislatura: el Proyecto de Ley General del Libro y de Promoción de la Lectura, la puesta en marcha del Observatorio del Libro y la Lectura, y el plan de actuación conjunto de los Ministerios de Educación y de Cultura con las Comunidades Autónomas para la implantación de las bibliotecas escolares en todo el territorio español. El anuncio de abril propició el optimismo, pero a finales de mayo, en la Feria del Libro del Madrid, se lanzó el manifiesto Por el libro, por las librerías y por una educación de calidad con libros, firmado por las principales asociaciones profesionales de sector, en protesta por los escasos avances en el tratamiento de "su" problemática, y en el que se expresaba, concretamente, la decepción por la inclusión de las bibliotecas escolares en el anteproyecto de la LOE sin dotación presupuestaria. Y con esta incertidumbre, pese a las promesas de que "se estaba trabajando en la buena dirección", llegó el verano y después el comienzo de curso. Sin duda las promesas no eran vanas, y el trabajo interno fue duro. Y aunque estas cosas no trascienden a la opinión pública, quienes han participado dicen que hacía mucho tiempo que en los ministerios, consejerías, parlamentos y grupos políticos, no se había trabajado tanto… En octubre se hizo público el esperado informe Las bibliotecas escolares en España. Análisis y recomendaciones, de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, realizado por el IDEA. Un espléndido trabajo en el que, al análisis demoledor de una situación que ya se sabía insostenible, se acompaña una propuesta en positivo, concreta y realizable, que señala las líneas maestras para abordar, eficazmente, la implantación de las bibliotecas escolares en toda España... practicando la "multiplicación por 17", ya que las competencias en Educación y Cultura están transferidas a las Comunidades Autónomas. También en octubre, la ministra de Cultura presentó el Plan de Fomento de la Lectura 2005-2006, que en la línea continuista del año anterior pretende una mayor incidencia en el ámbito escolar y familiar, y en colectivos como la tercera edad, población reclusa e inmigrantes, no considerados prioritarios hasta ahora en el fomento de la lectura. Finalmente, en noviembre, el Consejo de Ministros aprobó un Acuerdo con las Comunidades Autónomas para impulsar las bibliotecas escolares, con un presupuesto de 25 millones de euros a cargo del Ministerio de Educación, y con el compromiso de las Comunidades de aportar otros 25 millones en los próximos tres años. Y además, el Ministerio de Educación y el de Cultura han decidido coordinarse para promover conjuntamente un plan integral para el Fomento de la Lectura, tanto en los centros escolares como entre la población en general, para lo cual se han introducido enmiendas en el proyecto de la LOE y, esta vez sí, también en los Presupuestos Generales del Estado de 2006, que instan a dedicar un tiempo de lectura en todas las materias, a desarrollar las bibliotecas escolares y a poner en marcha planes de animación en los centros, así como a aumentar las colecciones de las bibliotecas públicas del Estado en las Comunidades Autónomas para incentivar el hábito de la lectura en toda la población. El proceso, largo y complicado, parece haber entrado en una buena fase. El primer paso se ha dado. Datos, estrategias y dinero, hay. Voluntad política y eficacia gestora, multiplicadas por 17, se verá.
Notas
(1) Victoria Fernández es especialista en Literatura Infantil y Juvenil. Es directora de la revista CLIJ y colabora habitualmente en las secciones de literatura para niños y jóvenes de varios medios.
(*) El presente texto, publicado originalmente en el Anuario sobre el libro infantil y juvenil 2006, se reproduce en La Insignia por cortesía de Ediciones SM, de España.
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