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La insignia
10 de marzo del 2006


La inserción en un mercado de trabajo fuertemente precarizado

Ecuatorianos en España (III)


__Especial__
Emigración
Walter Actis (*)
Edición para Internet: La Insignia, marzo del 2006.

Del libro La migración ecuatoriana
Editoras: Gioconda Herrera, María Cristina Carrillo y Alicia Torres
Pedidos: Flacso


Temporalidad y categoría ocupacional

Más de la mitad de los hombres y mujeres ecuatorianos con empleo regular, obtuvieron su primer empleo en el año 2001 o con anterioridad. Sin embargo, en su ocupación actual, más del 60% sólo tiene un año de antigüedad (desde 2003) o menos. Estas cifras dan una idea de la fuerte temporalidad del empleo de "mejor calidad": el que se obtiene en condiciones de plena regularidad (con permiso y contrato de trabajo).

Aunque, como vimos, la temporalidad es una característica básica de la estructura ocupacional española, los trabajadores ecuatorianos se ven más afectados que otros grupos por esta circunstancia. Entre los inmigrantes, sólo los procedentes de África tienen una tasa superior de contratos temporales (el 72% de los afiliados al régimen general -11-). Los ecuatorianos (68%) superan al conjunto de latinoamericanos (66%) y europeos no comunitarios (65%) y, con bastante diferencia, a asiáticos y europeos comunitarios (49% cada uno).

La duración del contrato de trabajo no constituye, por sí misma, un indicador absoluto de la posición social de los trabajadores. En teoría, es perfectamente posible encontrar ocupaciones fijas de muy baja calidad frente a otras de carácter temporal pero con buenas condiciones laborales, salariales y de promoción. Sin embargo en la práctica, al menos en España, la "flexibilidad" va casi siempre asociada a la precariedad y al empleo en las categorías laborales más bajas. Los perfiles ocupacionales correlacionan con los índices de temporalidad que hemos citado. Así, los trabajadores africanos son los que más habitualmente desempeñan ocupaciones no calificadas (52%), seguidos por los ecuatorianos (45%), el conjunto de latinoamericanos y asiáticos (en torno al 35%), mientras que los índices más bajos corresponden a los asiáticos (28%) y europeos comunitarios (12%); estos últimos presentan mejor situación que la mano de obra autóctona (16%). El orden inverso se registra si analizamos los empleos de carácter técnico-profesional o que tienen responsabilidades de mando (jefes y ayudantes de éstos).

Algo similar ocurre con los empleos de tipo administrativo, aunque en este caso la posición de los latinoamericanos sea mejor que la de asiáticos y europeos no comunitarios; los trabajadores de Ecuador tienen un porcentaje similar (11%) al de este último grupo, aunque con más peso de los empleos administrativos menos calificados (categorías auxiliares). Las dos categorías restantes de trabajo manual tienen un peso similar para todos los grupos (en torno al 20% cada una) con pocas excepciones: los oficiales de 1ª y 2ª categoría ascienden al 29% entre europeos no comunitarios y los oficiales de 3ª y trabajadores especialistas al 29% en el caso de los asiáticos y por debajo del 15% entre españoles y europeos comunitarios.

En resumen, la pirámide ocupacional de los trabajadores ecuatorianos presenta un perfil fuertemente lastrado hacia las categorías ocupacionales inferiores. Sólo los trabajadores africanos presentan una situación más precaria. Habida cuenta de estos resultados y del menor tiempo de estancia de europeos del Este y ecuatorianos en España puede establecerse la siguiente conclusión provisional (a falta de contar con una perspectiva temporal más amplia): los nuevos flujos de emigración laboral, procedentes de las dos zonas mencionadas, en su mayor parte, encuentran su inserción en empleos con fuertes componentes de temporalidad y baja calificación. Sin embargo, los europeos del Este registran una inserción general mejor que la de los ecuatorianos (teniendo antigüedades similares) y ambos superan a los africanos (radicados hace más tiempo en España). Este cuadro parece apuntar hacia una segmentación étnica jerarquizada entre los tres grupos. Dicha segmentación obedecería antes a criterios "extralaborales" (prejuicios de los empleadores, preferencias de las autoridades, etc.), que a factores de calificación o experiencia laboral.

Otros rasgos de segmentación parecen anunciarse dentro del propio colectivo ecuatoriano, en función del sexo de los trabajadores.

Las dos categorías inferiores son ampliamente dominantes, aunque tienen algo más de peso entre los varones (68,9% frente a 65,1%). En el otro extremo de la escala predominan las mujeres, especialmente en los empleos de tipo administrativo y particularmente en los de carácter auxiliar. En cambio, los hombres destacan en la categoría de trabajo manual más elevada (oficiales de 1ª y 2ª), posiblemente por efecto de su inserción particular en el sector de la construcción.


Características estructurales de los sectores con más empleo inmigrante

Al igual que los principales grupos de inmigrantes no comunitarios, los trabajadores ecuatorianos obtienen empleo preferentemente en unas pocas ramas de actividad: la construcción, el servicio doméstico y los cuidados personales (enfermos, ancianos, niños), la agricultura, la hostelería (bares, restaurantes, etc.) y el sector de los servicios sexuales. Exceptuando el último sector, para el que no existen datos debido a su carácter ilegal (12), podemos analizar la evolución cuantitativa del empleo durante la última década. Adjudicando al volumen de ocupación para 1994 el valor 100, vemos que en la construcción se registró el mayor incremento de ocupación (índice 195 en 2004), seguida por la hostelería (157). En estas dos ramas, el crecimiento superó al experimentado por el conjunto del empleo (141). En cambio, el servicio doméstico registró un incremento inferior (131) mientras que en la agricultura se registró un descenso importante (77). Estas tendencias se inician, o se acentúan, a partir de 1998, precisamente el período de mayor inmigración extranjera en el país.

Por tanto, se puede afirmar que el aporte migratorio se incorpora a tres actividades en las que el empleo crece (construcción, hostelería y servicio doméstico) y a otra que está en retroceso (agricultura) (13). Aunque las fuentes disponibles no permiten establecer la importancia del aporte migratorio, parece evidente que se registra un proceso inverso entre autóctonos y extranjeros en la agricultura (los primeros salen mientras los segundos entran) y, en menor medida, en el servicio doméstico (la mano de obra española no crece y parece disminuir lentamente: el nuevo empleo se genera casi exclusivamente con base en trabajadores extranjeros). En cambio, en construcción y hostelería los inmigrantes se suman a sectores en los que no deja de aumentar el empleo de los autóctonos.

Además de los cambios cuantitativos, se han registrado algunas modificaciones en la distribución de los puestos de trabajo según categorías. El caso más destacado lo constituye la agricultura, donde el empleo no calificado incrementó su importancia del 19% al 28%. En la hostelería ha aumentado la importancia de los empleos no calificados (de 9% a 11%) pero también la de los calificados de carácter manual (53% a 59%). En la construcción, el gran crecimiento de empleo no ha alterado las proporciones entre empleos manuales calificados y no calificados. Por tanto, las "oportunidades de empleo" en estas ramas se restringen casi exclusivamente a ocupaciones de carácter manual (no administrativas, de gestión, técnicas o directivas). Mientras que en la agricultura se expanden sólo los puestos de la categoría inferior, en los demás sectores existen -en principio- posibilidades de movilidad ocupacional ascendente, en la medida en que se han incrementado tanto los empleos sin calificación como los de la categoría de oficiales. Conviene, además, retener algunas de las principales características estructurales (independientes de la nacionalidad de los trabajadores) del empleo en estas actividades, que se caracterizan por sus elevados niveles de precariedad (ver cuadro 1).


Notas

(11) En estas cifras no se incluyen los trabajadores agrarios ni los del servicio doméstico; de hacerlo, los índices de temporalidad se elevarían, puesto que en el campo la norma es el empleo de duración restringida, mientras que en el servicio doméstico, la facilidad del despido hace que -en la práctica- todo vínculo laboral esté condicionado a la discrecionalidad de los empleadores.
(12) La compra-venta de servicios sexuales no está penada en la legislación española (excepto si media coacción, tráfico, etc.), pero tampoco puede ejercerse de forma regular. Puede decirse que, por ley, se trata de un conjunto de actividades no prohibidas y no legalizables.
(13) Respecto a esta última conviene aclarar que la mayor pérdida de empleo corresponde a la agricultura tradicional de tipo familiar, en zonas de secano (pequeños propietarios que abandonan la explotación), en tanto que la mayor presencia de trabajadores inmigrantes se registra en las explotaciones de regadío dirigidas a la exportación (basadas en uso intensivo de mano de obra).



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