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La insignia
20 de julio del 2006


La emigración internacional:
Un proceso ligado al neoliberalismo (III)


__Especial__
Emigración
Plan Migración, Comunicación y Desarrollo
ILDIS / La Insignia. Ecuador, julio del 2006.



3. La gran paradoja

La actual fase, a través de sus resultados, demuestra que se está frente a un proceso que integra y desintegra a nivel global, esto es que globaliza y desglobaliza simultáneamente.

Hay elementos que conforman una tendencia globalizante indiscutible, por ejemplo la fuerza internacional que tienen los grandes medios de comunicación. Hay problemas que se globalizan, por ejemplo el recalentamiento de la atmósfera o el deterioro de la capa de ozono. Y hay ciertos factores que también demuestran una clara tendencia globalizante, aunque su cristalización mundial resulta imposible, por ejemplo la difusión global de ciertos patrones de consumo, los cuales, en una pirueta de perversidad absoluta, se infiltran en el imaginario aún de aquellos grupos humanos sin capacidad para acceder a ese consumo. Además, la globalidad como meta, si se extrapola la tendencia global, resulta hasta imposible, pues, simplemente desde una perspectiva ecológica, es irrepetible a nivel mundial el estilo de vida de los países más ricos e incluso el de las elites más acomodadas en el mundo subdesarrollado.

Desde todas estas perspectivas resulta imposible negar la existencia de la "globalización" y tampoco es conveniente hacerlo. Sería como negar los terremotos, cuando ese no es el problema; todo el mundo está en contra de los terremotos, acota José María Tortosa, pero la verdadera decisión política no es negar su existencia, sino construir casas resistentes a los sismos y tener planes de seguridad civil.

El término "globalización", sin embargo, implica una diversidad de lecturas. Una de las cuales resulta preocupante, en tanto ha sido apropiada ideológicamente por el neoliberalismo para cobijar su desvalorizado instrumentario y sus irracionalidades prácticas, por demás necesarias para recrear la división internacional del trabajo en función del capital global y en especial para darle aliento a una economía financiera que ha subordinado a la actividad productiva. Proceso identificado ya por Xavier Gorostiaga en 1978, cuando demostró que "los centros financieros sólo adquieren su interpretación correcta y precisa dentro del fenómeno de globalización y transnacionalización de la economía capitalista" (3); una identificación oportuna que desbarata la ingenua interpretación que pretende ver a la "globalización" como un fenómeno reciente, propio del mundo empresarial o como un simple producto de los avances tecnológicos.

De todas maneras hay que reconocer que desde la perspectiva de que todo se globaliza -vendida por los defensores del "pensamiento único"-, la palabra globalización se ha convertido en un término de moda.

Según Franz Hinkelhammert, "la globalización nos dice que el mundo es un globo, y que lo es cada vez más. Desde hace mucho tiempo se sabe que el mundo es redondo. (…) El mundo se globalizó y se hizo más redondo de lo que ya era para Copérnico. Toda la historia posterior puede ser escrita como una historia de globalizaciones subsiguientes, que hicieron más redonda la tierra en el grado en que revelaron cada vez nuevas dimensiones de esta redondez" (4).

Entonces, siempre de la mano de Hinkelhammert, la "globalización era más bien una palabra marginal. Sin embargo, en nuestro tiempo designa una nueva etapa de esta redondez de la tierra, que se distingue de una manera completamente nueva de las anteriores. De una manera compulsiva esta vez, estamos tomando conciencia del hecho de que la tierra es un globo" (5). Y fue la explosión de la bomba atómica el hecho que confrontó al ser humano con una perspectiva global -una perspectiva global destructiva- en tanto apareció un arma capaz de poner en riesgo la vida de toda la humanidad. Una forma brutal de crear conciencia de globalidad de la vida humana.

Esta globalidad podría ser el punto de partida para darle un contenido diferente a otra globalización sin comillas, disputando, en definitiva, su significado y su orientación. Lewis Carroll sintetiza este empeño en palabras de Humpty Dumpty: "Cuando yo uso una palabra, esa palabra significa lo que yo quiero que signifique" (6). Eso lo saben hacer muy bien los que imponen las reglas del Juego Global (Tortosa).

Desde la vertiente pro "globalización", reflejada en la pretensión de forzar el proceso globalizante para no ser marginados por ella, se desemboca en una suerte de ilusión global, en un espejismo global. Pensar que la actual "globalización" va a beneficiar a todos los habitantes del planeta por igual es una quimera, menos aún cuando la "globalización" es instrumentada como una simple careta del neoliberalismo. En la etapa actual del capitalismo globalizante, se han intensificado tanto el comercio como las inversiones financieras entre países; proceso que se ha estructurado en torno a las empresas transnacionales, los grandes centros financieros y los principales organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial de Comercio. El poder económico de las transnacionales, con base en unos pocos Estados (fundamentalmente EEUU, la Unión Europea y Japón, China recién empieza a disputar espacios de hegemonía global), ha permitido la conformación de una nueva clase dominante, con carácter transnacional, capaz de tomar decisiones políticas y económicas que afectan a toda la humanidad.


4. Migración, expansión del comercio e inversiones

A lo largo del siglo XX el comercio internacional se aceleró progresivamente, como lo describen con claridad Carlos Pereda y Miguel Ángel de Prada. De un crecimiento anual del 4% en las primeras décadas, pasó a 6% en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y alcanzó el 7,5% anual a partir de 1985. Tal aceleración se vuelve aún más significativa si se considera que el crecimiento económico mundial por persona ha seguido un ritmo decreciente en los últimos 50 años: de un 4% anual en la década de los sesenta, pasó a un 2,4% en los setenta, luego a 1,3% en los ochenta y a un escaso 0,8% en los noventa.

La internacionalización productiva y comercial se llevó a cabo a través de transnacionales que experimentaron un gran crecimiento desde los años sesenta. El proceso se inició por parte de algunas grandes empresas de EEUU que decidieron invertir y montar filiales en otros países, gestionadas desde una matriz.

La desaceleración del ritmo de crecimiento de la economía mundial no ha afectado a estas empresas, cuya participación en el PIB mundial ha pasado del 17% en los sesenta, a más del 30% en los noventa.

Al iniciarse el siglo XXI el número de empresas transnacionales se estima en cerca de 50.000 y de ellas depende directamente el 70% del comercio mundial (entre la tercera parte y la mitad de éste consiste en transacciones internas entre las propias transnacionales). El volumen de operaciones de las compañías más grandes supera el presupuesto de la mayor parte de los Estados. Además, la forma de organización de las empresas transnacionales ya no se limita a crear filiales en otros países, sino que se utilizan otros mecanismos como franquicias, convenios de transmisión de tecnología o aprovisionamiento de productos, lo que permite mantener el control a través de la dependencia, sin ser propietarios.

La introducción de nuevas tecnologías, en especial en informática y telecomunicaciones, permite tomar decisiones de forma instantánea sobre los procesos de producción y comercialización en cualquier lugar del mundo. Gracias a tales adelantos, los costos de la información se han reducido sustancialmente: una llamada telefónica por minuto entre Europa y América ha pasado de 300 dólares en 1930 a 1 dólar en 1990 y a algunos centavos en la actualidad.

Internet se extiende rápidamente, pero de forma muy desigual, lo mismo que ocurre con la distribución de la comunidad científica internacional. De acuerdo a estimaciones de Naciones Unidas, al inicio del siglo XXI todavía la mitad de la población no ha realizado una llamada telefónica; incluso hay estudios que dicen que al finalizar el presente siglo un 50% de los habitantes del planeta no tendrá todavía acceso a la Internet... Esta distribución tan disímil es lo que se denomina la brecha digital. Por otro lado, cuando los grandes capitales dirigen la inversión productiva hacia la periferia o la semiperiferia (como las llamadas "zonas francas"), se produce la ya mencionada deslocalización industrial. Las transnacionales aprovechan los salarios más bajos de países de la periferia y las facilidades que dan sus gobiernos en materia fiscal y de control ambiental.

Sin embargo, como subraya Miren Etxezarreta "el que las empresas transnacionales inviertan en el mundo entero no quiere decir que las condiciones del mundo se igualen. Al contrario, se trata de aprovecharse de la diferencia. Y los países pobres siguen siendo pobres (con algunas pocas excepciones que crecen) y los ricos mucho más ricos. Y en todos los países los propietarios de los grandes capitales son cada día más ricos y hay cada día más pobres" (7). Además, mediante la deslocalización, las compañías transnacionales utilizan la amenaza de instalarse en otro país para que los trabajadores de los países de la periferia se hagan la competencia entre sí, y acepten las condiciones que les imponen las empresas.

La flexibilización laboral ha ido ganando terreno en todos los países desarrollados, con momentos de mayor intensidad como la etapa del presidente Ronald Reagan en EEUU, o de la primera ministra Margareth Thatcher en Gran Bretaña. Esto ha coincidido con la crisis del Estado keynesiano y la instauración de un modelo neoliberal de relaciones laborales; lo que, en la práctica, se traduce en continuas reformas legislativas que tienden a flexibilizar a la baja las condiciones de trabajo: incremento de los contratos temporales (cada vez de más corta duración), despido libre o muy barato, acceso más difícil y menor cobertura de las prestaciones por desempleo y jubilación, medidas encaminadas a privatizar y encarecer la educación, las pensiones, etc. En los países subdesarrollados este tema de la "flexibilización" laboral es más complejo, en medio de estructuras sociales carentes de mecanismos de protección social y laboral, que mal o bien todavía funcionan en los desarrollados.

Las inversiones transnacionales han experimentado un crecimiento mucho mayor que el comercio, sobre todo después de la desregulación financiera que tuvo lugar en los años setenta. Hasta entonces las transferencias de dinero entre países estaban controladas por sus respectivos bancos centrales que limitaban las inversiones financieras en el exterior. Pero entre 1971 y 1973, se puso fin al sistema monetario de cambios fijos establecido en Bretton Woods, dejando flotar libremente las monedas y facilitando su circulación.

De este modo, la proporción de capitales foráneos en los mercados financieros pasó del 5% en 1960 al 40% a comienzos de los noventa, con tendencia a seguir creciendo.

Por otra parte, el capital invertido en valores y obligaciones de bolsa creció durante los noventa a un ritmo nueve veces mayor que la producción: mientras el PIB mundial entre 1990 y 1999 pasó de 22,2 a 29,2 billones de dólares (un aumento de 32%), el volumen de capital invertido en los mercados bursátiles pasó de 9,3 a 36,0 billones (un incremento de 287%). Al igual que las empresas transnacionales, los mercados de valores se concentran en algunos países, sobre todo en EEUU donde se ubicaba en 1999 el 46,2% de los fondos de valores de todo el mundo (fundamentalmente en la bolsa de Nueva York). Si al volumen de capitalización de EEUU se añade otros cuatro países (Japón, Gran Bretaña, Francia y Alemania), se alcanza el 75% del capital mundial invertido en bolsa.

Un punto crítico de los flujos financieros internacionales es el relativo a la deuda externa. En los últimos años los países de la periferia tuvieron que pagar anualmente unos 250.000 millones de dólares por servicio de la deuda, una cantidad cinco veces mayor de la que recibieron ese mismo año en Ayuda Oficial al Desarrollo (50.000 millones). Por otra parte, debido a los elevados intereses de los acreedores, se estima que entre 1982 e inicios del nuevo milenio los países del Sur han devuelto ya una cifra que es cuatro veces mayor de la percibida inicialmente.

Al inicio del siglo XXI, los efectos de las políticas de ajuste en la mayoría de los países de la periferia han sido menos que decepcionantes: la deuda se mantiene como un problema insoluble -y se sigue pagando-, el crecimiento es nulo o débil y siempre dependiente, el precio de muchas materias primas ha vuelto a caer bruscamente y, sobre todo, los incrementos que registrados en las exportaciones no se reflejan en una recuperación del producto y menos aún en una redistribución del ingreso, las desigualdades sociales y la pobreza al interior de los países subdesarrollados y entre éstos y los países centrales se han agudizado. Las relaciones de intercambio a nivel internacional enriquecen al centro y empobrecen a la periferia. En efecto, en las dos décadas en la que se han aplicado las políticas de ajuste estructural para reducir la deuda externa, los países pobres se han empobrecido cada vez más.

Otros efectos de la globalización neoliberal han sido las crisis financieras periódicas que han afectado a diversos países como México, los del sudeste asiático, Rusia, Turquía, Ecuador, Brasil, Argentina, Ecuador… Cuando los capitales salen del país, la confianza en el sistema financiero cae abruptamente, se reduce el crédito a las empresas y disminuye la producción. Los efectos sociales son: inflación disparada, crecimiento del desempleo, deterioro de los servicios sociales e incremento de las presiones migratorias.


5. Flujos humanos

Aunque no existen estadísticas fiables sobre el número de emigrantes que hay en el mundo, algunos organismos internacionales estiman que al iniciarse el siglo XXI, el número de personas que viven fuera del país donde nacieron alcanza entre los 150 y los 180 millones. Esta cifra corresponde tan sólo a un 2,5 o a un 3% de la población mundial (6.000 millones en el año 2000), proporción que es prácticamente igual a la representada por los 80 millones de emigrantes internacionales estimados al año 1970, cuando la población mundial era de 3.500 millones. Por tanto, en el cómputo global se trata de un fenómeno de alcances bastante limitados y se puede afirmar que desde el punto de vista cuantitativo la migración internacional es la excepción, no la regla, entre los grupos humanos.

Dicho de otro modo, si hay que investigar cuáles son las razones de los flujos internacionales de población, todavía es más necesario explicar por qué no se producen flujos mucho mayores, pues lo lógico sería -a primera vista- que estos flujos migratorios sean mucho mayores dadas las crecientes desigualdades entre los países, la aceleración de los flujos mercantiles y financieros, así como resultado de la globalización de los medios de comunicación.

Hay que resaltar el hecho de que los procesos migratorios internos son otro elemento que merece ser analizado con detenimiento, tanto para comprender mejor lo que sucede dentro de un país, como para tener mejores elementos de juicio al momento de estudiar las consecuencias de las migraciones internacionales.

La expansión del capital ha implicado, entre otras cosas, la quiebra paulatina de culturas económicas no capitalistas y el traslado forzoso o voluntario de trabajadores hacia sectores productivos para el capital. En muchas ocasiones, los flujos de población han seguido a las inversiones y éstas se han orientado hacia aquellos espacios y sectores donde podían obtener mayores beneficios. En otros casos, sin embargo, las inversiones han tenido el efecto contrario, como ocurre en la agricultura y el artesanado tradicional, sectores en los que la tecnificación del trabajo incrementa la productividad y da lugar a un excedente de mano de obra que se ve obligada a emigrar o bien a formar parte de la bolsa de "inactivos" y desempleados.

En el ámbito de las migraciones, siguiendo nuevamente a Carlos Pereda y Miguel Ángel de Prada, o consultando también en José Antonio Alonso (8), los Estados adoptan políticas de emigración e inmigración en función de cuál sea su posición e intereses dentro del sistema internacional. La creciente brecha estimula las condiciones que inducen a emigrar a muchas personas en países de la periferia (falta de oportunidades laborales, recurrentes crisis, inestabilidad, pérdida de futuro, pesimismo político, etc.), pero a la vez, se frena la inmigración en los países del centro por causa de la xenofobia inducida por el miedo de la mayoría de la población a que la apertura suponga una disminución de salarios, prestaciones sociales y condiciones de vida en general.

La expansión del capitalismo a lo largo de los últimos siglos ha supuesto la desaparición paulatina de otras formas de producción no capitalistas, ya fuera el modo de producción feudal que prevalecía en Europa o las diversas culturas económicas existentes en otras partes del mundo. Kart Polanyi, en forma magistral, describió a mediados del siglo XX esta expansión como la "gran transformación" de las sociedades capitalistas, en la medida que se tiende a comprender a la economía como mercado, y al trabajo como empleo.

Con el fin de disponer de elementos que permitan comprender de mejor manera el proceso migratorio global -tomando la información de Pereda y de Prada- a continuación se mencionan algunos de los principales flujos migratorios internacionales que han tenido lugar en los últimos siglos, coincidiendo con el despliegue del capitalismo, la formación de los estados modernos y la globalización de la economía.

Los países europeos con más inmigrantes en el siglo XIX fueron aquellos que iniciaron antes su desarrollo industrial: a Inglaterra llegaron irlandeses y judíos rusos; a Alemania polacos, ucranianos, italianos, belgas y daneses; a Francia arribaron inmigrantes desde Italia, Bélgica, Alemania y Suiza. En varios de estos países los trabajadores inmigrantes superaban el 10% de la mano de obra al iniciarse el siglo XX.

La expansión del capitalismo a nivel internacional tuvo como principal vía de penetración la dominación política, militar y mercantil que ejercieron las potencias europeas sobre América, Asia y África a partir del siglo XVI. La colonización estuvo acompañada por importantes desplazamientos migratorios. Los desplazamientos respondían tanto a una dominación política (dependencia de la metrópoli), como económica cada vez más regida por la lógica capitalista. En la época colonial se pueden distinguir al menos tres grandes flujos migratorios.

1. Poblaciones europeas desplazadas hacia el resto de continentes: soldados, comerciantes, marinos, clérigos, administradores políticos y mano de obra en general. Su importancia fue mucho menos cuantitativa que cualitativa, debido a los cambios económicos y culturales que introdujeron en las sociedades de destino. Los contingentes más importantes partieron de las islas británicas, la península ibérica, los Países Bajos y Francia, es decir, de aquellas sociedades que ostentaban el poder político y el control de las rutas de navegación internacionales. Los destinos principales fueron las colonias de América, Oceanía y África. Estos flujos establecieron rutas y redes sociales que sirvieron de base para nuevas corrientes migratorias a partir de la era industrial y el inicio del proceso descolonizador. En el caso de España, las migraciones hacia América rondaron el cuarto de millón de personas en los siglos XVI, XVII y XVIII para pasar a unos 4 millones en el siglo XIX.

2. El tráfico de esclavos desde África hacia las nuevas colonias, fundamentalmente para ser empleados en minas y grandes plantaciones que, a través del comercio internacional, fortalecieron el poder económico y político de Reino Unido y Francia. La esclavitud es muy antigua en la historia de la humanidad pero bajo el capitalismo cambió su función. Los imperios emergentes la utilizaron para reforzar la construcción de un mercado mundial dominado por el capital. Así, la "trata de negros" se estableció como parte del intercambio mercantil internacional: los barcos salían cargados de mercancías desde puertos europeos, en África las cambiaban por esclavos, y en América intercambiaban la carga humana por dinero, con el que compraban productos de las plantaciones que llevaban para vender en Europa. En 1770 había unos 2,5 millones de esclavos en las Américas, que producían un tercio del valor del comercio europeo. Hasta la prohibición formal del tráfico, alrededor de 1850, fueron transportados entre 10 y 15 millones de esclavos.

3. Trabajadores "aprendices" bajo contratos de cuasi-servidumbre. Este tipo de migración surgió a partir de la prohibición del tráfico de esclavos. Las necesidades de mano de obra para la expansión capitalista en América, basadas en la utilización extensiva de trabajadores en plantaciones y minas, fueron satisfechas mediante el sistema de contratación masiva de trabajadores, reclutados a veces por la fuerza o el engaño, obligados a trabajar en condiciones muy severas. La fuente principal de mano de obra se trasladó desde África a Asia. Las zonas de origen más destacadas fueron India, China y Japón. El flujo comenzó alrededor de 1820, con el empleo de trabajadores de la India en las colonias británicas; se extendió luego hacia las plantaciones del Caribe (Guayana, Trinidad, Jamaica y otras islas). Los trabajadores de origen chino se incorporaron alrededor de 1840, con destino a EEUU, Australia y las colonias europeas del sudeste asiático; el flujo desde Japón fue más tardío y su volumen menor, comenzó en 1868 hacia EEUU y a finales de siglo con destino a Brasil y Perú.

Otra migración internacional relacionada con la expansión del capitalismo, aunque no directamente con la colonia, ha tenido que ver con los movimientos de trabajadores originados a partir de la industrialización y la paralela tecnificación de la agricultura. En su mayor parte estos flujos han tenido lugar al interior de cada país (migraciones internas), pero también ha habido importantes movimientos de trabajadores a nivel internacional. Las migraciones exteriores entrarían en juego asumiendo el papel de contención de los salarios gracias a una oferta constante de mano de obra. Históricamente las migraciones desde áreas rurales o con población excedente hacia zonas de concentración industrial y de servicios, han tenido mucha importancia. A continuación se presentan algunos ejemplos.

La emigración de campesinos y artesanos europeos desempleados hacia América, Asia y África: Más de 50 millones de personas emigraron entre 1846 y 1932 a consecuencia del proceso industrial y de urbanización en el viejo continente. Estas migraciones internacionales de trabajadores fueron un elemento clave en la constitución del mercado capitalista mundial. Los principales flujos se dirigieron hacia América y otros menores hacia colonias africanas y asiáticas.

La inmigración en los países europeos centrales después de la Segunda Guerra Mundial como consecuencia del auge económico de los países centrales de Europa entre 1948 y 1973. En general, fue una migración promovida por los países receptores: además del reclutamiento directo organizado por organismos estatales, se establecieron acuerdos bilaterales y multilaterales entre varios gobiernos. Reino Unido, Bélgica, Francia, Suiza, Holanda, Luxemburgo, Suecia y la República Federal Alemana utilizaron este sistema que experimentó una expansión. Se trataba, en principio, del reclutamiento temporal de trabajadores extranjeros de países próximos y luego de países cada vez más distantes, en una suerte de círculos concéntricos en expansión.

Desde los países de la periferia europea se dirigieron hacia Europa central y septentrional dos millones de italianos y de españoles, más de un millón de portugueses y turcos, millón y medio de yugoslavos, medio millón de griegos y de irlandeses y más de 400.000 finlandeses. Como afirma C. P. Kindleberger, citado por Pereda y de Prada, el desarrollo europeo de posguerra, por ejemplo el "milagro alemán", se habría bloqueado de no haber contado con esta oferta abundante, flexible y barata de mano de obra extranjera.

La inmigración permanente en EEUU, Canadá y Australia: la escasa densidad de población de estos estados y su floreciente economía han sido un polo de atracción, en primer lugar para los migrantes europeos y desde los años sesenta para los procedentes de otros países. Los flujos migratorios hacia EEUU volvieron a ser intensos después de la segunda guerra mundial, primero desde Europa y después desde Asia y América Latina. Entre 1983- 1993 entraron al país 9,8 millones de residentes permanentes de los cuales sólo un millón procede de países europeos (desde 1990 ex soviéticos y polacos principalmente). Entre 1994 y 1999 los residentes nacidos en el extranjero se incrementaron en 5,5 millones, pasando de 22,6 a 28,1 millones (incremento anual del 4,5%), a los que habría que añadir los extranjeros "sin papeles" que, a partir del Censo del año 2000, se estiman entre 7 y 9 millones de personas.

Ya en la actual etapa de capitalismo global, entre 1980 y 1995, varios países del sudeste asiático experimentaron el mayor crecimiento económico del mundo, gracias a las inversiones de capital internacional. Ello supuso que, junto a los flujos financieros y comerciales aumenten las migraciones, hasta el punto de que entre 1991 y 1995 los saldos migratorios anuales superaron el millón de personas procedentes de otros países asiáticos (Filipinas, China, Tailandia, Indonesia, Sri Lanka...). Sin embargo, la crisis financiera iniciada en 1997 supuso un freno a estos flujos, e incluso expulsiones masivas en países como Corea del Sur, Malasia y Brunei. Otro polo de atracción de trabajadores inmigrantes constituyen los ricos países petroleros del Golfo Pérsico o Golfo Arábico.

La emigración temporal de ejecutivos y profesionales de empresas transnacionales también merece algún comentario. Este flujo, cuyo número crece con la internacionalización de la producción, el comercio, las finanzas y las comunicaciones, tiene como principales lugares de origen y de destino países del centro. Aunque la estancia sea corta, el impacto económico y cultural es importante, tanto para el país receptor (influencia de los ejecutivos transnacionales en las elites locales) como para el de origen (por ejemplo, los cambios culturales en Japón originados por ejecutivos retornados). La mayor parte de estos emigrantes proceden de EEUU, Japón y países de la Unión Europea; sus destinos principales están en algunas ciudades centrales de estos mismos países y, en menor medida, en países del sur donde se radican filiales de empresas transnacionales.


Notas

3 Gorostiaga. Los centros financieros internacionales en los países subdesarrollados, ILET, México, 1978.
4 Hinkelammet. Los derechos humanos en la globalización - La limitación del cálculo de utilidad, Revista Fe y Justicia No. 2, Compañía de Jesús, Quito, junio de 1997.
5 Ibíd.
6 Tortosa. El juego global - Mal desarrollo y pobreza en el capitalismo global, Icaria, Barcelona, 2001.
7 Citado por Pereda y de Prada, Op. Cit.
8 Alonso. Emigración, pobreza y desarrollo. Editado por La Catarata - Comunidad de Madrid, 2004.

Ficha técnica

(*) El presente texto fue desarrollado a partir de "Migraciones internacionales: entre el capitalismo global y la jerarquización de los Estados" de Carlos Pereda y Miguel Ángel de Prada (Cuadernos de Discusión, América Latina en el Sistema Mundial. Universidad de Alicante - ILDIS, 2004), así como del trabajo "Consideraciones sobre la globalización y el hecho migratorio en el Ecuador de hoy" de Martha Rodríguez Albán, que obtuvo el 3er Premio en el "1er Concurso Universitario de Investigación sobre los Efectos y las Perspectivas de la Emigración en el Ecuador. Convocatoria 2004", organizado por el PMCD y la Fundación "El Universo".

Redacción: Martha Rodríguez y David Villamar
Producción editorial: Mauricio Burbano
Colaboración: Susana López Olivares
Coordinación. Alberto Acosta
Direcciones de Internet: http://www.migrantesenlinea.org y http://www.ildis.org.ec



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