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La insignia
4 de julio del 2006


México

Los límites de la responsabilidad corporativa


Carlos Amorín
Convenio Rel-Uita / La Insignia. México, julio del 2006.


No conozco personalmente a José Antonio Fernández Carvajal, presidente de Fomento Económico Mexicano Sociedad Anónima (FEMSA), empresa mexicana fabricante de bebidas, entre ellas de Coca Cola. Es probable que sea alguien que se considera muy ponderado, inteligente, hábil, un ejecutivo experimentado y un laborioso jefe de familia.

Estas intuiciones sobre la autopercepción de José Antonio no son meras especulaciones, surgen de la lectura atenta de algunos de los conceptos que él expusiera recientemente en la ciudad española de Oviedo, donde se celebró el "1er Congreso Europa-América de Responsabilidad Corporativa" organizado por el "Club de Excelencia en Sostenibilidad", integrado por empresas y varias "facultades de negocios" de ambos continentes.

La premisa acuñada por los organizadores fue: "La responsabilidad corporativa se ha convertido en una nueva herramienta de gestión empresarial. Cada día más empresas están integrando prácticas responsables en su estrategia de negocios, y aspectos que hasta hace poco tiempo se consideraban técnicos, como los sociales y ambientales, que hoy son claves en la gestión de la empresa".

La iniciativa surge a partir de una constatación: los grupos que cuestionan la ética del lucro a toda costa y a cualquier coste logran influir en las decisiones de algunos inversionistas. Así, las prácticas productivas que dañan el ambiente o ponen en peligro a las comunidades locales, la hiperexplotación de las maquilas o la utilización de mano de obra infantil comienzan a ser evitados por los fondos de inversión. En la época de la globalización, la imagen pública lo es todo.

La preocupación por tales temas, sin embargo, no surge desde la conciencia, sino desde el bolsillo. Eduardo Montes, presidente del Club de Excelencia en Sostenibilidad lo explica así: "Las empresas deberían ser un buen ciudadano, o un buen ciudadano del entorno en que operan". No se trata, dice, de un asunto de filantropía, sino también de negocio. "Estar bien integrados al entorno, acoplados a la sociedad, nos permitiría crecer más, vender más y ganar más".

José Antonio va incluso más lejos: "Debe ser posible anticiparnos a los temas que preocupan a la sociedad y que son clave para las empresas", propone.

Quizás piense que se trata apenas de una moda pasajera, una especie esnobismo. Pero sea como fuere, "Ahora los inversionistas preguntan por el ambiente, quieren saber si tu empresa ofrece empleo a personas con discapacidad o si hay igualdad de oportunidades para hombres y mujeres", relata.

Antonio no lo dijo en Oviedo, pero la empresa que preside está enterada de estas "nuevas tendencias". Por ejemplo, ahora sabe que no es de "buen ciudadano" discriminar a las personas y obstaculizar la carrera de un empleado por su orientación sexual. Esto se lo está enseñado Roberto Mendoza, despedido de Coca Cola FEMSA por ser homosexual, quien está enjuiciando a la empresa en los tribunales de México. A pesar de haber intentado eludir a la justicia, ya son varios los ejecutivos de la corporación que han debido acudir a declarar al juzgado que sustancia el caso cuya resolución, según todo lo indica, será favorable a Mendoza.

José Antonio, y la propia FEMSA, ya empiezan a saber que los inversionistas, y cada vez más los consumidores, también se preocupan acerca de si la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres hace algún tipo de distinción entre hetero y homosexuales. Es muy posible que José Antonio ya esté tomando las medidas adecuadas para que nunca vuelva a ocurrir algo así en la empresa que preside, porque la "buena ciudadanía" empieza por casa y hoy por hoy ya no basta con parecer: también hay que ser.



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