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La insignia
1 de marzo del 2006


La inserción en un mercado de trabajo fuertemente precarizado

Ecuatorianos en España (II)


__Especial__
Emigración
Walter Actis (*)
Edición para Internet: La Insignia, febrero del 2006.

Del libro La migración ecuatoriana
Editoras: Gioconda Herrera, María Cristina Carrillo y Alicia Torres
Pedidos: Flacso


Inmigración laboral y fuentes estadísticas

Aunque no sea éste el lugar para analizar con detalle los alcances y limitaciones de las fuentes estadísticas disponibles, resulta obligado efectuar algunas puntualizaciones. Como se ha señalado, una gran parte de la población inmigrante en edad laboral se encuentra hoy "sin papeles". Esta situación la aboca necesariamente al empleo no declarado; por tanto, no queda registrada en las estadísticas de altas laborales de la Seguridad Social (7). En cambio, podría estar recogida por la Encuesta de Población Activa (EPA), basada en un muestreo que no excluye los empleos sumergidos. Sin embargo, hasta la fecha este instrumento cubre con serios déficit a los trabajadores inmigrantes y, además, no permite desagregar los datos en función de la nacionalidad (sólo considera grandes conglomerados regionales).

El contraste de datos de ambas fuentes indica que el volumen de extranjeros ocupados según la EPA se sitúa en niveles similares a los que están dados de alta en la Seguridad Social, para el caso de latinoamericanos y europeos no comunitarios, y muy por debajo para africanos y europeos comunitarios. En otros términos, la EPA apenas refleja el empleo regular (no sumergido) para los primeros grupos, mientras que lo subestima ampliamente para los últimos. Por lo demás, ambas fuentes ignoran la situación de una parte importantísima de la fuerza de trabajo inmigrante. Aunque no podemos precisar exactamente la magnitud de esta infrarepresentación, podemos obtener un indicador indirecto comparando el empleo detectado con el conjunto de población en edad laboral. Según esto, alrededor de dos tercios de los trabajadores escaparían a las fuentes mencionadas (el 80% de los de la Unión Europea, el 70% de los de África, el 60% de los latinoamericanos y el 50% de los europeos no comunitarios).

Obviamente, estos índices no reflejan adecuadamente la realidad porque ignoran la presencia de personas adultas "no activas", que permanecen al margen de los mercados de empleo. Estos segmentos son elevados, precisamente, entre los europeos comunitarios y entre las mujeres africanas.

Las reflexiones anteriores nos conducen a dos conclusiones: a) Cualquiera de las fuentes disponibles actualmente capta sólo una parte (probablemente, menos de la mitad) de la mano de obra de origen inmigrante (8) y b) Para el caso de los latinoamericanos, tanto la EPA como las altas en Seguridad Social arrojan volúmenes similares; sin embargo, la primera no ofrece resultados desglosados por nacionalidad, por lo que para nuestro interés específico es más adecuado utilizar la segunda.

En lo que sigue, pues, ofreceremos una visión -parcial, posiblemente distorsionada- de la inserción laboral de los trabajadores ecuatorianos en España, utilizando como principal fuente de referencia las altas laborales en el sistema de seguridad social. En otras palabras, nos referiremos casi exclusivamente al segmento de la inmigración que se encuentra en mejores condiciones de inserción, puesto que cuenta con permiso de residencia y trabajo y con una ocupación en la economía formal. Por tanto, si pudiéramos describir el cuadro global de situación obtendríamos un panorama de mayor precariedad que el que encontraremos en las páginas siguientes.


Perfiles de los trabajadores ecuatorianos
en comparación con otros grupos de inmigrantes

Reciente inserción en los mercados de trabajo formales

Como hemos visto, la presencia de los migrantes ecuatorianos es relativamente reciente en España. Esta circunstancia se refleja en los ritmos de incorporación a los empleos regularizados: sólo el 5% de los que actualmente ocupan uno de esos puestos de trabajo consiguió el primero antes de 2000. A partir de entonces, se registra un incremento contínuo de las altas iniciales: 23% en 2000, 38% en 2001 y 39% en 2002. En cambio, en 2003 se registra un freno en el ritmo de incorporaciones (11% de los ocupados actualmente). Este último dato puede ser indicador tanto de una disminución del flujo migratorio como de mayores dificultades para acceder al empleo regular por parte de los ecuatorianos que están trabajando en España.

Concentración espacial e inserciones ocupacionales diferenciadas
en función de la región de asentamiento

La presencia de las trabajadoras y trabajadores ecuatorianos destaca especialmente en algunas regiones españolas. Su principal "cabeza de puente" ha sido, y continúa siéndolo, la capital (Madrid): algo más de la tercera parte de los trabajadores regulares reside en esta zona. A continuación, aparecen otras dos zonas de asentamiento: la región de Murcia y Cataluña (en torno al 14-15% cada una). Algo más atrás la Comunidad Valenciana (11%) y Andalucía (5%). En estas cinco comunidades autónomas reside el 83% de los trabajadores ecuatorianos con alta en Seguridad Social (9). La concentración espacial es característica de todos los grupos inmigrantes: en estas mismas regiones trabaja el 66% de los autóctonos, frente al 87% de los asiáticos, el 80% de latinoamericanos y africanos, o el 75% de europeos del Este y comunitarios. Por tanto, la pauta de concentración de los ecuatorianos es de las más altas (83%), sólo superados por los trabajadores procedentes de Asia. El análisis comparativo muestra que los ecuatorianos están concentrados especialmente en Madrid (más que el total de latinoamericanos, el grupo regional en esta región) y en Murcia (más aún que los africanos).

A pesar de su llegada reciente, y de su fuerte concentración inicial, el contingente ecuatoriano se está expandiendo por casi todo el territorio nacional. En tres regiones es ya la primera minoría nacional no comunitaria (Madrid, Navarra, Asturias) y en otras seis, la segunda (Cataluña, Murcia, Comunidad Valenciana, Andalucía, Baleares y Cantabria). En cambio, su presencia es poco destacada en Galicia, Canarias, La Rioja, Ceuta o Melilla (donde ocupa el 5º puesto o posterior).

Si comparamos el número de trabajadores ecuatorianos con el total de altas laborales observamos que representan el 4% del empleo regular en la región de Murcia (el 36% del empleo extranjero), el 2% en Madrid y Navarra y cerca del 1% en Baleares, Comunidad Valenciana, Cataluña, Aragón y Castilla-La Mancha. Conviene insistir en que éstos son porcentajes mínimos, puesto que no se incluye el empleo en la economía informal que es mucho más frecuente entre los inmigrantes que entre los autóctonos.

Niveles de formación

Uno de los tópicos que pretende justificar la inserción laboral de los inmigrantes en estratos inferiores de la estructura ocupacional es su menor formación relativa. Sin embargo, los datos de la EPA (y de una serie importante de investigaciones monográficas) indican que el nivel de calificación académica de buena parte de la inmigración es superior al del conjunto de la fuerza de trabajo autóctona. El análisis de grandes agregados regionales constata que sólo los trabajadores procedentes de África tienen niveles inferiores a los de la mano de obra española, que son superados por los contingentes de la Unión Europea, de la Europa no comunitaria y de América Latina. Por tanto, según ciertos enfoques teóricos, los empleos ocupados por estos tres grupos deberían ser de un perfil igual o mejor que los de la población autóctona. Hipótesis que, a todas luces, no se corresponde con la realidad que describiremos.

Principales perfiles ocupacionales

La afiliación laboral en la Seguridad Social española se realiza en diversos regímenes: varios de ellos tienen características especiales (trabajadores autónomos o cuentapropistas, empleados de hogar, trabajadores agrarios -asalariados y propietarios- de la minería del carbón y del mar), diferenciados del régimen general (asalariados de las restantes ramas de actividad). La comparación de la afiliación según régimen, muestra una diferencia apreciable entre los trabajadores de la Unión Europea, por un lado; los autóctonos, por otro, y los "extracomunitarios" en un tercer grupo. Los primeros tienen mayor presencia relativa entre los trabajadores por cuenta propia (autónomos). Los demás comparten una fuerte concentración en el régimen general (en torno a tres cuartas partes de los ocupados), pero difieren en el reparto del 25% restante: mientras los trabajadores españoles se dedican más a las actividades por cuenta propia, los no comunitarios se concentran más que éstos en tareas agrícolas y en servicio doméstico. Comparados con los no comunitarios, los ecuatorianos tienen mayor porcentaje de presencia en el servicio doméstico y el régimen general, un volumen similar en empleos agrícolas y mucha menor presencia en trabajos por cuenta propia.

Además, esta inserción presenta una fuerte diferenciación en función del sexo. Los varones se ocupan mayoritariamente en el régimen general (más del 80%) y en el agrario (16%); estas proporciones se han mantenido con pocas variaciones entre 2002 y comienzos de 2004. Las mujeres tienen menor presencia en el régimen general y, además, ésta se encuentra en retroceso (de 65% a 57% en las mismas fechas); destaca su inserción en el servicio doméstico (que se incrementó de 27% a 30%), mientras que su presencia en trabajos agrícolas, aunque menor que la de los hombres, también crece (de 8% a 12%).

En definitiva, tenemos:

- Segmentos que tienden a equipararse en el empleo rural (en torno al 15% de ambos sexos).
- Importante y creciente presencia femenina en servicio doméstico.
- Fuerte inserción masculina en otros empleos asalariados no agrícolas. - Escasa incidencia del trabajo por cuenta propia: indicador de "retraso" en la movilidad ocupacional ascendente (10).

Por otra parte, la inserción en distintas economías regionales adopta perfiles ocupacionales específicos. El empleo agrario es especialmente significativo en Murcia (45% del total), Andalucía y Extremadura (en torno al 25%), la Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha (16%); el servicio doméstico destaca especialmente en regiones con escasa presencia ecuatoriana (Cantabria, Galicia, Asturias o País Vasco), pero es también significativa en las de fuerte implantación (Madrid, Andalucía y Baleares, en torno al 15%; Cataluña, 11%); los empleos del régimen general superan el 80% en Madrid, Cataluña, Navarra, Aragón y Baleares.


Notas

(7) Nota de la editora: las "altas laborales" hacen referencia a la afiliación al sistema de seguridad social.
(8) Como referencia podemos considerar las siguientes cifras: estimamos la población ecuatoriana en edad laboral en más de 320.000 personas, la gran mayoría de ellas en situación de actividad económica. En cambio, sólo 190.000 figuraban en las estadísticas de seguridad social como ocupadas, en octubre de 2004.
(9) Tener "alta" en Seguridad Social quiere decir que está asegurado con la entidad.
(10) El 99% de los hombres y el 94% de las mujeres son asalariados, cifras que superan las medias de todos los grandes grupos regionales -africanos, latinoamericanos, europeos o asiáticos-. Está por verse si ésta es una situación provisional, debida a la reciente llegada de la mayoría de ecuatorianos, o una pauta de inserción duradera.



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