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| 24 de septiembre del 2005 |
Terrorismo y diálogo
Luca Caballero
Menos los verdaderos protagonistas del diálogo, todo el mundo
confirma las conversaciones entre representantes del Gobierno y del
terrorismo etarra. Poco importa que, una y otra vez, los portavoces del ejecutivo
desmientan los contactos; el principal partido de la oposición, como
elefante en cacharrería, arremete contra el gobierno al que acusa de todo: insolvencia,
traición, claudicación, rompepatrias…No sé si habrá o no contactos
con ETA; lo que resulta imprescindible es que con estos asuntos no se juegue.
Como la mayoría de los ciudadanos, comparto la iniciativa parlamentaria de explorar el fin del terrorismo a partir de la previa renuncia a la violencia de ETA. Dos serían las condiciones para enfrentar con mayores garantías de éxito este reto: unidad de las fuerzas democráticas y cerco policial al terrorismo acrecentando su debilidad. El PP ha querido que la primera de estas condiciones sea imposible, asumiendo un papel impropio de una fuerza política responsable. Y lo hace sin memoria (Aznar negoció con ETA) y echando mano de fantasmas del pasado que enardecen a sus seguidores más ultras. ¿Significa esto que hay que descartar el dialogo? No. Significa que hay que abordarlo con mayores precauciones, porque no faltarán excesos verbales a uno y otro lado de la trinchera. La Asociación de víctimas del terrorismo ha advertido que no debe pagarse ningún precio político. Incluso, sus portavoces oficiales han amenazado con movilizarse "frente a la traición del gobierno". Sin duda, la opinión de las víctimas es un aldabonazo moral que no puede ignorarse. Han sufrido directamente la acción de los terroristas, la suya y/o la de sus familiares. Pero acabar con nuevas muertes, con la extorsión y la libertad vigilada de miles de personas, bien merece que se intente. |
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