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La insignia
5 de noviembre del 2005


Prioridades del nuevo orden mundial y desplazamiento
forzado de colombianos hacia Ecuador (I)


__Especial__
Emigración
Consuelo Ahumada Beltrán y Álvaro Moreno Durán (*)
Edición para Internet: La Insignia, noviembre del 2005.


La reconfiguración del orden internacional que ha tenido lugar después del 11 de septiembre de 2001, y de las intervenciones de los Estados Unidos en Afganistán e Irak en desarrollo de la cruzada mundial antiterrorista, ha traído un renovado interés de la política exterior estadounidense en Colombia y en la región andina. Convertida en el escenario principal de la guerra contra el narcotráfico desde la década del ochenta, esta región ha venido afrontando crecientes presiones, en cumplimiento de dicha política. Si bien ésta se viene desarrollando durante más de una década, hoy en día se concreta en el Plan Colombia y en la Iniciativa Regional Andina, IRA, aprobada por el Congreso de los Estados Unidos como una estrategia antinarcóticos y antiterrorista para toda la región andina.

Estas estrategias se vienen aplicando en medio de una situación marcada por el incremento de la inestabilidad sociopolítica de 1os países del área, que se expresa en problemas tales como la crisis económica y social de la región, el fortalecimiento militar de sus países, la emergencia de movimientos sociales y políticos que expresan el descontento de amplios sectores y la agudización de problemas tales como el desplazamiento interno y externo de la población, como es el caso de Colombia.

En este contexto internacional, el desplazamiento transfronterizo de colombianos hacia los países andinos es el resultado de la exacerbación de los factores de violencia y del deterioro de las condiciones económicas y sociales resultantes de las prioridades del Nuevo Orden Mundial: la lucha contra el narcotráfico, las políticas de liberalización económica y comercial y la cruzada mundial contra el terrorismo.

En este artículo se analiza el desplazamiento de colombianos hacia la frontera colomboecuatoriana, específicamente hacia Sucumbíos, por ser la provincia principal de recepción de los desplazados del sur del país, y por considerarse dicha frontera como una de las dos más vulnerables de Colombia.

El trabajo está estructurado en tres partes: la primera corresponde al marco teórico y estado del arte; en la segunda se examinan las principales estrategias del Nuevo Orden Mundial: el Plan Colombia y la Iniciativa Regional Andina; y la tercera analiza el desplazamiento forzado en la frontera entre Colombia y Ecuador.


I. Marco teórico

El desarrollo del marco teórico del presente trabajo consta de dos partes. La primera recoge los principales enfoques teóricos a partir de los cuales se examinan las relaciones entre los Estados Unidos y Colombia en los últimos cinco años, en torno a tres temas que sintetizan las prioridades del Nuevo Orden Mundial: la política antinarcóticos, la cruzada antiterrorista y las medidas de liberalización económica. Estas estrategias se concretan en el Plan Colombia y en la Iniciativa Regional Andina. La segunda parte analiza algunos de los planteamientos teóricos sobre el problema del desplazamiento forzado transfronterizo, desarrollados por académicos e instituciones internacionales y nacionales que se han ocupado del tema.

A. Las relaciones internacionales y las prioridades del nuevo orden mundial

La analista mexicana Celia Toro llama la atención sobre cómo, a partir del decenio del noventa, prevalece en los ámbitos académicos la teoría de la interdependencia, o de la interdependencia compleja, para dar cuenta de los problemas de la región. Señala que se ha desarrollado un tipo de literatura que busca ante todo explorar las consecuencias políticas del incremento del comercio, las finanzas y las inversiones entre los Estados Unidos y los países latinoamericanos. Acorde con el discurso económico y el enfoque pragmático predominantes en torno a las ventajas que ofrece la globalización para estos últimos, se privilegian los "nuevos espacios de acción" y las oportunidades que se presentan para los países de menor poder relativo, mientras que se destacan más las oportunidades que los riesgos. Proliferan entonces los estudios de cooperación internacional como mecanismos para corregir las "fallas del mercado" y reducir los costos de transacción (Toro, 1997). De esta forma, todo el problema de las relaciones entre los Estados Unidos y los países de la región se reduce a la formalización de acuerdos comerciales y a la creación de instituciones bilaterales o multilaterales. Así se entienden, desde esta perspectiva, proyectos tan importantes como el Plan Colombia y la Iniciativa Regional Andina. Bajo este enfoque puede entenderse que la estrategia principal del Plan sea la erradicación de cultivos ilícitos mediante la fumigación, y que la lucha contra el terrorismo sea presentada por Washington y acogida por buena parte de los gobiernos de la región como un problema de cooperación internacional en pos de la defensa de unos intereses compartidos.

Desde una perspectiva teórica diferente, otros estudiosos del tema insisten en que la teoría del realismo sigue estando vigente para el análisis de la política antinarcóticos de los Estados Unidos en la región andina. Esta corriente parte del predominio del Estado, de naturaleza racional y egoísta, como actor central en el contexto de las relaciones internacionales, de la definición de sus intereses en términos de poder y de la naturaleza eminentemente anárquica y conflictiva del sistema internacional. Dentro de ella se inscriben analistas como Bruce Bagley y Juan G. Tokatlián. Para Arlene Tickner, el realismo como "ideología" tiende a percibir el tráfico de drogas como una amenaza "externa" a la seguridad nacional, más que como un problema "doméstico" (Tickner, 2001: 217).

Pero las explicaciones anteriores han sido cuestionadas desde teorías no clásicas de las relaciones internacionales, tales como el constructivismo. Quienes defienden este enfoque, desarrollado, entre otros, por Alexander Wendt, plantean que Colombia, mediante el desarrollo de su política exterior, ha hecho parte activa de lo que podría denominarse "la forma dominante de la comunidad política internacional", que ha sido socialmente construida alrededor del problema de las drogas. Así, de acuerdo con Sandra Borda, existen actores que "construyen, mediante su interacción de valores, normas y símbolos que guardan una relación constitutiva con la definición de sus intereses a largo plazo y de su propia identidad". Ello quiere decir que, en la lucha contra las drogas, los intereses de los Estados Unidos y Colombia no están dados de antemano ni son impuestos mediante el mero uso de la coerción, sino que corresponden a un proceso histórico de construcción conjunta de unos marcos de entendimiento (Borda, 2002: 284). En este sentido se pronuncia también Arlene Tickner, al señalar que cuando se enfatiza exclusivamente el peso de los Estados Unidos en la orientación de la política interna e internacional de Colombia, se subestima el papel que han desempeñado algunos actores colombianos en la "construcción de una idea específica del país frente al mundo", y se ignora que la relación bilateral con ese país es "un proceso mutuo de interacción social" (Tickner, 2002: 371).

En lo concerniente a la situación de Colombia y los demás países andinos como primera región productora de cocaína en el mundo, y a la relación de este fenómeno con las políticas económicas vigentes, también se han planteado diversas explicaciones. Darío Fajardo destaca que las regiones del sur del país, donde se cultivan prioritariamente la cocaína y la heroína, se caracterizan por ser zonas marginales, marcadas por un atraso secular en las formas de explotación de la tierra y de las relaciones de producción que se generan; al mismo tiempo existen altos niveles de concentración de la tierra y una integración nacional que ha sido difícil, debido a la pobre red vial existente en el país, reflejo de la debilidad del Estado. A ello hay que sumarle la ausencia de un proyecto nacional articulador de la sociedad, el uso común de las armas para resolver los conflictos, la existencia de una configuración geográfica muy favorable a las actividades ilícitas altamente rentables, y la pérdida creciente de la legitimidad en varios lugares del país. De acuerdo con el autor: "Así como el empobrecimiento de las colonizaciones campesinas localizadas en la Amazonia y Orinoquia facilitó el establecimiento de la coca, la crisis de la agricultura al interior de la frontera agrícola fue el escenario de la irrupción de la amapola en las tierras frías andinas" (Fajardo, 2002: 56-60).

Sobre las explicaciones que se han dado de las relaciones entre los Estados Unidos y la región andina en torno al problema de las drogas, Francisco Thoumi se refiere a dos visiones que han sido predominantes. La primera, defendida por un grupo significativo de analistas latinoamericanos, se inscribe dentro de la teoría de la dependencia y considera las drogas ilegales como expresión de las relaciones de dependencia entre el mundo desarrollado y el mundo subdesarrollado. De acuerdo con esta visión, la producción de drogas ilícitas es el resultado de la naturaleza y las características del sistema mundial capitalista y refleja una profunda desigualdad en las relaciones internacionales. Los Estados Unidos imponen sus políticas sobre los países productores con el fin de alcanzar sus metas económicas y estas políticas constituyen un ataque directo a la soberanía de los países andinos (Thoumi, 2002: 59).

La segunda visión que sintetiza Thoumi se denomina moralista, es planteada por el sector más conservador en el establecimiento norteamericano y defiende que "los valores estadounidenses son universales", por lo que los intereses de este país y el bienestar mundial coinciden. Por ello, la política antidrogas impuesta a los países andinos no debería entenderse como una intervención imperialista tradicional, sino más bien como una estrategia que beneficia a toda la humanidad (Ibid.: 353).

Frente a los enfoques y planteamientos anteriormente expuestos, en el presente trabajo se señala que el análisis de la política antinarcóticos y de la cruzada antiterrorista, expresadas en el Plan Colombia y en la Iniciativa Regional Andina debe partir del contexto específico del Nuevo Orden Mundial, caracterizado por un incremento de la dominación e injerencia de los Estados Unidos sobre los países de la región. A fines de la década de 1980, con su consolidación como único superpoder mundial, la región andina y particularmente Colombia pasaron a ser prioritarios en la nueva estrategia de la Casa Blanca y pasaron a convertirse en blanco principal de la misma.

A ese respecto, señalamos que el planteamiento del constructivismo en tomo a la participación activa de algunos actores de los países andinos en las estrategias trazadas desde Washington es acertado. Sin duda, la elite neoliberal que se afianza en el poder del Estado en toda la región desempeña ese papel activo, en la medida en que se identifica plenamente con dichas estrategias. No obstante, afirmar que éstas resultan de un proceso histórico de construcción conjunta, como lo hace la mencionada teoría, es minimizar el papel preponderante desempeñado por los Estados Unidos y su carácter marcadamente hegemónico en la región andina y en el mundo entero.

En efecto, debe destacarse la vigencia de una perspectiva crítica de análisis frente a la injerencia norteamericana, como marco para entender las estrategias derivadas del Nuevo Orden Mundial. Refiriéndose a las explicaciones que se dieron en tomo a la crisis económica de la década del ochenta en América Latina, la norteamericana Barbara Stallings señala cómo los postulados previos en tomo a la influencia extranjera fueron abandonados con demasiada prontitud. "Irónicamente, en el momento en que las variables internacionales se volvieron más relevantes en los 80, dichos planteamientos dejaron de considerarse el factor clave en las teorías del desarrollo", anota (Stallings, 1992: 61). En cuanto a la agudización del conflicto en Colombia y a la forma como ello afecta los intereses de los Estados Unidos en la región andina y las relaciones entre sus países, también se han pronunciado diversos analistas. Socorro Ramírez señala que la internacionalización de la problemática colombiana se ha incrementado por su desbordamiento hacia las fronteras y "su compleja interacción con la situación de los países vecinos", los cuales se encuentran sumidos en una profunda crisis (Ramírez, 2001: 27). Ricardo Sánchez coincide con esta apreciación, al señalar que el problema colombiano "se ubica en una crisis de fronteras, de relaciones con los países y Estados vecinos, en un contexto de desequilibrio de estas sociedades y sus instituciones" (Sánchez, 2001: 211). Por su parte, Martha Ardila destaca que las situaciones relacionadas con la presencia de los grupos guerrilleros y los paramilitares, el incremento de la producción de drogas ilícitas y del tráfico de armas, así como los efectos del Plan Colombia en las fronteras, guardan relación con la seguridad fronteriza, por lo que tanto los Estados Unidos como los países vecinos temen que la situación colombiana desestabilice la región (Ardila, 2002: 317).


Notas

(*) Consuelo Ahumada Beltrán es doctora en Ciencia Política de la Universidad de Nueva York y profesora titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones InternacionaIes de la Universidad Javeriana. Correo electrónico: cahumada@javeriana.edu.co.
Álvaro Moreno Durán es candidato a doctor en Políticas Sociales y Modos de Vida de la Universidad de París y profesor de la FacuItad de Ciencias SociaIes y Humanas de la Universidad Externado de Colombia.
Este artículo es una síntesis de una investigación titulada: "El desplazamiento forzado de colombianos y su impacto sobre la región andina en el contexto del nuevo orden mundial: el caso de Sucumbíos, Ecuador", que está en proceso de publicación



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