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La insignia
25 de marzo del 2005


Perder la cara


Rafael Poch-de-Feliu
La Vanguardia. España, marzo del 2005.


Pekín.- "Perder la cara" es algo serio en China. Significa que uno no es de fiar, que su palabra no tiene valor y que, por tanto, debe ser tratado con desconfianza. Incumplir una promesa repetidamente formulada a los chinos por ceder a la presión de Washington, en la polémica sobre el levantamiento del embargo de venta de armas a China, se parece mucho a perder la cara.

El embargo se impuso a China en 1989, en respuesta a la represión del movimiento de Tiannanmén. En aquella época, la política exterior europea apenas existía. Europa funcionaba con las recetas de la guerra fría. Las diferencias se expresaban con la política de sanciones y presiones. Dieciséis años después, han cambiado algunas cosas. China está descubriendo que no hay un "occidente", sino dos.

En el orden interno, a un lado está el liberalismo antisocial de EEUU, al otro el "estado social" europeo, de enorme actualidad en China. La socialdemocracia europea y la orientación comunitaria, estimulan la imaginación de los dirigentes de Pekín, precisamente porque pueden aportar un modelo para la pacífica transformación del rígido sistema político chino.

En el orden externo, a un lado está una concepción hegemónica, en la que los intereses nacionales y de seguridad barren toda ley internacional y soberanía estatal invocando fuerza mayor, y al otro los escrúpulos y reservas de quienes ya sufrieron, con los nazis, esa filosofía y la consideran inviable para el siglo XXI.

China y la Unión Europea están tejiendo una relación muy importante para el futuro del mundo. Una relación que se dice desmarcada de ambiciones y sospechas hegemónicas, y que se quiere basada en los principios de legalidad, soberanía, diálogo y consenso.

El levantamiento del embargo es una cuestión de principios, no de armas. China no ha sido, ni es, una potencia militarista. Su presupuesto militar es la mitad que el de Taiwán y las armas que precisa las obtiene de Rusia en un volumen casi cuatro veces inferior al que la isla recibe de Estados Unidos.

Ni China se va a abalanzar sobre el mercado europeo de armas, ni Europa va a liberalizar de forma irresponsable su comercio de armas. Lo que el levantamiento significa, es que en la nueva relación entre la vieja Europa y la vieja China, no hay lugar para la política de sanciones. Significa que, desde su común experiencia histórica de desastres, guerras y decadencias imperiales, estos dos ancianos son capaces de resolver sus diferencias de forma civilizada. Es el "diálogo de civilizaciones".

La alternativa a esta incipiente nueva convivencia, es la conocida fórmula integrista del "conflicto de civilizaciones", la burda teología de los malos y los buenos, y la primitiva e irresponsable afirmación de que "quien no está conmigo, está contra mi". Su receta, la guerra preventiva contra enemigos débiles y la espiral de proliferación nuclear que provoca.

El programa del hegemonismo para Europa es impedir, por todos los medios, que la Unión Europea alcance la mayoría de edad política. Para ello, la receta general es impedir el acercamiento UE-Rusia y preservar el atlantismo. El atlantismo convierte al proyecto europeo en subsidiario del proyecto estadounidense. La alternativa al atlantismo es un eje París-Berlín-Moscú. No habrá autonomía europea en el mundo que no esté basada en ese eje.

El mismo programa en Asia es impedir la afirmación de China y a largo plazo, quizá, su desmembración territorial, pues, llevada a su extremo, la lógica de la utopía unipolar solo contiene recetas agresivas y disolventes hacia posibles polos alternativos "rivales". La actual presión contra el levantamiento del embargo, forma parte de esa estrategia general. Por un lado busca enturbiar la cordialidad entre la UE y China. Por otro, quiere demostrar la impotencia de Europa en política exterior, bien patente en Oriente Medio.

Está por ver si la Unión Europea logrará afirmar un modelo de política exterior propio y alternativo, capaz de transformar a largo plazo todo el sistema internacional. De lo que no hay duda, es que la relación de Europa con China y Rusia, será fundamental para responder esa cuestión. El argumento de los derechos humanos en China aquí es anecdótico. Es la trampa de los halcones para enturbiar la esperanzadora cordialidad entre la UE y China. Quienes pregonan la guerra, no tienen autoridad para dar lecciones de derechos humanos.



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