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| 25 de julio del 2005 |
La Insignia. España, julio del 2005.
En plena tensión política por la "desconexión" de las colonias ilegales de judíos integristas de Gaza, Sharon ha decidido visitar el asentamiento de Ariel, el más grande de Cisjordania y, al mismo tiempo, casi una ciudad dormitorio de Tel Aviv. El objetivo de la visita es asegurar que su soberanía y mantenimiento son absolutamente innegociables, tan sólo un par de días después de que el ejército y la policía israelíes despidiesen -por el momento- a los miles de radicales y fanáticos manifestantes que, procedentes de las mismas colonias ilegales de Cisjordania, pretendían solidarizarse con sus colegas de Gaza.
¿Cuántas pruebas más necesitamos para comprender que la promesa de evacuar a 7000 colonos de la Franja de Gaza le está sirviendo a Ariel Sharon para mostrarle al mundo y a su oposición interna que nunca evacuará a los más de 300.000 que viven en Cisjordania? Resulta tan evidente que los colonos que viajan desde Cisjordania para manifestarse hasta Gaza sólo pretenden ratificar que Sharon ya cumple suficientemente con su cuota de "aceptabilidad internacional", que podríamos incluso pensar que sus protestas son alentadas por un gobierno que no piensa dar ningún más hacia la paz con los palestinos. Los radicales religiosos le están sirviendo en bandeja de plata a Ariel Sharon los motivos para negarse, incluso, a mencionar la posibilidad de la evacuación de las colonias de Cisjordania. Por un lado nos encontramos con una minoría de radicales judíos, liderados por fanáticos rabinos ortodoxos que, financiados por el gobierno israelí, ocupan una tierra que no es suya, expulsando a sus legítimos habitantes con el objetivo de obedecer la palabra de Yavé. Por otro lado, una mayoría de radicales judíos liderados por el gobierno de coalición Likud-laborismo que pretende lavarse la cara ante el mundo, enfrentándose a la minoría más radical de entre sus compatriotas con el repliegue de la Franja de Gaza, un avispero de paz imposible mientras dure la ocupación gracias al continuo hostigamiento de los palestinos y en el que los costes de la permanencia tienen un suelo inamovible: el continuo goteo de víctimas israelíes que fallecen a manos de la resistencia. Pero ambos radicalismos, no nos dejemos engañar, se asientan sobre la misma base: los principios sionistas del gran Israel "Eretz Israel", desde el Jordán hasta el Mediterráneo. Y nunca llegarán a poner en cuestión la perversa ideología que pretende legitimar desde hace más de cincuenta años uno de los más evidentes ejemplos de colonialismo racista y expansionista que agreden al mundo árabe. El gobierno de Sharon pretende que la UE y los Estados Unidos comprendan el problema que supone la desconexión de Gaza con el objetivo de que se le apoye en el gradualismo sin fin de sus "pasos atrás para coger renovados impulsos sionistas". Está claro que si la evacuación de 7000 radicales convencidos necesita una planificación de casi un año y el despliegue de fuerzas de seguridad que estamos presenciando, el gobierno israelí nunca asumirá ni debatirá la evacuación de los cientos de miles de colonos que viven en Cisjordania. Sacrificar a 7000 para salvar a 300.000. Una jugada maestra. Además, se quedan por el camino las evidentes diferencias que existen entre pequeñas colonias mayoritariamente agrícolas como las de Gaza y el asentamiento de Ariel, por poner un ejemplo cisjordano. Es necesario explicar que, frente a la situación de los colonos de la Franja, fuertemente ideologizados y con una decisión previa de ocupar ese territorio, muchos de los habitantes de los asentamientos de Cisjordania no son más que israelíes de clase media o media-baja, probablemente emigrados al país a lo largo de la última década y que viven en colonias por motivos económicos y no religiosos. Todos son colonos. Todos forman parte del sionismo y todos deberían ser evacuados. Pero hay diferencias entre ellos. Para los recién llegados, la opción de vivir en una colonia ha sido, en muchos casos, la única opción posible debido a los bajos salarios, el alto precio de la vivienda en Tel Aviv y Jerusalén y los beneficios fiscales y de otros tipo que el gobierno les ha dado para vivir en territorio palestino. La mayoría de ellos no quiere vivir como los palestinos, entre vallas y muros, protegidos por el ejército y sometidos al miedo con el que los medios de comunicación contaminan cualquier posibilidad de relación entre los colonos y sus vecinos palestinos. Muchos de los habitantes de las colonias en Cisjordania son víctimas de un sistema de organización económica que utiliza inmigrantes judíos llegados de todo el mundo, especialmente de países en crisis como Rusia, Argentina o Etiopía, como mano de obra relativamente barata para su industria. Israel experimenta, dentro de su carácter de Estado sólo judío y para los judíos, un progresivo sistema de apartheid interno en el que los judíos azkenazis están, generalmente, por encima de los sefardíes, de los judíos árabes, de los judíos rusos y de los judíos negros (etíopes o sudaneses) y al mismo tiempo, todos ellos por encima de los palestinos que viven dentro de Israel y de los "trabajadores invitados" asiáticos. Nada nuevo bajo el sol. Colonialismo, racismo, capitalismo. Segregación racial y ciudades dormitorio donde aparcar a la mano de obra barata y los recién llegados que mantienen la posición dominante de quien les utiliza. Y en medio de este perverso sistema, la guerra con el enemigo exterior, el "sanguinario terrorista árabe que nos amenaza continuamente" y legitima la militarización de una sociedad que no se sostiene por ninguna parte. No nos pueden engañar. Los colonos radicales que se manifiestan contra el desalojo de Gaza deben ser tratados con contundencia por el ejército y la policía israelíes. Gaza debe ser evacuada cuanto antes y devuelta a los palestinos. Pero cuando eso suceda, no podemos quedarnos con esa imagen "cumplidora" del gobierno de Sharon. Porque no lo es. Porque deberían haberlo hecho hace mucho tiempo, porque nunca se debió permitir que se instalaran allí y porque sólo arregla una parte mínima del problema. Ni un segundo de respiro. Queda Cisjordania, queda el muro, quedan los presos, quedan los controles que atenazan la vida diaria de los palestinos, quedan más de 300.000 colonos ilegales en territorios ocupados. La presión contra Israel no puede ceder ni un milímetro por más que pretendan engañarnos con concesiones parciales que, creánme, no son concesiones, son únicamente el punto de partida para que Israel pueda quizás, en un futuro que no se ve cercano, abandonar los territorios palestinos, encontrar una solución al problema de los millones de refugiados palestinos y transformar los asentamientos de Cisjordania en algún tipo de entidad que pueda colaborar en paz con los palestinos. Quizás ese día pueda dejar de ser el Estado villano que es desde el mismo día de su ilegal fundación. |
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