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La insignia
10 de julio del 2005


El desafío de Hamas


__Especial__
Palestina
Carmen Lloveres
Agencia de Información Solidaria. España, julio del 2005.



Hace un par de años sería imposible imaginar a Sharon y a los islamistas de Hamas sentados en la misma mesa de negociaciones, pero los últimos movimientos en el seno de la organización islamista apuntan a que cada vez se baraje con más certeza esta posibilidad. Mientras el ralentizado progreso con que avanza la descolonización de la Franja de Gaza y los recientes encuentros de Mahmoud Abbas y Ariel Sharon con el presidente estadounidense, George Bush, protagonizan la agenda mediática actual del conflicto, otros acontecimientos que están pasando casi inadvertidos podrían dar un vuelco a la historia reciente de este conflicto enquistado desde hace más de medio siglo.

La decisión del Movimiento de Resistencia Islámica, Hamas, de competir por primera vez en unas elecciones a nivel nacional aceptando las reglas del juego democrático; la Declaración del Cairo del 17 de marzo, por la que se acordó la integración de los grupos islámicos en la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), única y legitima representante de todos los palestinos; y, finalmente, la suspensión de las operaciones “militares” por parte de Hamas, son tres hitos que podrían tener consecuencias históricas en el desarrollo del conflicto palestino-israelí.

La participación de Hamas en las elecciones legislativas, inicialmente programadas para el 17 de julio pero aplazadas sine die, significaba que la organización islamista reconocería la legitimidad de la Autoridad Palestina (AP), a la que se opuso desde su creación, por ser fruto del acuerdo de paz entre palestinos e israelíes de Oslo de 1993, que implicaba el reconocimiento derecho de Israel a existir. Hamas justifica el cambio de posición alegando que Oslo es una reminiscencia del pasado desde que empezó la segunda Intifada. Es evidente que el plan fracasó y hubo que idear la Hoja de Ruta para suplir el vacío creado por Oslo, pero al margen de las implicaciones ideológicas, Hamas quiere aprovechar la ocasión y los medios políticos y democráticos para legitimar mediante el apoyo popular la fuerza real que tiene en los Territorios Ocupados, y así, afianzarse como interlocutor frente a la Autoridad Palestina, Estados Unidos e Israel.

Su decisión es un verdadero desafío para los presidentes israelí y norteamericano, que deberían aceptar una eventual victoria del Movimiento de Resistencia Islámica en las urnas si su apoyo a la democracia en Oriente Medio es incondicional. Por el contrario, se desvelará que la única razón para exigir la democracia en Palestina respondía a un nuevo obstáculo impuesto a los palestinos para avanzar en las negociaciones de paz y que su visión de democracia sigue siendo la que se ajusta a sus intereses.

La incorporación de Hamas y la Yihad Islámica Palestina a la OLP es la mejor garantía para los palestinos de que ningún acuerdo de paz con Israel violará las líneas rojas, incluyendo un Estado palestino con capital en Jerusalén y los derechos de los refugiados.


Hamas no pretende ganar las elecciones

A pesar de las expectativas creadas mediante estos tres pasos, la adhesión a las reformas democráticas y la suspensión de los ataques por parte de Hamas acordadas mediante la Declaración del Cairo se habían condicionado a la celebración de las elecciones al Consejo Legislativo Palestino y al cese total de cualquier forma de agresión contra los palestinos por parte de Israel. Pero Abu Mazen (Abbas) ha pospuesto las elecciones sin nueva fecha definida, aunque no antes de que se lleve a cabo la desconexión de Gaza, motivo por el que espera mejorar su impopularidad creciente entre los palestinos que, según las encuestas de opinión, actualmente darían la victoria a Hamas en las legislativas.

Algunos informadores locales aseguran que Hamas no pretende ganar las elecciones legislativas, sino que su estrategia sería obtener entre el 30 y 40 por ciento de los votos, lo que junto a los escaños del resto de la oposición, entre el 15 y el 20 por ciento sumando a los candidatos independientes, los partidos de izquierdas y la oposición interna a Fatah, conformaría un bloque liderado por los islamistas para poder paralizar cualquier “concesión” que perjudique los derechos de los palestinos.

Tanto los líderes de Hamas como los de Fatah, el partido liderado por Abbas, son conscientes de la fuerza electoral de los islamistas en estos momentos, lo que ha quedado patente en las elecciones municipales de enero y mayo de 2005, en las que han ganado casi dos tercios de los escaños.

Abu Mazen pretende atribuirse el logro de la desconexión de Gaza para contrarrestar la mala impresión que empiezan a tener los palestinos ante la falta de actuaciones concretas del nuevo gobierno y un papel cada vez más evidente de sumisión frente a Estados Unidos e Israel. El presidente palestino se encuentra en una encrucijada entre las divisiones internas de Fatah, la presión popular y los escasos logros obtenidos, y ha optado por jugar las cartas del socio desamparado esperando acciones unilaterales por parte de Israel: “Ayúdame, soy débil”, fue su carta de presentación en su último encuentro con Sharon en Jesuralén el pasado 21 de junio, en el que esperaba obtener una serie de concesiones apetitosas como la construcción de un aeropuerto.

Los islamistas temían la maniobra de Abu Mazen de aplazar indefinidamente las elecciones y ya han amenazado con reconsiderar el cese al fuego y su adhesión a las reformas democráticas. Su participación en las reglas del juego político no está asegurada, pero cada vez se hace más evidente la necesidad de incluir a Hamas en las instancias de representación de poder, no sólo porque cuenta con un apoyo popular en aumento, sino porque es la única forma de lograr una estrategia creíble de frente a Israel.



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