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La insignia
25 de febrero del 2005


Bolivia

Ecos de la guerra del gas


Walter Chávez
La Insignia. Bolivia, febrero del 2005.


En octubre de 2003 ocurrió lo que en Bolivia se llamó la "guerra del gas". Los movimientos sociales se levantaron en contra de la exportación del gas natural boliviano a México y California a través de un puerto chileno.

El proyecto era impulsado por el consorcio Pacific LNG -conformado por la española Repsol YPF, British Energy y Panamerican Energy-y la oposición popular se debía, básicamente a dos razones. La primera tenía que ver con los bajos impuestos que estas empresas trasnancionales pagaban al Estado boliviano -alrededor de 18 %, uno de los más bajos del mundo-; mientras que la segunda razón era histórica, Chile arrebató a Bolivia sus costas marítimasen la Guerra del Pacífico (1879), y los bolivianos ven a ese país como un enemigo histórico irreconciliable, por eso no querían -ni quieren- beneficiarlo exportandosu gas por uno de sus puertos.

El presidentede entonces, Gonzalo Sánchez de Lozada, desató una dura represión militar para frenar la guerra del gas, producto de ello fueron los 67 muertos, su derrocamiento, su fuga a Washington y su posterior enjuiciamiento por genocidio.

Los movimientos sociales bolivianos siempre sospecharon que el consorcio Pacific LNG estaba apoyado por las elites políticas y económicas bolivianas, quienes históricamente han tenido una actitud antinacional y han permitido que los recursos naturales bolivianos recaigan en manos de empresas transnacionales,que escasamente beneficiaron al país.

Esas sospechas hoy se ven confirmadas con la aparición de un interesante libro escrito por el embajador chileno Edmundo Pérez Yoma. El texto se titula "Una misión. Las trampas de la relación chileno-boliviana" (Editorial Debate, Santiago de Chile, noviembre de 2004).

Pérez Yoma fue el cónsul que el gobierno del presidente chileno Ricardo Lagos destacó a La Paz en junio de 2001 con la misión específica -de ahí el título del libro- de lograr que el gas boliviano sea exportado por un puerto chileno. Desde que el diplomático chileno llegó a Bolivia -así lo cuenta en su libro- tuvo a varios funcionarios bolivianos como "lobbystas", entre ellos cita al ex ministro Manfredo Kempff Mercado, a Ronald Mac Lean y, cómo no, al embajador de EEUU de entonces Manuel Rocha. Pero, por su puesto, uno de sus "aliados" más entusiastas fue el propio Jorge Quiroga para quien la exportación del gas por Chile era "un proyecto perfecta y tecnocráticamente dimensionado" (pág. 33); es decir, nada más ni nada menos que un calculado negocio.

En realidad, el libro del embajador Pérez Yoma no menciona ningún dato extraordinario por sí mismo, pero de su lectura total pueden resumirse conclusiones sumamente importantes. Aquí enumeramos diez de ellas:

1.- El gobierno del presidente Jorge Quiroga (200-2001) manejó las negociaciones para que el gas boliviano saliera por Chile, en absoluto secreto, mientras hacía creer a la ciudadanía que no tenía ninguna predilección por algún puerto de ese país. Es más Pérez Yoma cuenta que eran los propios funcionarios de la Cancillería quienes le exigían a él mantener toda clase de reservas sobre el asunto.

2.- El gobierno de Jorge Quiroga llegó a elaborar y finiquitar un documento con el gobierno de Ricardo Lagos para exportar el gas por Chile. Y todo de manera absolutamente secreta.

3.- Para burlar cualquier fiscalización de parte de la prensa o para evitar que la ciudadanía se enteré de las negociaciones que su gobierno realizaba en secreto con Chile, Tuto Quiroga ordenó a funcionarios bolivianos viajar a otros países, entre ellos Argentina, para negociar con las autoridades chilenas (pág. 93). Los negociadores por Bolivia fueron Fernando Messmer, que se desempeñaba como cónsul general en Chile, Carlos Iturralde y Edgar Camacho (pág. 93).

4.- El 14 de junio de 2002, a las 16.30 horas, ambas partes tuvieron listo el documento final por el cual Bolivia sacaba su gas natural por un puerto chileno (pág 94). El libro de Pérez Yoma revela: "En este texto se establecía que Chile y Bolivia convendrían las facilidades necesarias para que el petróleo, el gas, sus derivados y subproductos recibieran el tratamiento de exportaciones bolivianas en su integridad, para lo cual se aplicaría el régimen de libre tránsito, en los términos de los tratados vigentes, y las excenciones tributarias y aduaneras necesarias".

Para ello, "el Estado chileno entregaba en concesión al Estado boliviano, por un periodo de 50 años prorrogables por iguales periodos, una superficie aproximada de 600 hectáreas, ampliables de común acuerdo en función de las necesidades del proyecto para el establecimiento de una zona franca... destinada a la recepción, procesamiento, industrialización y comercialización del petróleo, gas natural, sus derivados y subproductos".

5.- Según el libro de Pérez Yoma, luego de llegar a ese acuerdo secreto, elpresidente Jorge Quiroga no tomó la decisión de hacerlo público sólo para resguardar su futuro político, con vistas a las elecciones de 2007.

6.- Fue la prensa boliviana la que, al descubrir algunos detalles de este acuerdo secreto, contribuyó a frustrar el negocio que Jorge Quiroga ya había sellado con Chile. "A la distancia, tal vez sea fácil decir que el acuerdo que convinimos el 14 de junio de 2002 para la salida del gas natural no era viable. La sola revisión de los archivos de prensa de la época describe una campaña persistente y feroz -mejor dicho un lobby incontrarrestable- contra las perspectivas de un acuerdo con Chile para sacar el gas por uno de nuestros puertos", dice el libro (pág. 97).

7.- Frustrado el negocio con Jorge Quiroga, el gobierno chileno echó mano de un Plan B para negociar con el gobierno de Sánchez de Lozada, el sucesor de Quiroga. Para ablandar a la opinión pública boliviana se habló de un Tratado de Libre Comercio entre Chile y Bolivia (durante la gestión de Carlos Saavedra Bruno en la Cancillería), en el que Chile ofrecía alguna ventajas -como conceder mayores cupos para la exportación de azúcar boliviana a Chile- a cambio de que, finalmente, Bolivia ceda su gas.

8.- El cónsul chileno Pérez Yoma encargó una investigación sobre los libros de historia bolivianos y luego hizo la propuesta a las autoridades nacionales para hacer modificaciones en lo que se refiere a la Guerra del Pácífico y así lograr que los estudiantes bolivianos se olviden de que Chile le arrebató el mar y una buena partede sus territorios a Bolivia. En la página 121 del libro de Pérez Yoma se revela que: "La idea era aunar voluntades y hacer de esos textos herramientas objetivas, alejadas de odiosidad e interpretaciones subjetivas que dificultan la integración a futuro".

9.- Lo increíble es que las autoridades bolivianas consintieron esto y estuvieron de acuerdo en las modificaciones a la historia que propusieron los chilenos: "Se conversó con las editoriales bolivianas, así como con el Ministerio de educación de ambos países, alcanzándose a definir una atractiva agenda de trabajo. Por desgracia hubo un cambio ministerial que no permitió a vanzar en esta propuesta", dice el libro (pág. 122).

10.- El libro de Pérez Yoma reconoce que durante los gobiernos de Jorge Quiroga y Gonzalo Sánchez de Lozada hubo una apertura importante para los intereses de su país. Esta situación -este prochilenismo- cambia con la llegada de Carlos Mesa al gobierno quien repone en la agenda de negociaciones la necesidad de que Chile otorgue una salida soberana al mar, sólo así el gas natural boliviano podría salir por un puerto de ese país.

El libro de Edmundo Pérez Yoma se editó hace cuatro meses y, a la fecha, constituye el único "documento" públicó de las negociaciones realizadas entre los gobiernos de Chile y Bolivia en torno al gas. Por tratarse de un tema tan complejo, que incluso ha sido causal de una virtual guerra civil en octubre de 2003, con varias decenas de ciudadanos muertos, lo adecuado sería que las autoridades bolivianas "desclasificaran" la información sobre estas tratativas. No podemos quedarnos con la versión del cónsul chileno. Versión que por lo demás no deja de ser interesada y despreciativa de nuestra idiosincracia.



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