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| 17 de enero del 2005 |
Fragmento de Mujeres migrantes ocupadas en servicios sexuales Editorial: Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. España, 2001.
Los trabajos sexuales
En términos de la industria del sexo, los trabajadores ocupados directamente en el sector realizan dos tipos de trabajo: los sexuales y los no sexuales. Tanto en un caso como en otro existe una gran variedad de funciones. Entre los primeros encontramos camareros, cajeros, cocineros, limpiadores, guardianes de puertas y coches, etc. También entre los segundos encontramos trabajos distintos: si se trabaja como telefonista en una línea erótica ni siguiera se ve al cliente; cuando se desempeña como bailarina, en muchos lugares significa moverse desnudo y nada más; en ocasiones posan desnudas, actúan o se masturban sin ser tocadas por los clientes; incluso cuando se trata de "sexo completo", no es lo mismo actuarlo para una película pornográfica que hacerlo en un burdel o, por ejemplo, con clientes de sexólogos. Evidentemente, son trabajos distintos, desempeñados unos en bares, otros en casas, oficinas o consultorios. En unos la trabajadora controla más la situación y la jornada; en otros carece de control. Pero también ocurre algo similar si observamos las muchísimas formas de contacto físico/sexual: parece evidente que hacer sexo oral a clientes en un coche o callejón bajo la lluvia no es lo mismo que pasar una jornada dentro de un club con calefacción donde se conversa y se toman copas además de acostarse con clientes. Trabajar desde un piso propio o compartido con otra prostituta conlleva más independencia que hacerlo para un dueño, no importa lo lujoso que sea el negocio; frente a eso trabajar al lado de una carretera puede proporcionar más flexibilidad. Todo depende de las circunstancias específicas y de la personalidad individual de la trabajadora. Además influyen otros condicionantes como el sexo de los trabajadores y las expectativas de los clientes. Como hemos señalado, los trabajadores sexuales pueden ser mujeres, transexuales/transgenéricos y hombres; sus servicios pueden tener un carácter heterosexual, homosexual o ambiguo. Aunque la mayoría de los trabajadores sexuales es femenina, cada vez hay más hombres y transexuales/transgenéricos y cuando hablamos de la industria en general se incluyen todos. Las preferencias de los clientes inciden tanto sobre la modalidad de trabajo como sobre las posibilidades de los trabajadores de distinto origen; en este aspecto las preferencias de nacionalidad o fenotipo pueden o bien favorecer o bien dificultar la inserción laboral de los trabajadores inmigrantes (344). Muchos trabajos se pueden realizar a tiempo parcial u ocasionalmente, lo cual los hace convenientes para las madres (por cuestiones de horarios y flexibilidad) y posibilita usarlos como segunda fuente de ingresos. Además, no es necesario encontrar alguien que "suministre" el empleo ni son necesarias inversiones importantes para iniciar la actividad: basta con disponer de un número de teléfono y anunciarse en los anuncios clasificados de la prensa. La prostitución callejera es una de las pocas maneras de ganar dinero inmediatamente, comprar comida y llevarla a casa el mismo día; además, puede elegirse relativamente el lugar de trabajo, lejos o cerca de la propia vivienda. Para las mujeres migrantes que encuentran poco agradables o duras sus opciones ocupacionales en España (limpiezas, servicio doméstico, cuidado de ancianos, enfermos o niños), un trabajo en la industria sexual puede resultar interesante por las ventajas que obtienen. Cuando no tienen los papeles en regla, o sus permisos de trabajo están basados en documentos falsificados, trabajar en un mundo lleno de irregularidades puede que no les parezca tan arriesgado mientras los ingresos sean suficientemente elevados. Los trabajos sexuales proporcionan generalmente rentas más elevadas que los empleos comúnmente disponibles para las migrantes (y de hecho para las mujeres en general). En ciertos puestos es posible ganar un millón de pesetas o más en el ciclo mensual, lo que permite pagar en poco tiempo las deudas contratadas para emigrar. A pesar de que estas cifras son un nivel alto de ingresos es frecuente que lo consigan las migrantes bien situadas. Para ocupar estos puestos no hay barreras de color o etnia en sí: es decir, según la moda del momento, una persona que ha viajado desde un pueblo pequeño de África o Latinoamérica puede conseguir este trabajo con bastante rapidez si cuenta con los contactos necesarios. Además no existen grupos que siempre ocupen los rangos más bajo o el más alto de la industria: un tipo despreciado en un lugar puede ser el preferido en otro. No obstante, no todas las trabajadoras sexuales obtienen rentas tan elevadas; la gama de posibles ingresos en la industria del sexo en Europa es muy variada (345). Las diferencias existentes pueden fomentar migraciones hacia los espacios donde las tarifas son más altas; para conocerlas la trabajadora tiene que estar ya dentro de la industria: necesita contactos y una visión de futuro. Existen otras clases de condicionantes que hacen subir o bajar los ingresos de los trabajadores. Por ejemplo, en la gran mayoría de los países europeos las trabajadoras del sexo no pagan impuestos por los ingresos recibidos (sólo lo hacen en países donde oficialmente deben 'inscribirse' como prostitutas, por ejemplo en Alemania). Por otra parte, según el nivel del negocio en el que se desempeñen, las migrantes pueden tener gastos importantes (ropa, zapatos, transporte, sobornos que pagar, etc.) o pueden estar sometidas a sistemas de multas impuestas por el dueño del local de trabajo (por retrasos, no aceptación de clientes, etc.). Por el contrario, entre las desventajas de los trabajos sexuales, la peor es su carácter clandestino, que afecta tanto a autóctonas como inmigrantes, pero incide especialmente sobre estas últimas. En general, las migrantes ocupadas en el sector han pasado alguna vez en Europa por situaciones de precariedad laboral y de estigmatización social pero ambas provienen principalmente del carácter alegal de los servicios sexuales, que implica la no existencia de protección laboral para los trabajadores: ni contratos, ni seguridad social, ni derechos sociales, ni sindicatos para exigirlos. Ya que la industria no es legal en sí (aunque los bares, clubes, restaurantes o agencias lo sean), los trabajadores, salvo algunas excepciones, no sólo quedan excluidos de las prestaciones sociales básicas, sino que pueden verse privados de derechos civiles, como el de protección policial cuando son violados, robados o coaccionados en el ejercicio de su profesión. En esta situación de falta de cobertura, el jefe, dueño del negocio o proxeneta tiene libertad para imponer cualquier condición injusta a los empleados. Según investigaciones hechas en diversos países, la queja más importante de los trabajadores es contra los abusos de la policía: hacer redadas sólo para cumplir requerimientos de arrestos; chantajear o pedir servicios sexuales gratuitos a migrantes; perseguir a las extranjeras por pertenecer a determinado grupo étnico o por ser transexuales. En todos los lugares los trabajadores se quejan mucho más de policías que de clientes y "chulos" (346). A la hora de analizar los espacios físicos donde se desempeñan las mujeres en el sector del sexo, se tiene que distinguir entre el sitio en el que se efectúan los contactos entre trabajador sexual y cliente y los lugares en los que se prestan los servicios. Así, casi siempre se habla de "la calle" aunque, en general, el servicio que se acuerda allí no se realiza en la calle sino en un coche o una habitación. Por su parte, los contactos que no se hacen en la calle se realizan en bares, clubes o pisos. En la situación española resulta más fácil conocer las condiciones laborales existentes en bares, clubes, y hoteles de plazas, pero aún ahí nos encontramos con muchas situaciones distintas. Por eso conviene trazar los rasgos generales de los lugares de ejercicio de la prostitución. De modo sintético, esta diversidad se describía en 1992 referida a Asturias: "La prostitución callejera representa el 6,5% del total, siendo el sector mayoritario el de las whiskerías (42%), que están en mejores condiciones en la mayoría de los aspectos personales y laborales. Le siguen en importancia los clubes de carretera (15%), que presentan una gran variedad de condiciones, desde las asimilables a las whiskerías urbanas, hasta los locales de condiciones higiénicas deplorables. También se han localizados algunos clubes de casi secuestro, proxenetismo duro tradicional, horarios de trabajo y número de servicios exhaustivos. Un 11% trabaja en bares, en muchos casos como simple lugar de contacto. Un 7,5% trabaja en pisos normalmente regidos por una patrona y en general en condiciones aceptables. Aún minoritario pero en notable crecimiento futuro es el de las que trabajan en centros que se publicitan como de masajes (2,9%). Finalmente en el capítulo otros se sitúan las nuevas formas, también en ascenso, tales como cita telefónica, acompañantes para congresistas, dependientas de grandes centros comerciales, y las de hoteles de lujo" (347). Esta diversidad implica que no se puede generalizar sobre toda la industria si observamos sólo la situación de la calle, ni tampoco si se observan sólo los pisos, dada su peculiaridad. A continuación describimos las cinco modalidades más importantes. A) La calle Es la forma más estudiada de prestación de servicios sexuales en España pero también, probablemente, la menos utilizada, a pesar de la visibilidad que le otorga su propia característica y ciertos enfoques de los medios de comunicación. En algunas zonas del país casi no existe prostitución callejera o se reduce a grupos marginales (mujeres mayores y/o jóvenes toxicómanas, según se constata en ciudades como Vigo, Pamplona, Bilbao, etc.); sin embargo en otros lugares adquiere una posición importante realzada por su concentración en espacios urbanos destacados (Casa de Campo y zona centro en Madrid, El Raval y zona de Pedralbes en Barcelona, etc.) más que por el número en sí de personas ocupadas en la misma. A pesar de ser el segmento más estudiado no existe ninguna investigación general sobre el mismo y frecuentemente las aproximaciones realizadas o son pequeñas etnografías o tienen sólo un enfoque epidemiológico. De los resultados obtenidos, se subraya que la movilidad es alta: no se ejerce en una sola zona, sino que dependiendo de la hora del día se estará en una zona y se cobrará un precio y esa misma persona a otra hora y en otra zona tendrá otro precio por el mismo servicio sexual. Por ejemplo, en Madrid la Casa de Campo es zona de ejercicio durante el día y la noche pero los precios son bajos, por ello una parte de esas prostitutas ejerce en la zona de Capitán Haya durante la noche a un precio más elevado; en Barcelona la situación es similar con respecto al barrio chino y Pedralbes (348). B) Clubes, dentro o fuera de las ciudades Es la modalidad más destacada en España, y la más conocida en la mayoría de las regiones, sobre todos ellos que que están situados en las afueras de las ciudades o en los márgenes de las carreteras. Están abiertos al público a partir de las primeras horas de la tarde-noche hasta la madrugada; entre su clientela habitual se encuentran transportistas profesionales, viajeros ocasionales y personas de la misma zona que se trasladan allí. El cliente puede tomar sólo copas o buscar un servicio sexual. Se conocen por varias denominaciones, que no necesariamente se especifican en los rótulos con que se anuncian; además, los nombres han ido cambiando en los últimos años (de whiskerías o barras americanas a clubes de alterne) pero las formas de ejercicio de la prostitución han cambiado poco. Algunos de estos clubes (bares y hoteles) se anuncian en las guías de turismo o de ocio locales. Recientemente se está observando una reestructuración de estos lugares: desaparecen los más pequeños, antiguos y peor dotados mientras se construyen otros nuevos, más grandes y con equipamientos no conocidos hasta el momento, que reciben el nombre de hipermercados del sexo. En el informe-2000 de la Guardia Civil se constata que en las zonas rurales estudiadas el número de clubes ha descendido de 953 a 890 entre 1999 y 2000, mientras que el número de mujeres se incrementó en un 16% (14.089 personas). La cantidad de empleadas varía entre 3-5 hasta 50 o hasta 100. En esta categoría las posibilidades son numerosas, desde un negocio claramente pensado para comercio sexual hasta un bar que se ha convertido en sitio de encuentro entre cliente y trabajadora pero no de prestación del servicio sexual. En general, el dueño del establecimiento cobra un porcentaje de los servicios sexuales si se realizan en el mismo; cuando se efectúan en otro lugar pero la trabajadora está empleada en el establecimiento como camarera, o cuando tiene un acuerdo con el dueño, éste puede cobrar "la salida" de la mujer al cliente como compensación por el tiempo en que ella no esté animando a otros a consumir bebida; en otros casos la ganancia del propietario se limita a la venta de bebidas (que tienen precios bastante más altos que el normal en todo establecimiento). El estudio realizado en Asturias (1992) encontró casos en los que los dueños hacían un contrato escrito a la trabajadora como camarera o limpiadora, a veces bajo la condición de que ésta pague las cotizaciones a la Seguridad Social. Pero más frecuentemente se trataba de un acuerdo verbal, cuyo modelo típico era el siguiente: a) nada de drogas en el establecimiento; b) nada de alcohol, excepto en los casos en que el precio superara las 3.000 pesetas de consumición; c) se cobraba el 50% de lo que pagaran los clientes por los servicios, más un salario diario (entonces de 4.000 pesetas; d) existía penalización por no cumplir los horarios de trabajo (sin el sueldo del día y/o con reducción de la comisión); e) obligación de someterse a controles médicos periódicos (349). El estudio realizado en Castilla y León (1997) no describe los aspectos financieros y laborales en los clubes-cafeterías, y señala la ambigüedad de muchos establecimientos de bebidas, que mantienen alguna parte como "reservado" para realizar actos sexuales pagados. En general, cuando se vendían bebidas las trabajadoras recibían una parte del precio (en torno al 50%) de cada copa. Una característica importante de este subsector es la costumbre de alejarse de zonas residenciales (aunque existen muchas excepciones), para evitar posibles problemas con vecinos. Dada la variedad entre los clubes, los precios de los servicios ofrecidos también varían, así como los acuerdos y las normas para trabajar, dependiendo del dueño y su clientela pero también de las mujeres que en cada momento trabajen. Como hemos visto, los clubes son los lugares en los que se desempeñan más mujeres migrantes; todas las informaciones apuntan a que éstas constituyen el grueso de las trabajadoras en este tipo de establecimientos. Respecto a la ubicación territorial de los clubes, sólo el informe de la Guardia Civil presenta una base informativa amplia, aunque limitada al ámbito rural. En ese informe no se distingue entre las modalidades de clubes, tal como las presentamos aquí. Puesto que el recuento se refiere al mundo no urbano no es extraño que las provincias más rurales sean las que presentan mayor número de establecimientos. Así La Coruña, la primera en número de establecimientos (63), tiene casi el doble que Barcelona (32) y bastantes más que Madrid (45) a pesar de la diferencia de población entre aquella y éstas; por otra parte se confirma la tendencia al aumento del tamaño de los clubes. C) El sistema de plazas (club y hotel) Esta modalidad es relativamente reciente en España, parece haberse desarrollado desde mediados de los 90. En este caso las trabajadoras pagan una tarifa diaria, que suele variar entre 3.000 y 8.000 pesetas, durante los veintiún días que están residiendo en el local. Como contraprestación obtienen pensión completa: vivienda, alimentación y lugar de trabajo. Parte de estos establecimientos son antiguos hoteles de carretera restaurados para este fin; el negocio principal de los propietarios es el alquiler del ciclo mensual de veintiún días. Además, la ganancia por bebidas servidas en el bar, que depende del trabajo de "animación" de la trabajadora, se reparte habitualmente por mitades entre ambas partes. Existen distintos sistemas de vales para llevar el seguimiento de las bebidas servidas y las salidas de las trabajadoras, siendo el cajero del lugar la persona encargada de tal seguimiento: "Tienes una taquilla donde va tu dinero, a la noche recoges tu dinero, lo entregas en caja y luego al final te dan lo que es un vale y al final de la plaza te entregan todo tu dinero" (Trabajadora en Pamplona) (350). En España lo habitual parece ser la existencia de tarifas únicas cobradas al cliente por servicios de unos veinte minutos. Tales tarifas varían en función de la categoría del establecimiento y de la región en que se encuentre; la gama de precios oscila generalmente entre 3.000 y 15.000 pesetas por servicio básico. A partir de estas tarifas las trabajadoras pueden percibir mensualmente entre 300.000 y 1.500.000 de pesetas (que incluye sus cuotas de las bebidas vendidas). Hay que tener en cuenta que de esta cifra debe deducirse el coste de la plaza (entre 60.000 y 200.000 mensuales) más los gastos propios del oficio (ropa, cosmética, peluquería, etc.). A partir de dichas deducciones se establecen las ganancias netas de las trabajadoras, que en el caso de las inmigrantes pueden emplearse parcialmente en envíos al país de origen, como pago de deudas y/o manutención de familiares. Puesto que la trabajadora paga por residir en el hotel, en principio no tiene más obligaciones con los propietarios: puede trabajar lo mínimo para cubrir gastos, abstenerse de hacerlo algún día, o bien realizar jornadas prolongadas. No obstante, en la medida en que los propietarios también obtienen ganancias por las bebidas vendidas, no le interesan las trabajadoras que pasan poco tiempo en el bar, sea porque se entretienen demasiado tiempo en las habitaciones con los clientes o porque prefieren trabajar menos. En este aspecto los intereses de ambas partes pueden no coincidir; el margen para la discrepancia se reduce cuando mayor es el coste de la plaza (pues el propietario depende menos de los ingresos de la barra) y se incrementa cuando el establecimiento depende más de los ingresos por la venta de bebidas. Según Laura Oso el sistema de plazas ofrece ventajas claras para las mujeres migrantes que trabajan en el sector: "El club... permite reunir un monto considerable de dinero en poco tiempo, facilitando el ahorro... ofrece el alojamiento y la manutención, eliminando las dificultades y costos que supone alquilar un piso (donde se requiere disponer de la documentación en regla), pagar los gastos de comida, etc. Es decir, facilita, al igual que el servicio doméstico interno, la inserción inicial a la sociedad de acogida para las recién llegadas. Además el trabajo en clubes favorece la movilidad. Las mujeres van rotando de un negocio a otro, en función de la oferta de trabajo" (351). D) Pisos de contactos En la actualidad el término piso de contacto ha sustituido lo que antes solía llamarse casas de citas. . Entre sus rasgos específicos destacan su carácter de pequeño negocio (generalmente se trata de locales en los que trabajan entre una y diez personas, no siempre de forma simultánea), así como la relativa clandestinidad de sus actividades (no existen señas físicas que identifiquen al lugar como espacio destinado a los servicios sexuales). Puesto que no están a la vista del público su método para captar clientela son los anuncios en prensa, que ofrecen teléfonos de contacto a través de los cuales se conciertan citas; también los teléfonos se utilizan para concertar otros servicios desempeñados en hoteles o domicilios. Muchos de estos pisos se encuentran en edificios tranquilos y discretos. No existen estimaciones globales sobre el número de pisos existentes en España; la contabilización es particularmente difícil dado su carácter poco visible y la rapidez con que aparecen o desaparecen. Sí es evidente su proliferación, al menos en el mundo urbano, analizando los anuncios especializados en los periódicos de todas las ciudades, en revistas especializadas y en Internet. Un estudio llevado a cabo de los anuncios de relax en los periódicos de ámbito nacional (edición madrileña) efectuó un recuento del número de anuncios y su coste: la media diaria de anuncios fue de 2.060 y el número medio de ejemplares publicados (de El País, El Mundo, ABC y otros) fue de 562.584, representando una inversión de unos 1.500 millones de pesetas anuales (352). La variedad entre los sitios es enorme, porque son básicamente pisos alquilados que funcionan según las normas impuestas por gerentes/regentes individuales. Desde estos establecimientos se ofrecen variedad de servicios especiales, tales como compañía para cenas, viajes, fines de semana, fiestas de despedida de solteros, o como servicios de "tríos" (con dos mujeres o con una pareja de mujer-hombre) o de sadomasoquismo. A los pisos que podemos denominar negocios estables hay que añadir los pisos "de estudiantes", en los que una o varias personas jóvenes realizan servicios sexuales de modo ocasional (incluso para pagarse los estudios). También se conoce la presencia de mujeres casadas que trabajan a tiempo parcial o por temporadas. En el estudio de Asturias, se afirma que el 7,5% de las trabajadoras del sexo trabajaba en pisos; la cifra era algo superior en Castilla y León sumando las que lo hacían en "domicilio particular" (4,6%) y "otros" como citas telefónicas, saunas, masajes, etc. (4%). Algunas trabajadoras sólo utilizan los pisos para su actividad profesional, mientras otras viven allí temporalmente, sin que el sistema llegue a constituir el de plaza. El límite de trabajadores se establece en función de la demanda, del talento organizativo y de relaciones de la persona que monta el piso, y del espacio físico disponible. Las tarifas que se cobran al cliente varían entre regiones y en función del tipo de servicio prestado; generalmente el dueño del negocio cobra un porcentaje de la cantidad obtenida. Respecto a la forma de captación de las trabajadoras en pisos valgan las siguientes citas:
"La admisión de prostitutas se efectúa por recomendación, contactos directos y redes. Los locales presentan variedades en cuanto a las reglas de trabajo, los servicios que ofrecen, y la tipología de clientes que los frecuentan. La movilidad es alta a lo largo de la geografía nacional e internacional" (353). La puesta en marcha de este tipo de establecimiento es más simple que la de un bar, club u hotel, dado que el desembolso inicial es mínimo. En ocasiones el inicio del negocio coincide con el descenso de trabajo en otras modalidades; el piso aparece como alternativa viable o, al menos, como complemento de actividad del resto de opciones en la industria del sexo. Una empresaria inmigrante que ha montado varios pisos, nos comenta cómo comenzó:
"Pues estaba en el club y una chica me dijo que tenía un piso, que si quería... Entonces ya vi que el trabajo estaba decayendo en el club y en el piso podía... Y entonces ya decidí quedarme en el piso... Y luego ya aprendí lo que es el tejemaneje del piso, las cosas del piso y monté mi piso... Ya lo monté yo sola el piso, o sea, no tenía chica todavía porque conocía a muchas pero nadie quería arrancar del club para ir conmigo; luego me tuve que quedar ocho o nueve meses con el piso sola y después ya vinieron las chicas". Las razones de la preferencia de los clientes por este tipo de pisos, en lugar de los establecimientos más extendidos como los bares, clubes, hoteles, parecen basadas en la discreción que los mismos prestan al cliente. Los ambientes que se crean en los pisos pueden percibirse más discretos que otros y por eso convenir a clientes que no quieren chocar con otros. E) Otros espacios y servicios relacionados con la industria del sexo Tal como se señala en casi todos los estudios sobre el sector, existe un segmento al que se denomina "de alto nivel", que incluye pisos de lujo, algunos servicios de acompañantes y algunos servicios de sadomasoquismo. Otros negocios que se presentan como "relaciones públicas" participan abiertamente de las características de la industria del sexo: relacionar a ricos empresarios con jóvenes guapas disponibles es una tarea de "facilitadores sociales" que se ocupan de asegurar que actos sociales o promocionales de alto nivel sean divertidos. O bien se trata de personas con dinero que quieren demostrar "sus trofeos de caza" (354): mujeres u hombres jóvenes y bellos. Sobre dicho segmento existe gran opacidad, favorecida por las exigencias de discreción de la clientela pero también de una parte de las trabajadoras, cuyas estrategias vitales pudieran verse obstaculizadas si se las asociara con la prostitución. Es interesante notar a este respecto que mientras la casi totalidad de investigadores epidemiológicos o sociales consideran inaccesible este segmento de trabajadores de los servicios sexuales, el informe de la Dirección General de la Policía de 1986 dedicó un 50% de su muestra al mismo. Por tanto, aunque existen dificultades puede que el desconocimiento se deba en gran parte a los propios prejuicios de los investigadores. Otro espacio de desarrollo de los servicios sexuales son algunos locales de masajes, saunas y establecimientos de relax. A este segmento no se le ha prestado suficiente atención a pesar de que es posible identificarlos a través de los anuncios en prensa escrita y en Internet. El estudio realizado en Asturias detectó que el 2,9% de las prostitutas ejercía en "centros de masaje". Buena parte de estos locales funcionan legalmente, aparentemente dedicados sólo a la actividad que anuncian, aunque de forma más o menos clandestina pueden funcionar como lugar de contactos sexuales pagados. Las nuevas formas de negocio del sexo están siendo vehiculadas a través de nuevas tecnologías, principalmente a través del video y de Internet. El negocio del sexo en la red (ciberporno) constituye uno de los motores básicos de crecimiento de la propia red. Las modalidades de visión de material erótico son varias pero se pueden reducir a dos: el cine para adultos y los shows en vivo. Hoy día la mayor parte del negocio se centra en los videos para adultos, para exhibición en salas especializadas, en venta yalquiler para consumir en casa y para distribución en el mercado de pago por visión en los hoteles. Pero la mayor novedad del ciberporno ha sido el traslado a la pantalla del ordenador de los tradicionales peep shows de las tiendas de sexo del mundo real; las modalidades son a través de dos formas consolidadas en la red: la webcam y los chats, y formas de pago fijo mensual o por tiempo de conexión o mediante llamada a un número 900. Recientemente se han conocido los primeros datos sobre internautas españoles respecto al ámbito del ciberporno y comparados con la situación en Alemania, Gran Bretaña, Dinamarca y Francia; es llamativo que los españoles sean los que más se conectan a páginas porno y los segundos después de los alemanes que más tiempo se mantienen; así mismo es también llamativo que las mujeres internautas españolas sean las que más tiempo de conexión mantienen a estas páginas entre las mujeres europeas (355). En suma, las prácticas, los servicios y los lugares de la industria del sexo están tan presentes o más en España que en otros países.
Notas (344) Valgan como ilustración estos testimonios recogidos en nuestro trabajo de campo en Navarra: |
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