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La insignia
10 de enero del 2005


Palestinos: Sonrían a la cámara, por favor


__Especial__
Palestina
Alberto Arce
La Insignia. España, enero del 2005.



Por fin, los palestinos han hecho lo que se les han pedido desde el exterior. Tal ha sido el punto muerto al que se he llegado en el proceso de paz. Primero han tenido que esperar a la muerte de Arafat, su incontestable líder, para que tanto el gobierno israelí como el estadounidense y los europeos volviesen a llenarse la boca con la palabra "paz". Una paz que será impuesta desde el exterior y sin trastocar o perjudicar en ningún caso los intereses del Estado de Israel y su política sionista. ¿Por qué ahora? ¿Tal era la unidad inquebrantable entre el "Raís" y su pueblo?. Además han tenido que aceptar que las elecciones para elegir a su sucesor se celebrasen entre condicionamientos lo suficientemente fuertes como para verse "obligados" o "presionados" a designar presidente de su fallido Estado al candidato de deseado por los EE.UU. e Israel, Mahmud Abas (Abú Mazen).

Aún así, y de confirmarse los buenos resultados de Mustafá Bargouti, partidario de una "línea dura"que en la práctica resulta más coherente con la evidente imposición de negociar con Israel sin que se produzcan concesiones por parte del ocupante, la sociedad palestina ha respondido sin el aparente consenso que se les exigía desde el exterior. Además, hay que añadir que las organizaciones islámicas (que en las elecciones municipales han aumentado de manera importante su respaldo popular) no han participado en estas elecciones. Difícilmente se podrá asegurar, sin faltar a la verdad, que la existencia de una oportunidad histórica para la paz no responde a los intereses y el poder de Israel más que a la predisposición de los palestinos a negociar algo en la situación actual.

En los noticieros de la noche electoral, todos los españoles hemos podido observar como 800 observadores electorales de la Unión Europea con Javier Solana, su responsable de Política Exterior y de Seguridad a la cabeza, se limitaban a asegurar que las elecciones habían sido "limpias", es decir, que los palestinos habían sido capaces de participar limpiamente y sin fraude en un ejercicio intachable de democracia interna. Eso sí, recalcando que Hamas y la Yihad Islámica habían decidido boicotear las elecciones. Los "violentos palestinos" continúan sin creer en la paz, pero nosotros mantenemos el silencio sobre lo que supone la ocupación militar israelí sobre los habitantes de Gaza y Cisjordania y dejamos claro que son los palestinos quienes deben mover ficha. ¿Deben reconocer que han perdido y rebajar sus aspiraciones?

Resulta especialmente interesante el enfoque de la noticia presentado en el telediario de la noche de la televisión pública y la explicación dada por su corresponsal en Jerusalén, Agustín Remesal. Entre imágenes de resistentes palestinos que acudían armados a votar (si Hamas y Yihad no participan en las elecciones sólo queda que fuesen miembros del brazo armado del partido del futuro presidente) aseguraban que la participación había sido baja y que eso mermaba la legitimidad del ganador de las elecciones. Esto sucede en un momento en que el liderazgo palestino debía estar a la altura de las circunstancias para darle un impulso a la paz y mencionaba, para reforzar esa posibilidad, que también el gobierno israelí se renovaba y adquiría legitimidad para negociar con los palestinos, siempre según la televisión pública española.

Las imágenes de los noticieros no han elegido centrarse en los puntos de control del ejército israelí que cuartean el territorio de Cisjordania; han preferido que no viésemos cómo los habitantes de ciertos pueblos palestinos tienen que dar rodeos de tres horas para recorrer 300 metros debido al muro con el que Israel trocea su territorio. Incluso Javier Solana aparecía, con sus habituales campechanía e ilusión, asegurando que era un día feliz para los palestinos. Esta noche, por primera vez, he tenido la sensación de que los palestinos han perdido en su lucha por la libertad y he entendido en qué consiste la complicidad de nuestros gobiernos con la ocupación militar israelí. Resulta penoso ver cómo un ex presidente de EEUU debe negociar con Israel para conseguir que los habitantes de Jerusalén puedan votar por correo en su propia ciudad. Peor aún, oir que incluso lo considera un logro positivo. Es vergonzoso que la comunidad internacional acepte esto sin emprender acciones concretas contra Israel y pretenda además que los palestinos lo acepten.

Les están imponiendo el futuro. Les están indicando quién debe ser su líder. Mantienen silencio sobre el genocidio al que están siendo sometidos. Mienten sobre su situación interna. Cubren de descalificaciones a quienes les disgustan. Callan frente a sus enemigos. Mientras aplauden ante la vergüenza, sin un atisbo de culpabilidad al respecto, ponen en escena su derrota definitiva y les piden que sonrían a la cámara para poder enseñar las fotografías a sus amigos. Como probablemente hacían los oficiales del ejército colonial inglés en la década de los cuarenta.



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