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La insignia
5 de agosto del 2005


¿El principio de un cambio?


__Especial__
Palestina
Alberto Arce
La Insignia. España, agosto del 2005.



Hace al menos cinco meses que el pequeño pueblo de Bilin, cercano a Ramala, resiste de manera no-violenta contra la construcción del muro de apartheid. Todos los viernes, y cada día con un lema diferente, los habitantes del pueblo organizan, junto a activistas internacionales e israelíes, manifestaciones en defensa de su tierra y su libertad que sistemáticamente terminan rodeadas de gas lacrimógeno, balas de goma, palizas y arrestos. Abdala Abu Rahme, uno de los líderes del comité local contra el muro, acaba de ser liberado bajo fianza (pagada en parte por un israelí) tras más de dos semanas de detención administrativa en la base militar de Ofer. Se le acusaba falsamente de atacar a un soldado, como se acusa a todos los palestinos, activistas internacionales e israelíes que son detenidos juntos en las protestas pacíficas que tienen lugar cada día en los territorios ocupados.

La novedad radica en que, a lo largo del último mes, ciertos jueces y medios de comunicación israelíes empiezan a plegarse a la evidencia de que la única violencia que puede apreciarse en las manifestaciones es la que ejercen los soldados de un ejército que ocupa Palestina desde hace décadas. Cada manifestación es grabada por decenas de cámaras de video y fotografiada hasta la saciedad. Posteriormente esas cintas y fotografías son utilizadas por los activistas y los abogados israelíes que colaboran con ellos para lograr sistemáticamente la liberación de los detenidos.

Las manifestaciones de Bilin han dado el salto. Han dejado de ser objeto de listas de distribución militante de esa "ultraizquierda" que debate sobre teorías y principios y se mancha poco las botas de barro sobre el territorio, para pasar a ser un puñetazo en la cara del Parlamento y el ejército israelíes. Las movilizaciones no violentas conjuntas de palestinos, israelíes y activistas internacionales son el camino para luchar por la dignidad del pueblo palestino si queremos terminar con la malintencionada visión de palestinos encapuchados y armados que los medios de comunicación acostumbran a transmitir y que tan poco contribuye al conocimiento de su causa. Si queremos que la solidaridad con el pueblo palestino aumente, debemos esforzarnos en aumentar y amplificar los ejemplos constructivos por la paz que aquella tierra nos ofrece continuamente para poder contrainformar respecto a la violencia que la destruye.

¿Cómo podría calificarse, si no es de constructivo, el hecho de ver juntos en una misma movilización a Mohammed Barakeh (miembro árabe del parlamento israelí por el partido Hadash Taal) y a Hassan Yusef, uno de los líderes de Hamas? Que miembros árabes del Parlamento israelí participen en manifestaciones en los territorios ocupados no es algo demasiado común. Pero que ese mismo miembro del Parlamento israelí sea requerido por la policía inmediatamente después de la movilización para que se persone en la comisaría a declarar acusado, también él, de agredir a un soldado, es absolutamente impresentable y es su respuesta, precisamente por ser miembro del Parlamento, lo que salta a los medios israelíes: "Cada semana somos testigos de un nuevo ataque de las fuerzas de seguridad contra el pueblo de Bilin. Las víctimas de sus balas de goma allí no son sólo palestinos sino israelíes e internacionales que se manifiestan de modo no violento contra el muro de apartheid y nos permiten ser testigos de la hipocresía del gobierno Sharon a la hora de tratar de modo diferente a los manifestantes que defienden la justicia y los que defienden la injusticia (refiriéndose a los colonos que se manifiestan contra la desconexión de Gaza)".

El hecho de que israelíes y activistas internacionales afronten ser arrestados, o heridos con balas de goma, en estas manifestaciones, sirve para abrir un debate en la sociedad israelí. Hace poco más de un mes, el soldado que disparó en la cara al estadounidense Brian Avery, activista del ISM, fue condenado por la justicia israelí. El soldado que asesinó al británico Tom Hurndall, también del ISM, ha sido condenado del mismo modo. Sus penas han sido leves. Pero han sido condenados. Y eso genera un debate. Falta aún que se condene al soldado que asesinó con su Bulldozer a Rachel Corrie o al que disparó en las rodillas a Gil Naamati. Y por supuesto, prácticamente ninguno de los soldados que han asesinado palestinos a lo largo de estas décadas ha sido condenado por sus crímenes.

El debate que se abre es un debate duro y las más de las veces estéril. Pero Bilin es un pueblo que ha colocado un problema, un grave problema, en la discusión israelí sobre la agenda de su seguridad. Y lo ha hecho a través de la no-violencia y la cooperación con todas las personas que se sientan solidarias con su causa independientemente de cuál sea su origen. Lo importante es entender a qué sociedad se quiere llegar. Qué se quiere construir para el futuro. Y no de dónde se viene o en qué sociedad ha nacido uno. Casi nunca, por no decir nunca, uno elige dónde nace. Pero si elige dónde quiere vivir. Y cómo quiere que su país sea. Los israelíes que no quieren seguir viviendo para el sistema sionista y racista que actualmente gobierna su país, no tienen por qué irse. Pueden y deben luchar junto a los palestinos por construir ese futuro mejor para ambos. Ése es el ejemplo a defender. Por más que les pese a todos quienes critican a los palestinos, que permiten y refuerzan la presencia de israelíes y activistas internacionales en sus actividades de resistencia.

De estos hechos podemos extraer ciertas conclusiones: es importante grabar y fotografiar todo lo que sucede ya que es el único modo de contribuir a que la verdad se conozca y la importancia de que cada vez que un palestino es detenido es una protesta no violenta, un activista israelí o de otro país sea detenido junto al palestino. Por más que les pese a los más fervorosamente propalestinos de entre los militantes de la solidaridad extranjera, no son sino los palestinos quienes fomentan y dan importancia al hecho de que activistas israelíes e internacionales participen con ellos de la resistencia contra el muro y la ocupación.

Así que todos los que llevan consigo una cámara a Palestina contribuyen a que se esclarezca la verdad y cada vez sea difícil mantener las mentiras israelíes y todos aquellos que realmente quieran luchar contra el muro y la ocupación de Palestina deben dejar de hacerle el juego a quienes pretenden dividir su causa y agarrarse del brazo de todos aquellos que luchen por la misma causa y con los mismos medios. Unidad y solidaridad. Palestinos de Hamás e israelíes anarquistas junto a estudiantes alemanes y profesionales judíos de la costa Este de EEUU. Todos juntos contra la injusticia. Ni izquierda contra derecha ni laicismo frente a religión. Solamente justicia frente a injusticia.

Es cierto que los palestinos continúan cayendo asesinados a diario por el ejército de ocupación en sus protestas. Es cierto que todo ciudadano internacional o israelí que participe de cualquier protesta sabe que las posibilidades de morir son ínfimamente menores que las que tiene un palestino. Pero lo que importa en este caso es la calidad y no la cantidad. Desde diferentes circunstancias pero en el mismo escenario. Así es como se lucha y son precisamente las movilizaciones no violentas con presencia de activistas israelíes y de otros países aquellas donde los palestinos gozan de mayor libertad de movilización frente al ocupante. La presencia de los activistas extranjeros rebaja sistemáticamente el nivel de violencia que el ejército puede utilizar para disolver las manifestaciones. Frente a las críticas, ni los israelíes ni los internacionales ejercen de "escudos humanos", ni son personas jóvenes e inconscientes que se ponen en riesgo sin saber a qué se exponen. Todos los activistas israelíes que participan en las mismas son personas de distitnas edades y condiciones con un largo historial de movilización a sus espaldas: maduros rabinos, jóvenes anarquistas o mujeres del kibbutz; en cuanto a los activistas internacionales, enmarcados en el ISM, pasan por períodos de entrenamiento antes de salir al terreno para movilizarse.

Es cierto también que son pocos. Que el hecho de que algunos centenares de israelíes hayan decidido dar el paso de atravesar el muro en que no sólo se encierra Palestina sino también su futuro como israelíes, no significa que el Estado de Israel no sea un "Estado villano" y que la mayoría de su población apoye incondicionalmente las políticas racistas de Ariel Sharon. No trata de ser este artículo una defensa de Israel. Pero siempre son las iniciativas de las minorías justas, de entre las mayorías silenciosas, las que terminan por cambiar la historia. Y la historia de muro terminará con un derribo. Un derribo al que hay que contribuir desde ya mismo.

Sería interesante comenzar a subirse la mangas de las camisa, como hacen cada día quienes se manifiestan en Bilin, con menos complejos ideológicos de los que se pueden observar entre parte de la izquierda que colabora con los palestinos, como casi siempre más interesada en resolver sus disputas internas y sus raquíticas cuotas de poder nacional que en hacer algo que les resulte útil a los palestinos. Siempre queda el debate sobre las interpretaciones del marxismo, la cuestión nacional o últimamente el laicismo para justificar por qué son otros los que están en primera fila, jugándosela junto a quien lo necesita y donde se necesita.



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