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| 29 de agosto del 2005 |
Inmigración y desarrollo económico
Confederación Parlamentaria de las Américas (COPA). Ecuador, agosto del 2005. Edición para Internet: La Insignia
Intervención de Guillermo Landazuri Carrillo, presidente de la Confederación Parlamentaria de las Américas (COPA) y diputado ecuatoriano, en el seminario «Migración y desarrollo económico: el papel de los parlamentarios en el mundo contemporáneo» celebrado en Quito (Ecuador) los días 18 y 19 de agosto del 2005.
1. Señoras y señores parlamentarios de América, autoridades de la República del Ecuador, ciudadanos y ciudadanas ecuatorianos. 2. Quiero en primer lugar, agradecer la presencia de todos ustedes y de manera especial la de los parlamentarios de Argentina, Brasil, Canadá, Cuba, España, Estados Unidos, México, Perú, Paraguay, República Dominicana, San Salvador y Venezuela, que nos honran con su visita. 3. Es para mí muy satisfactorio, como diputado del Congreso Nacional del Ecuador y como Presidente de la Confederación Parlamentaria de las Américas-COPA, darles la bienvenida a este foro parlamentario de COPA que se realiza en Quito-Ecuador y que congrega a representantes de las Américas para tratar un tema de singular importancia como es el de las migraciones y el desarrollo económico. 4. La COPA, Confederación Parlamentaria de las Américas, es un foro permanente, integrado por 34 Congresos y Parlamentos de América. Reúne a las asambleas parlamentarias de los estados unitarios, federales y federados, así como a los parlamentos regionales y organizaciones interparlamentarias de las Américas. Desde su creación, en 1997 en Québec, la COPA aspira representar ante las instancias ejecutivas de las Américas, los intereses y aspiraciones de las poblaciones del continente respecto a las problemáticas e impactos planteados por el proceso de integración continental. Como una institución integradora y democrática, busca el desarrollo y fortalecimiento de los medios de acción parlamentaria en el marco del proceso de integración continental y de la globalización; y promueve las actividades de los parlamentarios, contribuyendo a la consolidación de la democracia y a la edificación de una comunidad de las Américas basada en la paz y la justicia social. Para lograr una mayor participación de los parlamentarios y cumplir con los objetivos de la organización, existen seis comisiones temáticas dentro de COPA, que trabajan en función de sus campos de competencia. Son las comisiones de: Democracia y Paz; Economía, Comercio, Trabajo y Bloques Comerciales; Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología; Salud y Protección Social; Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible; y, Derechos Humanos, Pueblos Indígenas y Seguridad de los Ciudadanos. Mi primer acercamiento con la COPA fue en noviembre el año 2002 , cuando por una invitación del entonces vicepresidente de la organización, el doctor Oswaldo Molestina, asistí a la IV Asamblea General en Ixtapan de la Sal en México. Al asumir en mayo de este año, la presidencia de esta organización, mi propósito fundamental es afianzar a la Confederación Parlamentaria de las Américas como el foro más representativo de diálogo parlamentario, a través de seminarios internacionales en diferentes ciudades del continente, en encuentros que no solamente incluyan a los parlamentarios, sino a otros actores fundamentales de nuestras sociedades como académicos, políticos, organizaciones sociales. Y propiciar un diálogo profundo y constructivo que nos permita encaminar las reformas necesarias para construir las sociedades prósperas que anhelamos y que nuestros pueblos se merecen. COPA sensible al desafío que representan los objetivos del milenio trabajará en función de apoyo a los mismos, a través de la labor parlamentaria de promoción de leyes que otorguen prioridad a la equidad, educación, salud, género, etnia y sostenibilidad ambiental. 5. Precisamente en la búsqueda de sociedades más justas y desarrolladas, uno de los temas que se hace inevitable y está marcando un debate histórico en América y el mundo es el papel de las migraciones internacionales y su repercusión en el desarrollo de los pueblos. El fenómeno migratorio al ser un fenómeno social ha estado presente en el desarrollo de los pueblos de todo el mundo; particularmente para América, desde su descubrimiento en 1492, la migración dio paso a la fusión de culturas y permitió la conformación de nuevas sociedades. La migración jamás se ha detenido, al contrario desde la época de la colonia hasta nuestros días, tanto los fenómenos naturales, políticos y sociales como las guerras, las exclusiones, el racismo, el hambre y la necesidad de alcanzar mejores condiciones de vida han derivado en desplazamientos más o menos organizados de seres humanos. Diversos estudios hablan de que entre 1800 y 1970 América Latina recibió alrededor de 21 millones de inmigrantes especialmente de España, Italia y Portugal. Naciones americanas como Brasil, Argentina, Chile son un claro ejemplo de la fusión con parte de la cultura europea. Para el siglo XX y a inicios del siglo XXI, la situación se revierte y son los pueblos americanos los que ven emigrar a su gente en búsqueda de nuevos horizontes. Datos de Naciones Unidas hablan de alrededor de 185 millones de migrantes en el mundo, de los cuales más de 30 millones estarían en situación irregular y se encontrarían expuestos a situaciones de abuso y explotación. La globalización, la apertura económica a nivel mundial, la internacionalización e interdependencia de las economías, nos abren las puertas a nuevas realidades. Estados Unidos de Norteamérica, España, Italia, Inglaterra y Alemania son los nuevos países receptores de migrantes de las Américas. Debido a las enormes diferencias entre países desarrollados y subdesarrollados, a las injustas disparidades en la distribución del ingreso, a la falta de oportunidades o la insuficiente atención de los gobiernos a las necesidades básicas en nuestras naciones, las migraciones se han convertido en la estrategia de supervivencia económica para grandes grupos de nuestras sociedades. Los flujos migratorios tienen doble efecto, inciden tanto en el desenvolvimiento de los países de origen como receptores de migrantes, unos y otros registran efectos sociales y económicos; y, sobretodo profundos dramas humanos. Los países receptores compensan sus bajas tasas de natalidad y captan mano de obra barata, fuera de la protección de las leyes laborales; incluso emplean a los migrantes para realizar trabajos que su población nativa no quiere desempeñar. Los países de origen reciben las remesas de sus ciudadanos y a través de sus ingresos contribuyen al mejoramiento de la calidad de vida de sus familias, así como al fortalecimiento de la economía de sus respectivas naciones. En el año 2004, por ejemplo, México recibió 17.000 millones de dólares por concepto de remesas de sus migrantes y Ecuador, receptó 1.600 millones, convirtiendo a este rubro en la segunda fuente de ingresos después del petróleo. La misma situación se repite en naciones como Colombia, Perú, surgiendo el desafío de cómo incorporar estas rentas a la economía y destinarlas a la reactivación productiva y no solo al consumo inmediato. Este efecto indudablemente positivo desde el ámbito económico para nuestros países deficitarios en recursos resulta sumamente oneroso para nuestra población cuando debe pagar el precio de la desintegración familiar y sus consecuencias en la formación de niños y adolescentes con padres ausentes. Un problema adicional y no menos grave es el de la migración calificada, de aquellos profesionales que tras haber obtenido un título universitario o técnico y no encontrar oportunidades de empleo y salarios dignos, emigran y sin embargo no logran ubicarse en posiciones acordes a su preparación, sino en posiciones laborales de menores requisitos académicos; lo cual desnuda tres realidades: la inferior calidad los aparatos educativos en nuestros países en relación a los perfiles que demandan las instituciones de los países receptores de migrantes, la dotación a países más desarrollados de profesionales formados a menores costos (en el caso de países que promueven la migración de profesionales y técnicos) y la llamada fuga de cerebros, que perjudica aún más a nuestras naciones ávidas de conocimiento y profesionales en los distintos campos de la ciencia, la industria y la tecnología. 6. Apremia entonces, la necesidad de contar con una política migratoria y la consecución de tratados migratorios entre los países, que respetando la dignidad de las personas, le permitan al migrante legalizar su situación y trabajar o desarrollar sus actividades con libertad, sin explotación y cumpliendo con la ley. Establecer una política de administración de los flujos migratorios que a través de la ley permita el trabajo temporal o permanente, la reunificación familiar bajo determinadas condiciones y sobretodo eviten las denigrantes formas de explotación y exclusión. Que garantice el respeto de los derechos de nuestras poblaciones y busque mecanismos legales que permitan beneficiar tanto a los receptores de los flujos migratorios como a los migrantes. 7. Finalmente, recordemos que los Parlamentos son los pilares e instituciones claves de la vida democrática de los pueblos. Que este foro abra las puertas a un debate amplio que oriente sobre las mejores alternativas para nuestras sociedades en cuanto al tema migratorio y su aporte al desarrollo económico; y nos permita vislumbrar nuevas opciones que conduzcan a un futuro más certero y digno para millones de hermanos migrantes; y, que nuestro debate, trabajo y capacidades sean los canales que contribuyan a impulsar nuestro sueño de alcanzar una América más justa, solidaria y próspera. Gracias. |
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