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| 11 de abril del 2005 |
Francisco Hernández
Amortajados amor taja dos Pez
Nada el pez chino No visitaré el reino esta mañana No visitaré el reino esta mañana ni pasado mañana y tal vez nunca. No buscaré mis pasos por el solar sombrío ni escucharé a los cuervos picotear esmeraldas alrededor del foso. No seguiré el curso del torrente con la bandera en alto ni ensartaré a los peces de vísceras hinchadas que llegan a la orilla. No estaré para levantar la tienda bajo la vibración de las colmenas ni mi corazón será turbado por la memoria de tu cuerpo desnudo. Allá, en el reino, otras manos amasarán la lluvia con la ceniza que llena el sayo de los muertos. Allá se harán pedazos los iconos, uñas ajenas adormecerán los muslos de las parturientas y las mejillas de los niños serán pasto de esos pequeños monstruos que vuelan en parejas, conducidos por un ejército de piojos. No volveré a tocarte. Tu nombre ya no pronunciaré. Aquí, sobre la espalda de un combatiente que agoniza, aceptó la derrota y esta imbécuil nostalgia por el reino. El tiempo
El tiempo, eso que yo conozco como tiempo, Pordioseros
¡Por Dios, (*) Textos tomados del libro del autor El corazón y su avispero. México, Fondo de Cultura Económica, 2004. 91 p. (Col. Centzontle) Reproducido con permiso de la editorial. |
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