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| 4 de septiembre del 2004 |
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EEUU en guerra Trasladen Nayaf a Nueva York
La República. Perú, septiembre del 2004.
Hace una semana que estoy en Nueva York, observando cómo la ciudad recibe a la Convención Nacional Republicana y las protestas consiguientes. Buena parte era pronosticable: la histeria de los tabloides acerca de un asedio de los anarquistas; policías mostrando sus juguetes para controlar a la multitud; feroces debates acerca de si las demostraciones dañarán a los republicanos o si, de manera inadvertida, los ayudarán. Lo que me sorprende es lo que no hay aquí: Nayaf. En ninguna parte se la puede encontrar.
De manera cotidiana, las bombas y los tanques norteamericanos se acercan cada vez más al sagrado santuario del Imán Alí, al parecer, dañando las paredes exteriores y enviando esquirlas al patio. Cada día, varios niños mueren en sus hogares al infligir soldados estadounidenses un castigo colectivo a la ciudad sagrada. Cada día, más muertos son perturbados en sus tumbas a medida que infantes de marina atraviesan el cementerio Valle de la Paz y sus botas se deslizan en osarios, mientras usan las lápidas como escudos. Seguro, la lucha en Nayaf es noticia de primera plana, pero no se la conecta de manera alguna con las elecciones presidenciales en Estados Unidos. En cambio, se la relega al estatus de un conflicto étnico remoto, como Afganistán, Sudán y Palestina. Inclusive dentro del movimiento pacifista, los eventos en Nayaf son apenas visibles. El "traspaso" de poder ha tenido éxito. Irak se ha convertido en un problema ajeno. Es cierto que la guerra está en el centro de la campaña electoral, pero no la que se libra en Irak. Ahora todos hablan sobre lo que ocurrió con lanchas patrulleras hace 35 años, no de los cañones que son disparados esta semana desde aviones artillados AC-130. Pero mientras Vietnam absorbía buena parte del espacio en esta campaña, me quedé pensando acerca de las palabras del veterano de Vietnam y Tim O'Brien. En una entrevista para el documental de 1980 Vietnam: The 10,000 Day War, O'Brien dijo: "Mi época en Vietnam es una época de ignorancia, de una profunda ignorancia. Yo no quería aprender el idioma. No me podía comunicar con los vietnamitas excepto en un inglés rudimentario. No sabía nada sobre la cultura de Vietnam. No sabía nada de su religión o religiones. No sabía nada de su comunidad aldeana. No sabía nada acerca de los objetivos de su pueblo, si estaban a favor o en contra de la guerra. Y yo compensé esa ignorancia de muchas maneras, algunas diabólicas, dinamitando cosas, quemando cabañas para expresar mi frustración por ser un ignorante e ignorar dónde estaba el enemigo". Podría haber estado hablando del Irak de la actualidad. Cuando un ejército invade un país acerca del cual ignora virtualmente todo, hay gran cantidad de brutalidad deliberada, pero también existe la barbarie no intencional de la ignorancia absoluta. Comienza con el desprecio cultural y religioso. Puede tratarse de soldados ingresando a una vivienda sin dar a las mujeres la posibilidad de cubrir sus cabezas. O de botas militares recorriendo mezquitas que nunca han sido pisadas por suelas, o un gesto con la mano en un puesto de control que ha tenido consecuencias letales. Y ahora Nayaf. No es solo que los sitios de entierro han sido mancillados con sangre fresca, es que los estadounidenses parecen no darse cuenta de la profundidad de su ofensa, y de las repercusiones que tendrán durante las próximas décadas. El santuario del Imán Alí no es un sitio sagrado más. Es el equivalente chiíta de la Capilla Sixtina. Nayaf no es otra ciudad más de Irak: es la ciudad de los muertos, donde los cementerios son eternos, un lugar tan sagrado que cada devoto chiíta sueña con ser enterrado allí. Y Muktada Al Sader y sus seguidores no son un grupo de terroristas genéricos que solo tienen como objetivo matar a estadounidenses. Su resistencia a la ocupación representa el abrumador sentimiento mayoritario en Irak. Sí, si es electo, Al Sader intentará transformar a Irak en una teocracia como la de Irán, pero por ahora exige elecciones directas y el fin de la ocupación extranjera. Mientras tanto, en Estados Unidos no existe la posibilidad de que la agenda de guerra de Bush sea claramente rechazada el día de las elecciones, pues John Kerry ha prometido continuar e inclusive fortalecer la ocupación militar de Irak. Eso significa que existe una sola posibilidad de que los norteamericanos expresen su rechazo total a la actual guerra en Irak: en las calles, frente al sitio de la Convención Nacional Republicana. Ha llegado el momento de trasladar Nayaf a Nueva York. (*) Periodista y autora de No Logo. Comentarista en medios periodísticos internacionales y disertante en las universidades de Harvard, Yale y en The London School of Economics. |
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