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| 29 de septiembre del 2004 |
Raúl Sanahuja Cantón
A Lorena.
Sigue lloviendo en el recuerdo. Llueven gotas rebeldes en las calles de Barcelona. Movimiento acompasado que sitúa las gargantas en el límite de la audibilidad. Cuánta gente ya corriendo de un lado a otro, apenas si sabiendo hacia dónde. Burbujas de sentimiento. El joven filósofo sentado en el quicio de la puerta de un establecimiento sanitario, con la mano vendada, rastros de caricias policiales en el rostro. Suenan himnos carcelarios y el joven filósofo llora al ritmo de su corazón, encogido por la sensación de pérdida, de anulación, de desamparo. Las risas de un grupo de estudiantes ensordecen el paseo de camiones infectados por guardias sin nombre, sin rostro, sin corazón. Las manos manchadas de estúpida ignorancia, de rancia ignominia, de cansancio acumulado. Diluvia rebelión en Barcelona, mas el suelo sigue seco e intacto, quizás se deba a un sol de injusticia. Saúl Sanjuán vivía pensando en su poema particular. Su reto era describir un amanecer en unos versos, un soneto jamás acabado. Cómo describir un amanecer, cómo evitar caer en la selva de los tópicos, cómo musicar la salida de un nuevo sol. Lástima de las ideas. Yo jamás tuve la sensación de conocer al joven Saúl. Era un tipo quizás demasiado ensimismado, encerrado en la sinrazón de la razón. Mas tu pregunta me ha hecho pensar y... Sí, ahora que lo dices sí creo recordar un libro posible, un texto no presente pero nombrado. Saúl escribió un libro sí. Ahora bien, no me atrevería a apuntar eso de "libro maldito", o provocación extrema, o como quieras llamarlo. Yo me limito a comentarte y hablarte de la existencia de ese libro y punto. Pero, por cierto, ¿dónde dices que vas a publicar esto? Te encanta pasear cuando no hay nadie más en la calle, juegas a avanzar manzana a manzana de una ya gastada Barcelona sin encontrarte a nadie, sin cruzar tu mirada con otros ojos, sin sentir la presión de saberte acompañado en tu lento caminar. L'Eixample te ayuda en tu pequeño reto, pues las esquinas cortadas como el ojo cinéfilo de Buñuel te permiten divisar y advertir la llegada de algún ciudadano perdido. De todas formas, sabes que, debido a las altas horas de la madrugada en que navegas en solitario guiado por tus pies despistados, es ciertamente difícil un choque inoportuno. Piensas en tu carrera de periodismo, en tus libros devorados, tus manuales de estilo, tus códigos deontológicos, tus pinitos en artículos publicados en diarios locales... Piensas en todo eso y en lo que te has convertido, en el reducto de la profesión al cual has ido a parar. Y te esfuerzas en no dejar aparecer la lágrima de la desesperación, del desencanto. Aún así, sabes que tarde o temprano a todo el mundo le llega su oportunidad. Quizás estás seguro de la inutilidad de muchos, que ni siquiera advierten de la llegada de un tren que debes coger u olvidar para siempre. Piensas que a menudo las oportunidades no llegan, sino que debes crearlas. Piensas y piensas y miras a un lado y a otro. Calles poco iluminadas a pesar de farolas y más farolas. Piensas y recuerdas historias de best-sellers que alzaron al podio de los bienaventurados a escritores que viven de su pluma, que se mantienen a base de libros vendidos. Piensas y recuerdas la facilidad con la que se aúpan las novelas de investigación, de búsqueda de algún objeto, un manuscrito, un texto olvidado, un personaje perdido... Piensas y te imaginas a ti, fiel investigador, dedicando tu vida al encuentro de un libro que jamás supiste si existía o no, mas te mantienes seguro en tu afán. Piensas y mientras piensas, ya cuatro personas se han cruzado contigo, has perdido el juego... Saúl Sanjuán alcanza a ver, en pleno centro de la manifestación, una pancarta en contra de un gobierno que hace aguas por todos lados. Y no se trata de una opinión de izquierdas, ni mucho menos, sino de una evidencia contrastable. Saúl Sanjuán hacía tiempo deseaba ver a Barcelona en movimiento, siempre había detestado ver una ciudad tan rica y diversa como ésta ahí quieta, sin mover un dedo, viéndolas pasar. Hoy hay movimiento, y miles de cabezas se arremolinan sobre el Paseo de Gracia, entre gritos de protesta y aplausos solidarios. Casi no se puede andar. Saúl observa con detenimiento y contempla rostros jóvenes, rostros maduros, rostros infantiles y viejos gritando al unísono, clamando paz. Has pensado diversas posibilidades. Entre ellas destaca, por supuesto, la de trabajar para ese diario que detestas, que abominas, que es el blanco de tus críticas indiscriminadas. Pero, ¿qué puedes hacer, eh? ¿Olvidarte de tu futuro? ¿Jugar a la vida bohemia en un mundo en el que, o tragas consumismo o te devoran? No, no, nada de eso. Quizás sea un tanto utópico pensar en islas maravillosas, donde no hay diferencias entre la gente, donde todos son pares, iguales. La fraternité. No, no, nada de eso. Hay que moverse, actuar, jugar tus cartas en la mente. Después, cuando estés en el bar bebiendo cerveza con tus amigos, descarga tu ira. Es entonces cuando puedes decir ¡me cago en el capitalismo! ¡a la mierda tanta compra y tanto rico! Pero antes de eso debes pensar y asegurarte una vida más o menos digna. Claro, uno piensa que va a la universidad, estudia una carrera y ya está... todo solucionado. Pues no, te acabas de dar cuenta de que eso no existe, no está, no es así. Sí, está muy bien eso de tener una carrera, de periodismo o de lo que sea, pero hablar de "salidas", pues no, no es una buena salida. Quizás la respuesta esté en uno mismo, es decir, sólo uno es capaz de crear sus propias salidas en la vida, nada de tener un horizonte escrito. O acaso pensabas que al final de tus estudios universitarios iba a llegar el santo de turno y te iba a colocar en la mano una guía de por vida o algo así. Je je, no me hagas reír. ¡Ay, cuánto iluso! Mira, sabes una cosa, creo que deberías replantearte la situación. A ver si me entiendes: en primer lugar, agarra lo que te venga, como te venga. Con esto quiero decir que tengas siempre un trabajo asegurado, un dinerillo a final de mes, vaya. En segundo lugar, mientras vayas ganando para sobrevivir (en el fondo, todos lo hacemos), no dudes en perseguir una meta. En tu caso te recomiendo que sigas buscando ese gran reportaje, ese libro posible, esa investigación interminable. ¡El Pullitzer te espera, amigo! Y ahora, sigue caminando, sigue mareando la perdiz, pero así no llegarás a ningún lado. ¡Ojo, que yo no digo que tenga la razón absoluta ni la respuesta definitiva! Pero creo que debes replantearte muchas cosas y avanzar poco a poco, siempre con los pies en el suelo. Además, tanta crítica, tanto vuelo sin motor, no vende. Ahora bien, si lo que quieres es acabar trabajando en un fast-food, con camareros imberbes, pues allá tú... Eso sí, podrías seguir pensando escribir esas "cosillas" como tú las llamas que serán magníficas y comprometidas, no lo dudo. Incluso me atrevería a decir "buenas".... Pero, escucha una cosa: así no vamos a ningún lado. No señor. Tú tienes que empezar por estar ahí, en los estantes de las librerías. Ábrete paso de la manera más efectiva, que lamentablemente no es a codazos, no es yendo en contra de nadie. Tú, a lo tuyo, sin más... Y todo llegará, seguro. Yo no puedo decir más. Camina, camina. ¿Aún sigues pensando en no chocar con nadie? ¿Aún crees que la ciudad es tuya? Sinceramente, a menudo me haces dudar si tu verdadera vocación es la de escritor o bien deberías pensar en ser humorista. Tienes mucha gracia, créeme. En fin, ya has llegado a tu portal. Nada, ahora entras, una copita y a dormir. Mañana será otro día. |
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