(Sale Clotaldo)
Clotaldo:
Vuestra Alteza, señor, sea
muchas veces bien venido
al dosel, que agradecido
le recibe y le desea,
adonde, a pesar de engaños,
viva augusto y eminente,
donde su vida se cuente
por siglos, y no por años.
Segismundo:
Dime tú agora, ¿quién es
esta beldad soberana?
¿Quién es esta diosa humana,
a cuyos divinos pies
postra el cielo su arrebol?
¿Quién es esta mujer bella?
Clarín:
Es, señor, tu prima Estrella.
Segismundo:
Mejor dijeras el sol.
Aunque el parabién es bien
darme del bien que conquisto,
de sólo haberos hoy visto
os admito el parabién;
y así, del llegarme a ver
con el bien que no merezco,
el parabién agradezco,
Estrella; que amanecer
podéis, y dar alegría
al más luciente farol.
¿Qué dejáis que hacer al sol
si os levantáis con el día?
Dadme a besar vuestra mano,
en cuya copa de nieve
el aura candores bebe.
Clotaldo:
Sed más galán cortesano.
Astolfo: (Aparte)
Si él toma la mano, yo
soy perdido.
Criado 2: (Aparte)
El pesar sé
de Astolfo, y le estorbaré.
Advierte, señor, que no
es justo atreverte así,
y estando Astolfo...
Segismundo:
¿No digo
que vos no os metáis conmigo?
Criado 2:
Digo lo que es justo.
Segismundo:
A mí
todo eso me causa enfado.
Nada me parece justo
en siendo contra mi gusto.
Criado 2:
Pues yo, señor, he escuchado
de ti que en lo justo es bien
obedecer y servir.
Segismundo:
También oíste decir
que por un balcón, a quien
me canse, sabré arrojar.
Criado 2:
Con los hombres como yo
no puede hacerse eso.
Segismundo:
¿No?
¡Por Dios, que lo he de probar!
(Cógele en los brazos y éntrase, y todos tras él, y torna a
salir)
Astolfo:
¿Qué es esto que llego a ver?
Clotaldo:
Llegad todos a ayudar.
(Vase)
Segismundo:
Cayó del balcón al mar.
¡Vive Dios que pudo ser!
Astolfo:
Pues medid con más espacio
vuestras acciones severas;
que lo q[ue] hay de hombres a fieras
hay desde un monte a palacio.
Segismundo:
Pues en dando tan severo
en hablar con entereza,
quizá no hallaréis cabeza
en que se os tenga el sombrero.
(Vase Astolfo y sale el Rey)
Basilio:
¿Qué ha sido esto?
Segismundo:
Nada ha sido.
A un hombre que me ha cansado
de ese balcón he arrojado.
Clarín:
Que es el Rey está advertido.
Basilio:
¿Tan presto una vida cuesta
tu venida el primer día?
Segismundo:
Díjome que no podía
hacerse, y gané la apuesta.
Basilio:
Pésame mucho que cuando,
Príncipe, a verte he venido,
pensando hallarte advertido,
de hados y estrellas triunfando,
con tanto rigor te vea,
y que la primera acción
que has hecho en esta ocasión
un grave homicidio sea.
¿Con qué amor llegar podré
a darte agora mis brazos,
si de sus soberbios lazos,
que están enseñados sé
a dar muerte? ¿Quién llegó
a ver desnudo el puñal
que dio una herida mortal,
que no temiese? ¿Quién vio
sangriento el lugar, adonde
a otro hombre dieron muerte,
que no sienta? Que el más fuerte
a su natural responde.
Yo así, que en tus brazos miro
desta muerte el instrumento,
y miro el lugar sangriento
de tus brazos me retiro;
y, aunque en amorosos lazos
ceñir tu cuello pensé,
sin ellos me volveré,
que tengo miedo a tus brazos.
Segismundo:
Sin ellos me podré estar
como me he estado hasta aquí,
que un padre que contra mí
tanto rigor sabe usar
que con condición ingrata
de su lado me desvía,
como a una fiera me cría
y como a un monstruo me trata,
y mi muerte solicita,
de poca importancia fue
que los brazos no me dé,
cuando el ser de ho[m]bre me quita.
Basilio:
Al cielo y a Dios pluguiera
que a dártele no llegara;
pues ni tu voz escuchara,
ni tu atrevimiento viera.
Segismundo:
Si no me le hubieras dado,
no me quejara de ti;
pero una vez dado, sí
por habérmele quitado;
que aunque el dar el acción es
más noble y más singular,
es mayor bajeza dar,
para quitarlo después.
Basilio:
¡Bien me agradeces el verte,
de un humilde y pobre preso,
príncipe ya!
Segismundo:
Pues en eso
¿qué tengo que agradecerte?
Tirano de mi albedrío,
si viejo y caduco estás
muriéndote, ¿qué me das?
¿Dasme más de lo que es mío?
Mi padre eres y mi rey;
luego toda esta grandeza
me da la naturaleza
por derechos de su ley.
Luego, aunq[ue] esté en este estado,
obligado no te quedo,
y pedirte cuentas puedo
del tiempo que me has quitado
libertad, vida y honor;
y así, agradéceme a mí
que yo no cobre de ti,
pues eres tú mi deudor.
Basilio:
Bárbaro eres y atrevido;
cumplió su palabra el cielo;
y así, para él mismo apelo,
soberbio, desvanecido.
Y aunque sepas ya quién eres,
y desengañado estés,
y aunque en un lugar te ves
donde a todos te prefieres,
mira bien lo que te advierto:
que seas humilde y blando,
porque quizá estás soñando,
aunque ves que estás despierto.
(Vase)
Segismundo:
¿Que quizá soñando estoy,
aunque despierto me veo?
No sueño, pues toco y creo
lo que he sido y lo que soy.
Y aunque agora te arrepientas,
poco remedio tendrás;
sé quién soy, y no podrás,
aunque suspires y sientas,
quitarme el haber nacido
desta corona heredero;
y si me viste primero
a las prisiones rendido,
fue porque ignoré quién era.
Pero ya informado estoy
de quién soy; y sé que soy
un compuesto de hombre y fiera.