(Antes que se entre el Rey salen Clotaldo,
Rosaura y Clarín, y
[Clotaldo] detiene al Rey)
Clotaldo:
¿Podréte hablar?
Basilio:
¡Oh Clotaldo,
tú seas muy bien venido!
Clotaldo:
Aunque viniendo a tus pla[n]tas
es fuerza el haberlo sido,
esta vez rompe, señor,
el hado triste y esquivo,
el privilegio a la ley,
y a la costumbre el estilo.
Basilio:
¿Qué tienes?
Clotaldo:
Una desdicha,
señor, que me ha sucedido,
cuando pudiera tenerla
por el mayor regocijo.
Basilio:
Prosigue.
Clotaldo:
Este bello joven,
osado o inadvertido,
entró en la torre, señor,
adonde al Príncipe ha visto,
y es...
Basilio:
No te aflijas, Clotaldo.
Si otro día hubiera sido,
confieso que lo sintiera;
pero ya el secreto he dicho,
y no importa que él lo sepa,
supuesto que yo lo digo.
Vedme después porque tengo
muchas cosas que advertiros,
y muchas que hagáis por mí;
que habéis de ser, os aviso,
instrumento del mayor
suceso que el mundo ha visto;
y a esos presos, porque al fin
no presumáis que castigo
descuidos vuestros, perdono.
(Vase)
Clotaldo:
¡Vivas, gran señor, mil siglos!
(Aparte)
(Mejoró el cielo la suerte.
Ya no diré que es mi hijo,
pues que lo puedo excusar)
Extranjeros peregrinos,
libres estáis.
Rosaura:
Tus pies beso
mil veces.
Clarín:
Y yo los viso,
que una letra más o menos
no reparan dos amigos.
Rosaura:
La vida, señor, me has dado;
y pues a tu cuenta vivo,
eternamente seré
esclavo tuyo.
Clotaldo:
No ha sido
vida la que yo te he dado,
porque un hombre bien nacido,
si está agraviado, no vive;
y supuesto que has venido
a vengarte de un agravio,
según tú propio me has dicho,
no te he dado vida yo,
porque tú no la has traído;
que vida infame no es vida.
Rosaura: (Aparte)
(Bien con aquesto le animo)
Confieso que no la tengo,
aunque de ti la recibo;
pero yo con la venganza
dejaré mi honor tan limpio,
que pueda mi vida luego,
atropellando peligros,
parecer dádiva tuya.
Clotaldo:
Toma el acero bruñido
que trujiste; que yo sé
que él baste, en sangre teñido
de tu enemigo, a vengarte;
porque acero que fue mío
(digo este instante, este rato
que en mi poder le he tenido)
sabrá vengarte.
Rosaura:
En tu nombre
segunda vez me le ciño,
y en él juro mi venganza,
aunque fuese mi enemigo
más poderoso.
Clotaldo:
¿Eslo mucho?
Rosaura:
Tanto que no te lo digo;
no porque de tu prudencia
mayores cosas no fío,
sino porque no se vuelva
contra mí el favor que admiro
en tu piedad.
Clotaldo:
Antes fuera
ganarme a mí con decirlo;
pues fuera cerrarme el paso
de ayudar a tu enemigo.
Rosaura: (Aparte)
(¡Oh, si supiera quién es!)
Porque no pienses que estimo
tan poco esa confianza,
sabe que el contrario ha sido
no menos que Astolfo , duque
de Moscovia.
Clotaldo: (Aparte)
(Mal resisto
el dolor, porque es más grave
que fue imaginado, visto)
Apuremos más el caso.
Si moscovita has nacido,
el que es natural señor
mal agraviarte ha podido.
Vuélvete a tu patria, pues,
y deja el ardiente brío
que te despeña.
Rosaura:
Yo sé
que, aunque mi príncipe ha sido,
pudo agraviarme.
Clotaldo:
No pudo,
aunque pusiera, atrevido,
la mano en tu rostro.
Rosaura: (Aparte)
(¡Ay cielos!)
Mayor fue el agravio mío.
Clotaldo:
Dilo ya, pues que no puedes
decir más que yo imagino.
Rosaura:
Sí dijera; mas no sé
con qué respeto te miro,
con qué afecto te venero,
con qué estimación te asisto,
que no me atrevo a decirte
que es este exterior vestido
enigma, pues no es de quien
parece. Juzga advertido,
si no soy lo que parezco,
y Astolfo a casarse vino
con Estrella, si podrá
agraviarme. Harto te he dicho.
(Vanse Rosaura y Clarín)
Clotaldo:
¡Escucha, aguarda, detente!
¿Qué confuso laberinto
es éste, donde no puede
hallar la razón el hilo?
Mi honor es el agraviado,
poderoso el enemigo,
yo vasallo, ella mujer.
Descubra el cielo camino;
aunque no sé si podrá,
cuando en tan confuso abismo
es todo el cielo un presagio,
y es todo el mundo un prodigio.