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La insignia
22 de octubre del 2004


Emigración y desarrollo: implicaciones económicas (II)


__Especial__
Emigración
José Antonio Alonso (*)
La Insignia. España, octubre del 2004.


III. La inicial explicación económica

Antes de avanzar en el análisis, conviene advertir de la deliberada acotación que comporta, ya que ni toda emigración responde a razones económicas, ni las razones económicas agotan la posible explicación de la decisión migratoria. Factores como el deseo de eludir la persecución política, de escapar a las manifestaciones de violencia en el seno del hogar o de liberarse de unas normas sociales que se perciben como restrictivas han constituido razones tradicionalmente explicativas del hecho migratorio. Incluso, en aquellas migraciones preferentemente movidas por razones económicas, otros factores ajenos a ese ámbito de la vida social influyen en la decisión final de emigrar. Así pues, la atención se centrará aquí deliberadamente sólo en una parte de las potenciales razones de emigrar: las que se relacionan con la situación económica del emigrante.

3.1.- La explicación neoclásica

La teoría económica trató inicialmente de explicar las migraciones humanas con el mismo instrumental analítico de la teoría del comercio o de la que interpreta los movimientos de capital. En definitiva, se supone que la población fluirá desde los países con abundante dotación relativa de mano de obra hacia aquellos en donde ese factor es relativamente escaso, a la búsqueda de una mayor retribución. De semejante movimiento se deriva un incremento de la eficiencia agregada del sistema económico internacional, como consecuencia del desplazamiento de la población desde donde es menor hacia donde es mayor su productividad (y, por tanto, su retribución).

Un grafico puede ayuda a entender la lógica de la explicación teórica. Supóngase que el mundo está compuesto por dos países, que llamaremos Norte y Sur: el primero abundantemente dotado de capital, con relación al trabajo disponible, y el segundo a la inversa. En el eje de abscisas se representan, en sentidos opuestos las poblaciones correspondiente a los dos países en cuestión (ONL1 en el Norte y OSL1 en el Sur), de tal modo que la suma de ambas suponga el total de la población mundial. A su vez, en los respectivos ejes de ordenadas se representa la productividad marginal del trabajo y, en su caso, el salario. Como puede comprobarse, para un capital dado, la productividad es en ambos casos descendente PMLN y PMLS : a medida que se incrementa el número de trabajadores sin alterar el capital, desciende la productividad correspondiente al último de los trabajadores empleados.

Supongamos inicialmente que ambos países, Norte y Sur, viven sin conexión alguna. En ese caso, la productividad del último trabajador contratado será la que fije el salario vigente en la economía: de modo que, en condiciones de pleno empleo, el salario en el Norte será WN y WS en el Sur. En principio, ha de esperarse que el salario relativo del Norte sea superior al del Sur, lo que está en consonancia con la mayor productividad que se deriva del hecho de disponer de más capital por unidad de trabajo. A su vez, el valor de la producción tanto en el Norte como en el Sur vendrá dado por el área del trapecio que forman los ejes de coordenadas y el producto marginal del trabajo: es decir, ONEAL1 en el Norte y OSFBL1 en el Sur. De ese valor, se dedicará a retribuir a los trabajadores los rectángulos ONWNAL1 y OsWSBL1 , quedando el resto para retribuir a los respectivos capitales.

Si ahora se abren ambas economías y no existe restricción ni coste alguno para la emigración (ni en el ámbito económico, ni en el humano), parte de los trabajadores del Sur estarán dispuestos a abandonar su país para obtener mejores salarios en el Norte. ¿Cuántos trabajadores emigrarán? Los necesarios para equilibrar la retribución del trabajo en el mercado mundial: es decir, hasta convertir WM en el salario común. En esa situación L1L2 habrán abandonado el Sur y nutrido la población trabajadora del Norte. En ese punto se extinguirá el estímulo a la emigración, al igualarse las retribución en ambos países.

Ahora bien ¿qué efectos económicos se derivan de este proceso?. Expuestos de forma sumaria serían los siguientes:

a) En primer lugar, hay un incremento de la eficiencia del sistema internacional: el valor de la producción mundial se incrementa como consecuencia de haber trasladado trabajadores desde donde eran menos a donde son más productivos. El incremento del valor de la producción mundial vendrá dado por el área del triangulo ABC.
b) En segundo lugar, la distribución de la producción mundial se ha alterado como consecuencia del desplazamiento de los trabajadores: se incrementa el volumen producido en el Norte a costa de lo producido en el Sur. En concreto, el Sur deja de producir un valor equivalente al área L1BCL2; y el Norte gana el área equivalente a L1ACL2. Obsérvese que no se trata de un juego de suma cero: existe un beneficio neto asociado al cambio. Parte de ese incremento de renta que se genera en el Norte podría retornar al Sur en forma de remesas de los emigrantes, si bien su tamaño y perdurabilidad dependerá muy crucialmente de las características de la emigración.
c) Por último, si se asume que la retribución de los capitales representa la renta de las clases altas y el salario la de las bajas, la emigración originará un incremento de la desigualdad en el país de acogida (en este caso, el Norte) y una mayor equidad en el país de emisión (el Sur), dado que mientras en el primero bajan los salarios, en el segundo se incrementan. A escala internacional, sin embargo, se camina hacia una mayor equidad, por cuanto se aproximan las condiciones de retribución entre ambos países respecto de las vigentes antes de la emigración.

El marco teórico anterior conecta con la explicación que sobre el comercio de bienes y servicios brinda la teoría económica (el modelo de Heckscher-Ohlin), que asocia la especialización comercial con la dotación relativa de factores de los países implicados y con la intensidad con que esos factores son usados en la producción de los respectivos bienes. Se supone que cada país terminará exportando aquel bien intensivo en el factor en el que el país está relativamente mejor dotado: a través del comercio, un país rentabiliza el menor coste comparado del factor que es relativamente abundante. De lo dicho se desprende una conclusión relevante: comercio y emigración son corrientes sustitutivas. En el caso referido en el gráfico, antes de la emigración el Sur estará en condiciones de exportar bienes intensivos en mano de obra, aprovechando el menor coste relativo del trabajo; mientras el Norte exportará bienes intensivos de capital, para rentabilizar el menor coste de ese factor que deriva de su relativa abundancia. Una vez que la emigración se produce (y se permiten los movimientos de capital), los costes de los factores tenderán a igualarse, con lo que cesaría toda razón para la especialización comercial.

No es irrelevante aludir a la naturaleza restrictiva de buena parte de los supuestos que subyacen a la anterior explicación teórica: se trata de un mundo de competencia perfecta, en el que rigen rendimientos marginales decrecientes de los factores, capital y trabajo; éstos se consideran homogéneos y perfectamente sustituibles entre sí; existen rendimientos agregados constantes en la producción; y, finalmente, no existen costes de ajuste. Pese a lo restrictivo de semejantes supuestos, el modelo es útil para imaginar los cambios que, en una visión estática, puede provocar la emigración.

El problema básico es que la realidad es bastante más compleja de lo que estos supuestos insinúan. De hecho, las conclusiones antes obtenidas cambian dramáticamente si se abandona alguno de los anteriores supuestos. Por ejemplo, si se supone que existe cierta complementariedad entre factores, el comercio y la emigración podrían dejar de ser sustitutivos para convertirse en complementarios; si se considera que la mano de obra no es homogénea y se acepta una mayor "calidad" comparada de la mano de obra emigrante, se abre paso a la posibilidad de que exista un coste adicional para el país emisor al perder parte de ese segmento de población aventajada (es el caso, por ejemplo, de la "fuga de cerebros"); y, en fin, si se acepta que existen rendimientos crecientes en la producción, las ventajas del país receptor de emigración pueden acabar por acumularse en el tiempo en forma de un crecimiento más intenso, deteriorando las posibilidades dinámicas del país emisor. Se trata de supuestos que no están muy alejados de la experiencia real y cuyas consecuencias tratarán de analizarse más adelante. Antes, no obstante, conviene preguntarse por la dimensión de los efectos beneficiosos que este enfoque atribuye a las corrientes migratorias.

3.2.- Estimación de efectos

Pese a su simplificación, el modelo anterior conduce a un resultado indiscutible: la aplicación de un régimen de libertad que permita el movimiento internacional de las personas debiera considerarse como deseable desde el punto de vista económico, ya que conduce a un incremento en los niveles de eficiencia del sistema internacional. Como en el caso del comercio, el hecho de que los países se nieguen de una forma tan tenaz a aplicar una política que supuestamente les beneficia, manteniendo políticas migratorias restrictivas, hace sospechar acerca de la existencia de aspectos no adecuadamente considerados en un planteamiento tan estilizado como el manejado en el epígrafe anterior.

En todo caso, resulta una operación intelectualmente interesante preguntarse por la dimensión de los beneficios que se derivarían de la supresión de toda restricción al movimiento de personas. En 1984, dos investigadores, Hamilton y Whalley (1984), acometieron esa tarea a partir de la construcción de un modelo sencillo de equilibrio general. Los autores eran conscientes de las simplificaciones en las que debían incurrir y no desconocían las dificultades que en el mundo real tendría una política de libertad plena para el movimiento de personas, pero trataban de estimar los beneficios potenciales de tal supuesto. Sus resultados fueron verdaderamente sorprendentes: tras considerar diversos escenarios, evalúan los beneficios en un monto que se sitúa entre los 4,7 y los 16 billones de dólares, en un momento (1977) en que el PIB del mundo se estima en 7,82 billones de dólares. Es decir, la ganancia derivada de asumir la libertad en el movimiento de las personas se movía entre el 60% y el 204% del PIB mundial.

Mas recientemente, otros dos investigadores, Moses y Letnes (2002), replicaron el ejercicio de Hamilton y Whalley (1984), tratando de corregir alguna de sus limitaciones y prolongando su estimación hasta 1998. El paso del tiempo les permitió a Moses y Letnes (2002) acceder a nuevos datos (los PIB en Paridad del Poder Adquisitivo), integrar los países en agregados regionales relativamente más usuales (en función del nivel de desarrollo humano respectivo) y actualizar los ajustes sobre la población económicamente activa y sobre la productividad comparada del trabajo. Dada la sensibilidad de los resultados a las elasticidades de sustitución de los factores, se realizaron las estimaciones con diversos parámetros y asumiendo las condiciones de entorno más conservadoras. Como resultado de todos estos cambios, los beneficios de la liberalización a los que llegan son más limitados que los obtenidos por Hamilton y Whalley (1984), pero aun así siguen siendo notables: aceptando una elasticidad de sustitución de 1, las ganancias serían de 7,19 billones de dólares, en 1977, una magnitud sólo ligeramente inferior al PIB de ese año; y de 34 billones de dólares en 1998, el 96% del PIB mundial correspondiente a ese año.

La aplicación de ajustes de eficiencia del trabajo reduciría notablemente las estimaciones, pero aún en el supuesto más restrictivo, con la elasticidad de sustitución supuesta, conduciría a unas ganancias equivalentes al 9,4% del PIB de 1977 y al 12,6% del correspondiente a 1998. El cuadro 3 registra los beneficios relativos al PIB en los principales supuestos.

En suma, aun cuando se trate de un juego intelectual de limitada aplicabilidad, las estimaciones confirman las potenciales ganancias de eficiencia que se podrían derivar de una política menos restrictiva en materia de emigración. Las ganancias estimadas, como se ha visto, oscilan entre un máximo que supera ligeramente el valor del PIB mundial (entre el 109% y el 118%) y un mínimo que se sitúa entre el 6% y el 8% de ese PIB: magnitudes de suficiente tamaño como para merecer consideración. Es importante, además, llamar la atención sobre el hecho de que una parte importante de los beneficios podrían ser obtenidas con sólo una ligera corrección del diferencial de salarios. Es decir, las principales ganancias de eficiencia se alcanzan en los primeros tramos de la liberalización, lo que sugiere que pequeñas correcciones en el tono restrictivo de las normativas hoy vigentes (sin necesidad de llegar a la plena libertad) podrían dar lugar a importantes ganancias de eficiencia agregada. Un poderoso argumento en respaldo de posiciones más flexibles en el ámbito de la regulación de los movimientos de personas.


Notas

(*) Catedrático de Economía Aplicada. Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI).



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