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| 14 de octubre del 2004 |
La Insignia. España, 13 de octubre.
La prensa de los últimos días recoge sistemáticamente un dato que resulta cuando menos llamativo y nos demuestra que ciertas omisiones se convierten inmediatamente en afirmaciones y justificaciones implícitas que completan, despertando la imaginación del lector, la información que transmiten los medios de comunicación. En las noticias que pretenden informar, cada vez con menor fortuna, sobre la operación militar Días de penitencia con la que las fuerzas armadas israelíes (irónicamente autodenominadas "Fuerzas de Defensa de Israel") castigan la Franja de Gaza desde hace casi dos semanas se cita sistemáticamente la cifra de "117 muertos, de los cuales 39 eran civiles". Este número, que no cesa de aumentar día tras día, y la apostilla que se le añade establecen una diferenciación entre civiles y otra categoría no especificada. Y esta ausencia de explicación da bastante que pensar por varios motivos.
Tomemos por ejemplo las noticias publicadas el día 12 de octubre en los diarios del grupo El Correo. La cifra de 117 muertos, de los cuales 39 son civiles, aparece citada en una noticia que no viene firmada por ningún corresponsal ni agencia pero se sitúa en Jerusalén. Damos por hecho que disponen de corresponsal en Jerusalén aunque no conozcamos su nombre. Ahora bien, desde Jerusalén se indica que 39 civiles han muerto. Son conocidas por todos nosotros las inmensas dificultades que acarrea penetrar en Gaza, un territorio sellado a cal y canto por Israel, especialmente durante las ofensivas militares. Israel no quiere testigos de ningún tipo durante sus ofensivas. Y menos aún periodistas extranjeros, siempre sospechosos para el gobierno Sharon de tratar injustamente a un pobre Estado que no pretende más que defenderse del terrorismo árabe. Si quien escribe la noticia lo hace desde Jerusalén y el territorio está sellado, asumimos que cuenta con fuentes fidedignas y contrastables que le indican que 39 de las víctimas eran civiles. El periodista no cita a sus fuentes. Y cualquier persona con un mínimo conocimiento del conflicto de Oriente Medio y de la sociedad palestina sabe que de los propios palestinos nunca saldría una diferenciación entre civiles y "otra cosa". Si el corresponsal no se encuentra presente en el lugar donde se produce la noticia sobre la que nos informa, no indica las fuentes y además establece diferenciaciones que los propios palestinos no utilizan, sólo queda una opción para conocer cuántos de los fallecidos son civiles y cuántos son "otra cosa": las fuerzas armadas israelíes. Así que el corresponsal o redactor que nos informa sobre la masacre que está teniendo lugar una vez más en los territorios palestinos ocupados por Israel nos está transmitiendo la versión de los hechos que a su vez a él o ella le transmite uno de los bandos enfrentados. Muy interesante. Y sobre todo, muy objetivo e imparcial. Porque si 39 fallecidos son civiles, el resto hasta -117- ¿qué son?. Si son militares, se trataría de una guerra (imposible calificar como guerra clásica lo que allí sucede, ante la ausencia de dos ejércitos regulares enfrentados). Si no son civiles ni son militares ¿qué opción nos queda? A nadie le cuesta imaginar que se trata, por eliminación y mentira repetida hasta la saciedad, de terroristas. A fin de cuentas, tampoco se explica en ningún momento que los términos que los palestinos utilizan para referirse a los miembros de organizaciones armadas son "luchadores" y "combatientes" pero, obviamente, nunca terroristas. Para cualquier conocedor de la realidad palestina actual, la situación que se vive en los campos de refugiados es tan desesperada que prácticamente cualquier joven a partir de los 16 años puede en un momento u otro sumarse a una operación defensiva de su barrio con las armas de las que disponga. La frontera entre quienes combaten y quienes no lo hacen es absolutamente difusa y prácticamente imposible de marcar. Cuando los soldados entran en los campos y asaltan a sus habitantes casa por casa, cualquier miembro de cualquier familia puede decidir sumarse a la resistencia armada sin haberse incluido previamente a sí mismo dentro de una organización concreta. Es cierto que Hamás o los Mártires de Aqsa cuentan con estructuras de militancia estable, pero es cierto también que, especialmente en Gaza y en lugares especialmente conflictivos como Balata (en Nablús), cualquier joven se defiende como puede, sobre la marcha, de las incursiones israelíes. Y no por eso dejan de ser civiles, ya que entran y salen de la resistencia armada. Civiles que se defienden como pueden. Hoy con un arma, mañana con una piedra, pasado mañana simplemente escondiendo en su casa a otro joven que escapa del ejército. Se trata de un pueblo que lucha contra su ocupante. Nada más complejo que eso. Luchan contra quien ocupa su tierra y destruye sus casas y su economía. Y lo hacen como pueden, cuando pueden y donde pueden. Es decir, según la información que recibimos, Israel lleva a cabo una operación de castigo contra los grupos armados que atacan su territorio desde la Franja de Gaza y, lamentablemente, en el curso de la operación hay que lamentar víctimas civiles. En la guerra contra el terrorismo hay que pagar cierto precio que no puede ser evitado. Y resulta fácilmente comprensible que haya errores y víctimas civiles en las operaciones militares, en función de la disparidad de fuerzas y de la especial naturaleza de la amenaza terrorista, difusa e insertada entre la población árabe de los campos de refugiados. Bien, pues al igual que estamos acostumbrados a aceptar las versiones tamizadas por la censura israelí, que no permite a la prensa internacional, salvo contadas excepciones, acceder a la Franja de Gaza, e inconscientemente recibimos información sesgada a través de las intencionadas o inocentes omisiones o elipsis con las que nos informa nuestra prensa, es importante repetir tantas veces como haga falta que nos mienten. Nos mienten sistemáticamente. Manipulan la realidad del conflicto palestino-israelí, califican como atacante a quien tan sólo se defiende. Justifican lo injustificable, asienten frente a la manipulación, callan en nombre de la información ante lo execrable y van arrastrando, poco a poco, un conflicto que se basa en el robo de tierra y la anulación colonial y racista de un Estado por otro, hacia un conflicto de terrorismo árabe. Y además, lo peor de todo, ya han conseguido instalar la teoría de los "dos demonios" en la opinión pública. Terroristas frente a un ejército defensivo. Pobres israelíes, que sufren la violencia ciega del terrorismo, y pobres palestinos que sufren la violencia desproporcionada de los israelíes. Un conflicto enquistado e irresoluble. ¿Quién atacó primero? ¿quién oprime a quién? ¿quién niega la existencia de quién? Cualquier cuestión de mayor profundidad que el mero recuento diario de muertos, casi siempre palestinos, queda relegada a las columnas de opinión, a la letra pequeña que sólo leen los convencidos. Nunca veremos comenzar un telediario con la noticia de que miles de niños palestinos no pueden ir al colegio porque sus colegios han sido bombardeados o simplemente porque el ejército israelí ha decidido encerrar la ciudad en la que viven dentro de un muro de hormigón de nueve metros de alto. Pero leemos que la mayoría de las personas que Israel asesina en Gaza son algo diferente a "civiles" sin explicarnos en realidad quiénes son. Que nos lo expliquen correctamente, que dejen de manipular, que dejen de comprar los comunicados de prensa del ejército israelí, que viajen a Gaza, que comprueben por sí mismos lo que pasa, que atraviesen la frontera que para eso son corresponsales, que entrevisten a las familias, que entrevisten a los jóvenes, que comprendan los conceptos de defensa y ataque, que dejen de calificar como terroristas a quienes sólo defienden sus casas, con los escasos medios a su alcance, del ataque de los tanques y los helicópteros Apache. Que intenten hablar con ellos. Se sorprenderían si desterrasen su miedo injustificado y decidiesen sentarse a tomar café con ellos. Se sorprenderían si escuchasen los argumentos reales por los que tantos jóvenes palestinos resisten como resisten a la ocupación militar que les asfixia y asesina desde que nacieron. |
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