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| 8 de noviembre del 2004 |
La Insignia. España, noviembre del 2004.
4.2.- Estimaciones empíricas
La capacidad para trasladar este conjunto de factores a la medición empírica es forzosamente limitada. De hecho, buena parte de las investigaciones cuantitativas más solventes han tratado de limitar el análisis a aquellos factores económicos más fácilmente mensurables. La fundamentación de estos ejercicios remite al cuadro central de la explicación neoclásica (asociada a la diferencia en las retribuciones del trabajo), enriquecida con algunas variables añadidas, relacionadas con el stock de inmigrantes previo, los costes del desplazamiento, la comunidad cultural entre países, el nivel de pobreza del emisor o la desigual retribución de las calificaciones laborales. Un modelo de este tipo es el que aplican Hatton y Williamson (1998) para explicar la emigración masiva de la segunda mitad del siglo XIX (primera oleada globalizadora). En este caso la tasa emigratoria a Estados Unidos de las distintas regiones aparece positivamente relacionada con el diferencial en la retribución salarial promedio (ajustada en paridades de poder adquisitivo) entre los lugares de destino y origen, con el peso de las cohortes de población más joven en el país emisor y el stock de inmigrantes en el lugar de acogida. A estos factores, Faini y Venturini (1994) añaden, al estudiar el caso italiano, el efecto negativo que el nivel de pobreza del emisor genera sobre la posibilidad de emigrar. Finalmente, son varios los autores que atribuyen al comportamiento migratorio una senda temporal en forma de U invertida, creciendo en una primera fase de manera acentuada para a partir de un determinado nivel iniciar una senda descendente. Semejante comportamiento lo asocian a la dinámica de los procesos de industrialización, urbanización y desarrollo de los países emisores (en los primeros estadios de desarrollo es baja la tasa de emigración, crece al elevarse el nivel de renta y vuelve a descender cuando el país supera un nivel de desarrollo dado). Los estudios referidos a la época de emigración más reciente han tendido a confirmar alguno de los hallazgos antes señalados. Centrados, en general en el caso de la inmigración a Estados Unidos, constatan la relación negativa con la renta per cápita del país emisor (Borjas, 1987) y el efecto positivo del stock de inmigrantes previamente existente (Yang, 1995). En un reciente y ambicioso trabajo, Clark, Hatton y Williamson (2002) constatan la asociación de la tasa de emigración a Estados Unidos de las diversas regiones con el diferencial de renta per cápita, el nivel comparado de capital humano, aproximado a través de los años de escolarización, el porcentaje de población entre 15 y 29 años en la región emisora, el nivel de desigualdad comparado (que aproxima la retribución de las habilidades), el nivel de pobreza del país emisor, la existencia de comunidad lingüística, la distancia respecto al mercado de destino y algunas otras variables dummy de carácter regional. Todas las variables tienen el signo esperado, incluida la referida al nivel de pobreza, que aparece negativamente asociada a la tasa de emigración, revelando la existencia de un umbral de renta requerido para la emigración (9).
Buena parte de estos factores resultan también confirmados al tratar de explicar los patrones migratorios existentes a escala internacional, medidos a través de la tasa neta de inmigración (Hatton y Williamson, 2003). Aunque lo datos son menos fiables, de nuevo emergen el porcentaje de población joven en país de origen, el stock de población inmigrante en el país de acogida, el diferencial de rentas, ajustado por los niveles de educación (respecto a la media mundial y la media regional) y los niveles de pobreza del país emisor como las variables con mayor capacidad explicativa. Como cabría esperar, el efecto del umbral de pobreza es notablemente más significativo cuanto menor es el nivel de renta per capita de la región, lo que revela que opera como una especie de umbral. 4.3.- Hacia una visión ecléctica A lo largo del epígrafe se han considerado un conjunto amplio de posibles factores explicativos de la emigración. El panorama, como se ve, es notablemente más rico y complejo del que sugiere la teoría neoclásica: además del diferencial de salarios, otro conjunto variado de factores puede influir en la decisión de emigrar. Esta misma complejidad aconseja recurrir a un planteamiento ecléctico para explicar el fenómeno migratorio. Un esquema intuitivo al respecto es el que hace depender la decisión de emigrar de un conjunto de factores de empuje, que actúan desde la oferta, y otros de atracción, que actúan desde la demanda. La emigración sería el resultado de este conjunto de factores (y no de ninguno de ellos en solitario). Pues bien, por lado de los factores de empuje (push) cabría señalar los cinco siguientes (10). - En primer lugar, la desigualdad internacional, que define el diferencial en las rentas salariales, en las condiciones de vida y en las oportunidades de progreso de las personas. Obsérvese que, en este caso, lo importante es la desigualdad (es decir, el efecto comparado), que es lo que determina la mejora relativa asociada al proyecto emigratorio, mucho más que el valor absoluto de la renta del país emisor (11). Ello no quiere decir, sin embargo, que esta última variable no influya, ya que a partir de un determinado nivel de renta, el efecto de la desigualdad internacional sobre la emigración parece atenuarse. Así pues, si bien la variable crucial es la desigualdad, el efecto de esa variable se ve condicionado por los niveles de renta del país emisor. - En segundo lugar, los niveles de desigualdad que rigen en el interior del país emisor, que define el sentimiento de carencia relativa de los potenciales emigrantes. El efecto de los niveles de desigualdad se atenúa si existe en el país una suficiente movilidad social como para alimentar expectativas de progreso para las personas. Por ello, la tasa emigratoria será mayor si la desigualdad es crónica, en un entorno de pobreza y bajo progreso económico. - En tercer lugar, los niveles de pobreza actúan, con signo negativo, en la promoción de la emigración. Cuando los niveles de pobreza son muy elevados, las personas carecen de los recursos y activos necesarios para afrontar la estrategia migratoria. En todo caso, se trata de una relación que no es lineal, ya que la pobreza opera como una suerte de umbral: a partir de un determinado nivel deja de tener relevancia. Y, de hecho, es en los países y regiones de menor nivel de desarrollo donde este factor adquiere mayor significatividad. - En cuarto lugar, el inadecuado funcionamiento de los mercados financieros y de seguros en el país emisor. En gran medida, la emigración se constituye en una estrategia de acumulación de activos y de provisión de aseguramiento de ingresos para la familia, que resulta tanto más aceptable cuanto deficiencias tengan los mercados de capital en el país de origen. Un fenómeno que está relacionado, de nuevo, con los grados de pobreza y de desigualdad social propios de la economía emisora, que son los que determinan los niveles relativos de exclusión de los mercados de capital. - En quinto lugar, el diferencial existente entre el incremento demográfico y la capacidad de generación de empleo de la economía emisora. De nuevo se trata de una relación comparada, dado que lo relevante es la capacidad que una sociedad tiene para brindar oportunidades de renta y progreso a las personas que se incorporan al mercado. Cuanto mayor sea la tasa de crecimiento demográfico y menor sea el ritmo de generación de empleo, mayores dificultades tendrá la economía para integrar en el mercado de trabajo a las nuevas cohortes de población, obligándolas a la búsqueda de empleo en los mercados exteriores. Ello no quiere decir, sin embargo, que la corriente emigratoria esté necesariamente compuesta por personas en situación de desempleo: incluso las personas con empleo, en un entorno de mercados de trabajo saturados, pueden encontrar en la emigración una alternativa de inserción laboral más segura y rentable. - Por último, la desestructuración económica y social y la falta de expectativas de progreso para las personas. Se trata de dos factores que mutuamente se relacionan y que condicionan el grado de confianza de las personas hacia las opciones colectivas de mejora social. La desestructuración social se produce cuando se rompen relaciones, y valores tradicionales y no se sustituyen por nuevas formas de relación que sean entendidas y asumidas por las personas. El efecto perturbador que este proceso comporta será notablemente menor si esas nuevas relaciones y valores abren posibilidades de progreso a las personas. Cuando la ruptura de las relaciones tradicionales no lleva aparejadas oportunidades de progreso, se acentúan los factores de expulsión de las personas, que perdidos los lazos sociales previos buscan, a través de la salida individual, sus oportunidades en el exterior. No es extraño, por tanto, que una buena parte de la emigración internacional proceda de sectores rurales que, previamente, emigraron a las ciudades de su país de origen. Se trata de sectores que padecieron la ruptura de su mundo de relaciones previo, al abandonar el mundo rural tradicional, sin encontrar, sin embargo, oportunidades de progreso en el nuevo entorno donde se instalan (periferias urbanas). Cinco son también los factores que se pueden señalar como fuerzas de atracción (factores pull) de la emigración: - En primer lugar, la generación de oportunidades de trabajo para los inmigrantes en los mercados del Norte, como consecuencia de la segmentación del mercado laboral en los países desarrollados. La vigencia del desempleo en el Norte es compatible con la existencia de estos nichos de empleo, que son consecuencia, en gran medida, de la flexibilización de los mercados laborales (que ha dado lugar a una llamada precarización del empleo). Se trata de empleos que, por estar asociados a baja retribución o baja consideración social, no constituyen oportunidades efectivas de empleo para las poblaciones del Norte. Forman parte de este segmento, los empleos conceptuados como de "triple d" (dangerous, dirty and degrading), que constituyen oportunidades para iniciar la experiencia laboral para muchos inmigrantes en los mercados de destino. - En segundo lugar, promueve la corriente emigratoria la creciente homogeneidad de gustos y valores a escala internacional, estimulada por la comunicación planetaria que la globalización propicia. De este modo, se difunden los atractivos de un modo de vida asociado a los países desarrollados, que se convierte en referencia crecientemente valorada por segmentos de la población del Sur. A través del cine, la televisión y otros medios de comunicación de amplia incidencia, se difunden los atractivos de un modo de vida que estimula, desde la demanda, la apetencia por la aventura emigratoria. - En tercer lugar, el despliegue de una red compleja de relaciones internacionales entre los países y la existencia de una manifiesta proximidad cultural, que se expresa en multitud de ámbitos en forma de una reducción de la distancia psicológica entre los pueblos. Cuanta mayor sea la proximidad cultural entre los países (y aquí el idioma es importante), menor es la percepción de riesgo con que el emigrante afronta el desafío de la emigración. Esta confianza también se estimula a través de las relaciones de todo tipo entre los países emisor y receptor, en los ámbitos de la comunicación, el comercio, las finanzas o la cooperación internacional, entre otros. - En cuarto lugar, la existencia de un capital de redes sociales y de relaciones familiares en el país de destino, como consecuencia de los procesos migratorios precedentes de conciudadanos, vecinos o familiares. Esas redes actúan como un mecanismo de seguridad para los potenciales emigrantes, disminuyendo su percepción del riesgo y de la incertidumbre que se asocia a la estrategia emigratoria. No es extraño, por tanto, que los procedentes de un mismo país (incluso de una misma provincia) se concentren en entorno geográficos precisos de los países de destino (ciertas ciudades, ciertos barrios), porque es el modo de articular esas redes de confianza, que atraen a nuevos inmigrantes. Y del mismo modo, el efecto de estas redes es lo que explica que la dinámica emigratoria siga con frecuencia un comportamiento de tipo epidémico (representado por una curva logística), con una primera etapa de crecimiento lento (mientras se constituyen esas redes), una segunda etapa de rápida expansión (cuando las redes están conformadas) y una última etapa de contención de los ritmos de crecimiento de la emigración, bien por vaciamiento demográfico del país de origen, bien por saturación del mercado de destino. - Por último, la reducción de los costes de transporte, que aminora una de las barreras de entrada a la corriente migratoria. Los avances técnicos en el ámbito de los transportes y las comunicaciones facilita el tránsito físico de la migración y facilita la permanencia de las relaciones familiares posteriores, aminorando los costes de la emigración. Este grupo de factores actúan de una manera conjunta, condicionando el proceso migratorio. Por supuesto, no es necesario que estén todos presentes para que se produzca el hecho migratorio, pero cuantos más sean los factores que coincidan, mayor será la intensidad de la corriente migratoria en un país.
Notas
(*) Catedrático de Economía Aplicada. Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI).
(9) De este modo, un incremento de la renta en el país tiene un doble efecto de signo contrario: negativo, en tanto que disminuye el diferencial de renta per cápita, y positivo, por cuanto reduce el nivel de pobreza del emisor. |
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