Sala principal en la casa de Mariana. Entonación en grises, blancos y marfiles, como una antigua litografía. Estrado, blanco. A1 fondo, una puerta con una corona gris, y puertas laterales. Hay una consola con urna y grandes ramos de flores de seda morada y verde.
En el centro de la habitación, un fortepiano y candelabros de cristal. Es de noche.
Escena I
En escena la Clavela y los Niños de Mariana. Visten la deliciosa moda infantil de la época. La Clavela está sentada, y a los lados, en taburetes, los Niños. La estancia es limpia y modesta, aunque conservando ciertos muebles de lujo heredados por Mariana.
Clavela:
No cuento más. (Se levanta.)
Niño:
(Tirándole del vestido.)
Cuéntanos otra cosa.
Clavela:
¡Me romperás el vestido!
Niña:
(Tirando.)
Es muy malo.
Clavela:
(Echándoselo en cara.)
Tú madre lo compró.
Niño:
(Riendo y tirando el vestido para que se siente.)
¡Clavela!
Clavela:
(Sentándose a la fuerza y riendo también.)
¡Niños!
Niña:
El cuento aquel del príncipe gitano.
Clavela:
Los gitanos no fueron nunca príncipes.
Niña:
¿Y por qué?
Niño:
No los quiero a mi lado.
Sus madres son las brujas.
Niña:
(Enérgica.)
¡Embustero!
Clavela:
(Reprendiéndola.)
¡Pero niña!
Niña:
Si ayer vi yo rezando
al Cristo de la Puerta Real dos de ellos.
Tenían unas tijeras así..., y cuatro
borriquitos peludos que miraban...
con unos ojos..., y movían los rabos
dale que le das. ¡Quién tuviera alguno!
Niño:
(Doctoral)
Seguramente los habrían robado.
Clavela:
Ni tanto ni tan poco. ¡Qué se sabe!
(Los Niños se hacen burla sacando la lengua.)
¡Chitón!
Niño:
¿Y el romancillo del bordado?
Niña:
¡Ay, duque de Lucena! ¿Cómo dice?
Niño:
Olivarito, olivo..., está bordando.
(Como recordando.)
Clavela:
Os lo diré; pero cuando se acabe,
en seguida a dormir.
Niño:
Bueno.
Niña:
¡Enterados!
Clavela:
(Se persigna lentamente, y los Niños la imitan, mirándola.)
Bendita sea por siempre
la Santísima Trinidad,
y guarde al hombre en la sierra
y al marinero en el mar.
A la verde, verde orilla
del olivarito está...
Niña:
(Tapando con una mano la boca a Clavela y continuando ella.)
Una niña bordando.
¡Madre! ¿Qué bordará?
Clavela:
(Encantada de que la Niña lo sepa.)
Las agujas de plata,
bastidor de cristal,
bordaba una bandera,
cantar que te cantar.
Por el olivo, olivo,
¡madre, quién lo dirá!
Niño:
(Continuando.)
Venía un andaluz,
mocito y galán.
(Aparece por la puerta del fondo Mariana, vestida de amarillo claro: un amarillo de libro viejo, y oye el romance, glosando con gestos lo que en ella evoca la idea de bandera y muerte.)
Clavela:
Niña, la bordadora,
mi vida, ¡no bordad!,
que el duque de Lucena
duerme y dormirá.
La niña le responde:
"No dices la verdad:
el duque de Lucena
me ha mandado bordar
esta roja bandera
porque a la guerra va ".
Niño:
Por las calles de Córdoba
lo llevan a enterrar
muy vestido de fraile
en caja de coral.
Niña:
(Como soñando.)
La albahaca y los claveles
sobre la caja van,
y un verderol antiguo
cantando el pío pa.
Clavela:
¡Ay, duque de Lucena,
ya no te veré más!
La bandera que bordo
de nada servirá.
En el olivarito
me quedaré a mirar
cómo el aire menea
las hojas al pasar.
Niño:
Adiós, niña bonita,
espigada y juncal,
me voy para Sevilla,
donde soy capitán.
Clavela:
Y a la verde, verde orilla
del olivarito está
una niña morena
llorar que te llorar.
(Los Niños hacen un gesto de satisfacción. Han seguido el romance con alto interés.)
Escena II
Dichos y Mariana.
Mariana:
(Avanzando.)
Es hora de acostarse.
Clavela:
(Levantándose y a los Niños.)
¿Habéis oído?
Niña:
(Besando a Mariana.)
Mamá, acuéstanos tú.
Mariana:
Hija, no puedo;
yo tengo que coserte una capita.
Niño:
¿Y para mí?
Clavela:
(Riendo.)
¡Pues claro está!
Mariana:
Un sombrero
con una cinta verde y dos de plata.
(Lo besa.)
Clavela:
¡A la Costa mis niños!
Niño:
(Volviendo.)
Yo lo quiero
como los hombres: alto y grande, ¿sabes?
Mariana:
¡Lo tendrás, primor mío!
Niña:
Y entra luego;
me gustará sentirte, que esta noche
no se ve nada y hace mucho viento.
Mariana: (Bajo a Clavela:)
Cuando acabes te bajas a la puerta.
Clavela:
Pronto será; los niños tienen sueño.
Mariana:
¡Que recéis sin reírse!
Clavela:
¡Sí, señora!
Mariana:
(En la puerta.)
Una salve a la Virgen, y dos credos
al Santo Cristo del Mayor Dolor,
para que nos protejan.
Niña:
Rezaremos
la oración de San Juan y la que ruega
por caminantes y por marineros.
(Entran. Pausa.)
Escena III
Mariana:
(En la puerta.)
Dormir tranquilamente, niños míos,
mientras que yo, perdida y loca, siento
quemarse con su propia lumbre viva
esta rosa de sangre de mi pecho.
Soñar en la verbena y el jardín
de Cartagena, luminoso y fresco,
y en la pájara pinta que se mece
en las ramas del agrio limonero.
Que yo también estoy dormida, niños,
y voy volando por mi propio sueño,
como van, sin saber adónde van,
los tenues vilanicos por el viento.
Escena IV
Aparece doña Angustias en la puerta y en un aparte.
Angustias:
Vieja y honrada casa, ¡qué locura!
(A Mariana.)
Tienes una visita.
Mariana:
(Inquieta.)
¿Quién?
Angustias:
¡Don Pedro!
(Mariana sale corriendo hacia la puerta.)
¡Serénate, hija mía! ¡No es tu esposo!
Mariana:
(Asintiendo rotundamente.)
Siempre tienes razón. ¡Pero no puedo!