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| 14 de marzo del 2004 |
Editorial: ¿Unas elecciones perversas?
Tras el impacto inicial de los atentados, las pasiones se han desatado entre los ciudadanos españoles. La proximidad de las elecciones ha añadido veneno a la mortífera carga de los explosivos.
El 11-M incide de pleno en dos cuestiones centrales: la política antiterrorista, con sus implicaciones y diferentes sensibilidades en lo relativo a la unidad de España, y la política exterior, con el alineamiento proestadounidense y belicista del Partido Popular. Según quien sea el autor de la masacre, el peso de sus consecuencias recae sobre un aspecto u otro y podría variar, en consecuencia, el propio resultado de las elecciones. Hay quien afirma que esos fueron los términos de la situación cuando el Consejo de Ministros se reunió en La Moncloa, el pasado día 11, en sesión de crisis. Y alrededor de aquella mesa, unos políticos apesadumbrados hablaron de política. ¿De qué información disponían? ¿Tomaron las decisiones oportunas? Son preguntas clave. El país necesita las respuestas para estar seguro de que no se ha descendido un peldaño más en la escala de la degradación. Tras la mentira de las armas de destrucción masiva, y tras la irresponsabilidad de buscar la consolidación partidista en la desestabilización del frágil cuerpo plurinacional con el problema del terrorismo, una respuesta decepcionante a las anteriores preguntas podría ser gravísima, por sus consecuencias morales y políticas, para toda España. Además, y a más corto plazo, una hipotética victoria electoral del partido del gobierno amparada en 48 horas de ambigüedad informativa, arropada por el dolor general e instrumentalizada por los principales canales de televisión, quedaría en entredicho porque podría ser considerada ilegímita. Con el nivel de información del que disponemos en este momento, la pregunta de si estamos ante las primeras elecciones perversas de nuestra democracia es seria y pertinente. Por grande que sea la ansiedad y la lógica pasión partidista que rodea esta hora, debemos ser conscientes de ello. |
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