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La insignia
13 de marzo del 2004


España: Atentados en Madrid

¿Fue Al Qaeda?


__Especial__
Madrid, 11-M
Santiago Roncagliolo
La Insignia. España, 13 de marzo.


Aunque el ministro del interior español se empeña en culpar a ETA de los brutales atentados del 11-M, nuevos indicios ponen en el punto de mira a Al Qaeda, de quien sospechó unánimemente la prensa europea desde el primer momento.

La razón de esta diferencia de opiniones es política. A tres días de las elecciones, si los atentados los cometió ETA, los votantes podrían inclinarse por el PP debido a los duros golpes que ha asestado al aparato militar etarra. Pero si son obra de Al Qaeda, la población podría castigar el ciego apoyo de Aznar a la guerra contra el terrorismo de Bush, una guerra que no le correspondía. La arrogancia de querer convertirse en potencia mundial de primer orden, si la hipótesis de Al Qaeda es cierta, acaba de costarle al país 200 muertos y el imborrable recuerdo del día más nefasto de su democracia.

El gobierno parece estar actuando con transparencia en las investigaciones. De hecho, el ministro Acebes moderó el tono contra ETA en su segunda intervención pública de ayer, cuando admitió el hallazgo de una furgoneta con siete detonadores y una cinta grabada con versos coránicos. Por su parte, en intervenciones posteriores, el rey y el presidente han evitado acusar directamente al terrorismo separatista vasco. Sin embargo, tanto Acebes como el portavoz gubernamental Zaplana insisten en destacar que la primera línea de investigaciones lleva a ETA. Examinemos los argumentos que sostienen, hasta el momento, una y otra posibilidad.

Comencemos por los indicios que apuntan a ETA: recientemente, la policía detuvo en Cuenca a un vehículo con explosivos destinados a un atentado en la estación de Chamartín. Además, el miércoles anterior a los atentados, simpatizantes de la izquierda abertzale repartieron en San Sebastián volantes con el lema: "No a los intereses españoles ¡Ataca RENFE!". Como si fuera poco, la fecha del atentado refleja claramente la intención de sabotear las elecciones españolas, una versión militar de la bomba política que representó un mes antes la declaración de tregua para Cataluña. El tipo de explosivo usado, finalmente, parece corresponder a los hábitos etarras. De hecho, en un principio se dijo que era el mismo que se incautó en Cuenca, aunque ese punto permanece en discusión al momento de escribir estas líneas.

Veamos ahora los hallazgos que sugieren la posibilidad de Al Qaeda: la fecha, en primer lugar. El 11-M permite imaginar los titulares del día siguiente, los que, en efecto, han publicado varios diarios en recuerdo del 11-S. La brutalidad del atentado, con un objetivo claramente civil de clase obrera y decenas de veces más bestial que el ataque al Hipercor de 1987, lo más salvaje que había hecho ETA hasta ahora con un saldo de menos de treinta muertos. La furgoneta con los detonadores y los versos coránicos. La reinvindicación del atentado por parte de un grupo fundamentalista en un periódico árabe de Londres, aunque algunas fuentes afirman que ese mismo grupo reivindicó los apagones de Nueva York y que, más o menos, se apunta a cualquier bombardeo, literalmente. También es sugerente el inmediato rechazo del atentado por parte del portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi. Aunque es verdad que Otegi no inspira la máxima confianza en estos temas a la mayor parte de España.

La reinvindación de la brigada islámica y el rechazo de los portavoces abertzales son dos cosas inéditas: los primeros, si reivindican algún hecho, habitualmente dejan pasar un buen tiempo antes de hacerlo. Los segundos también, y no suelen aparecer para decir "yo no fui". El cambio de estrategia, si el atentado fue obra de ETA, podría tratar de desviar la atención y sembrar la confusión antes de las elecciones. Si fue obra de Al Qaeda, quizá sea fruto de un agudo análisis político según el cual su atentado podría cambiar el resultado de las elecciones y llevar al gobierno de España, por ejemplo, a un PSOE que ha reprobado públicamente la alianza Aznar y Bush y ofrecido retirar las tropas españolas de Irak si no cambian las condiciones de ocupación.

Muchos observadores rechazan que los grupos terroristas actúen movidos por análisis racionales, pero yo creo que la única manera de explicar sus acciones es tratando de razonar sus análisis políticos, y sí que hacen esos análisis. Al Qaeda ya ha demostrado la sofisticación de sus acciones, y una derrota del PP siempre les permitiría mostrar que el terrorismo puede conseguir efectos políticos claros e inmediatos.

Y sin embargo, hay una tercer alternativa que podría convalidar todos los indicios hallados hasta ahora: la posibilidad de una "coproducción" entre ETA y Al Qaeda. Esa hipótesis considera inclusive la tregua ofrecida a Cataluña como un punto de quiebre, en el que una ETA militarmente derrotada decide apostar por la política y dar muestras de que el diálogo con otros movimientos de izquiera nacionalista sí puede llevar a la pacificación, aunque sea por regiones. En ese momento, podría haberse dado un quiebre: la línea dura del aparato militar detarra decide que la única vía de supervivencia es la alianza con el terrorismo internacional y se convierte en un movimiento asociado a la gente de Bin Laden, que ya se sabe, conoce bien España y ha trabajado en ella. Esa sociedad explicaría la mezcla de métodos y la concurrencia de indicios que apuntan a ambos grupos. La división de ETA, según esta hipótesis, tendría que venir de mucho antes, evidentemente.

En cualquier caso, España afronta un nuevo tipo de terrorismo, mucho más brutal que el que ha conocido hasta ahora. Para contrarrestarlo, este domingo, como han manifestado dirigentes de todos los partidos, lo mejor que pueden hacer los ciudadanos españoles es acudir a votar masivamente. Quizá ese voto se incline en cualquier caso al PP, en busca de medidas duras contra el terrorismo. Quizá el atentado movilice a la masa de izquierda desencantada inclinando la balanza hacia el otro lado. El análisis de probabilidades es difícil porque un voto con miedo es imprevisible. Y lo que quieren los terroristas es justamente volver imprevisible al sistema, desestabilizarlo para que pierda la confianza de sus integrantes, sin importar quién gobierna. Depende de los españoles que lo logren o no.



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