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La insignia
12 de marzo del 2004


España: Atentados en Madrid

A propósito de la duda


__Especial__
Madrid, 11-M
Carolina Broner
La Insignia. España, 11 de marzo.


En este 11 de marzo, hay cosas que no admiten dudas.

La muerte de más de ciento noventa personas y las heridas sufridas por otras mil quinientas son el testimonio irrefutable del horror con el que amaneció Madrid en este jueves. La hora y los lugares elegidos para los atentados suponen un notable conocimiento de la ciudad y una particular inquina con los barrios obreros y de izquierdas. Las manifestaciones espontáneas para repudiar lo sucedido, demuestran hasta qué punto los españoles están hartos del terror de ETA.

La concurrencia masiva de hombres y mujeres dispuestos a donar sangre o a sumarse a los grupos de emergencias, reflejan la solidaridad que desde siempre ha caracterizado a esta ciudad. La inmediata reacción de las organizaciones políticas y sindicales sugiere que, a pesar de todo, las instituciones democráticas españolas gozan de buena salud.

Hasta pasado el mediodía, era difícil encontrar a alguien que no señalara a ETA como único responsable de la masacre y el ministro del Interior, Ángel Acebes, afirmaba que no cabían dudas al respecto. Pero cuando una supuesta banda de la red Al Qaeda reivindicó los atentados, la certeza inicial se fue debilitando y el gobierno admitió que ya no descartaba la posibilidad de que el fundamentalismo islámico estuviera implicado.

La duda sobre los autores no cambia ni las cifras ni el hecho de que la inmensa mayoría de los muertos y heridos fueran trabajadores y estudiantes. Tampoco debilita el rechazo a los asesinos de ETA, ni opaca la solidaridad madrileña, y de ningún modo supone que las instituciones democráticas españolas estén en riesgo.

En cualquier caso, da igual que los terroristas lleven boina o turbante: sobran los ejemplos que prueban que tanto unos como otros son capaces de una hijaputez semejante, como sobran los indicios para establecer conexiones entre ambos. Y, lo más importante, sobran los motivos para afirmar que unos y otros militan en pos de un mismo objetivo: atentar contra el estado de derecho.

No faltará quien afirme que si se probara que los atentados fueron organizados por Al Qaeda, José María Aznar recibiría alguna acusación de responsabilidad indirecta por haber apoyado a Estados Unidos en la guerra de Irak sin atender a la manifiesta oposición de los ciudadanos. En idéntica línea, cabría entonces suponer que de probarse la autoría de ETA, el PSOE tendría que soportar la enésima escena de patrioterismo de los populares por no haber roto el pacto con Esquerra Republicana de Cataluña después del episodio protagonizado por Carod Rovira.

Sin embargo, eso no cambiaría las cosas porque -insisto- da igual que los atentados se hayan planeado en árabe o en euskera; el fascismo no depende del color de una camisa, sino de las formas con las que opera, de los objetivos que persigue y de los intereses de la clase a la que sirve.

Por si quedan dudas -especialmente de mi lado del charco, América-, valgan estos nombres como respuesta: Atocha, Santa Eugenia, El Pozo.



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