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La insignia
12 de marzo del 2004


España: Atentados en Madrid

Rabia y esperanza


__Especial__
Madrid, 11-M
David Iwasaki. España, 12 de marzo.


Creo que no estoy en condiciones de realizar una reflexión profunda, como me habría gustado, sobre el panorama que se nos ha ido presentando a lo largo del día. Cuando pasan dieciocho horas del momento trágico de los atentados, existen dudas sobre la autoría -ETA, Al Qaeda o ambas organizaciones terroristas a la vez-, pieza clave para la interpretación que habría de hacerse de los hechos. Aunque esos extremos sean poco relevantes cuando de calibrar el horror vivido por todo un país se trata. Y es que esa conmoción pesa demasiado. Personalmente, no me apetece realizar más consideraciones respecto al significado de este golpe a la democracia, ni buscar palabras que nunca tenemos a mano para describir la ira despertada hacia unos despreciables asesinos anónimos que han acabado con la vida de casi doscientos ciudadanos que no son anónimos. Que no pueden ser anónimos porque son nosotros: todos íbamos dentro de esos vagones de tren.

En los mismos comentarios de la anterior anotación de este diario, en otros weblogs y en los medios de comunicación se han podido leer y escuchar muchas cosas. Será culpa mía, puesto que no tiene por qué ser inoportuno o extraño que se expresen opiniones de todo tipo, pero tengo que reconocer que algunas de esas cosas me han asombrado y me han contrariado. Reitero lo ya dicho: no es momento de sacar conclusiones políticas, y menos aún de alimentar la refriega partidista. En general, predominan los ejemplos de responsabilidad ante las circunstancias. Más en los políticos que en otros círculos donde se prefiere aprovechar la oportunidad para radicalizar las posiciones. La unidad del discurso y de la respuesta de todos los ciudadanos y partidos ante el inevitable luto de estos días previos a las elecciones demanda que lo único que se extreme sea la serenidad, la prudencia y la moderación.

Es imprescindible, como ya se ha dicho en otros sitios, que la rabia y la indignación se canalicen hacia dos acciones que saquen lo mejor del civismo necesario tras una muestra de barbarie como la vivida el día de ayer. En primer lugar, sacar a la calle el rechazo hacia este ataque del terror en las manifestaciones convocadas. En segundo lugar, acudir a votar el domingo -a quien sea o en blanco- masivamente. Ir a votar lo que tuviéramos decidido ya el miércoles significará negarle cualquier tipo de influencia al terrorismo sobre el rumbo de la sociedad democrática. Lo ha dicho alguien, un político, y me parece conveniente que todos lo tengamos en cuenta: «Los ciudadanos deben votar con la seguridad de que, cualquiera que sea el Gobierno que salga de las urnas, será el Gobierno el que prevalecerá frente al terrorismo y nunca al contrario».

Por último, me quedo con un deseo expresado por Alberto Piris. Me quedo con la esperanza: «Enterrando a sus muertos y sorbiéndose las lágrimas que ocultan la ira, Madrid ha de seguir mostrando que - rompeolas hoy frente a todos los terrorismos - nada le hará renunciar a su valor más inapreciable: la libertad para sus ciudadanos y su derecho a vivir una democracia libremente elegida, pese a las brutales incursiones de los que confunden la legítima acción política con la mortífera deflagración de los explosivos».



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