Mapa del sitio Portada Redacción Colabora Enlaces Buscador Correo
La insignia
30 de marzo del 2004


Acto quinto, escenas I y II

Ricardo III


William Shakespeare
Transcripción para La Insignia: C.B.


Acto quinto
Escena I

(En Salisbury. Una plaza)

Entran el Sheriff y Guardias, con Buckingham llevándole a ser ejecutado.

Buckingham: ¿No me dejará el rey Ricardo hablar con él?

Sheriff: No, mi buen señor. Así que tened paciencia.

Buckingham: ¡Tú, Hastings, y vosotros, hijos de Eduardo, y Rivers, Grey, santo rey Enrique, y tu claro hijo Eduardo, Vaugham, y todos los que caísteis por la oculta corrompida y turbia injusticia! ¿Quizá vuestras almas iracundas y agraviadas observan esta hora a través de las nubes? Hoy es el día de los Difuntos, ¿no es verdad, amigos?

Sheriff: Sí, señor.

Buckingham: Ah, entonces, el día de los Difuntos es el día del juicio para mi cuerpo. Hoy es el día que, en tiempo del rey Eduardo, deseé que cayera sobre mí, cuando resulté traidor a sus hijos y los parientes de su mujer; hoy es el día en que me deseé caer por la falsía de aquel en quien más me fiaba; hoy, el día de las ánimas, es para mi alma la fecha en que se han emplazado mis ofensas. Aquel que todo lo ve, en lo alto, de quien me burlé, ha hecho caer sobre mi cabeza mis fingidas oraciones, y me ha dado en serio lo que pedí en broma. Así obliga Él a las espadas de los hombres perversos a que vuelvan las puntas contra el pecho de sus dueños. Así cae pesadamente en mi cuello la maldición de Margarita: "cuando se te parta el corazón de tristeza", dijo, "acuérdate de que Margarita fue una profetiza". Vamos, señores, llevadme al tajo de infamia: la maldad sólo obtiene maldad, y la culpa recibe su deuda de culpa.

(Se van)


Acto quinto
Escena II

(Llanura junto a Tamworth)

Entran con tambor y bandera, Richmond, Oxford, Sir James Blunt, Sir Walter Herbert y otros, con fuerzas en marcha.

Richmond: Compañeros de armas, y mis más cariñosos amigos, aplastados bajo el yugo de la tiranía, hasta aquí, por las entrañas del país, hemos avanzado sin impedimento; y aquí recibimos, de nuestro padre Stanley, líneas de buen consuelo y estímulo. El miserable jabalí, sanguinario y usurpador, que asolaba vuestros campos de estío y vuestras viñas con fruto, y vierte vuestra sangre caliente como lavazas, y hace su comedero en vuestros cuerpos destripados; ese sucio cerdo está situado ahora en el centro de esta isla, cerca de la ciudad de Leicester según se nos dice: de Tamworth hasta allí sólo hay un día de marcha. En nombre de Dios, avancemos con buen ánimo, valerosos amigos, para recoger la cosecha de la paz perpetua con esta sola prueba de sangre de la dura guerra.

Oxford: La conciencia de cada hombre es como mil espadas para luchar contra ese culpable homicida. Herbert: No dudo que sus amigos nos atacarán.

Blunt: No tiene más amigos que los que son amigos por miedo, que se le echarán atrás en su mayor necesidad.

Richmond: Todo para nuestra ventaja. Entonces, en nombre de Dios, marchad: la verdadera esperanza es veloz, y vuela con alas de golondrina; de los reyes, hace dioses, y de las criaturas más bajas, reyes.

(Se van)



Portada | Iberoamérica | Internacional | Derechos Humanos | Cultura | Ecología | Economía | Sociedad Ciencia y tecnología | Diálogos | Especiales | Álbum | Cartas | Directorio | Redacción | Proyecto