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18 de junio del 2004


Brasil: UNCTAD XI

Países en desarrollo relanzan un acuerdo comercial


__Especial__
UNCTAD XI
Eduardo Gudynas (*)
Integración Sur / D3E. Brasil, junio del 2004.


Sao Paulo.- Finalmente se presentó uno de los acuerdos más esperados de encuentro de la XI UNCTAD: una nueva ronda de negociaciones para promover el comercio entre países en vías de desarrollo. En una ceremonia presidida por el ministro de economía de Argentina, Roberto Lavagna, junto al secretario general de la UNCTAD, Rubens Ricupero, se presentó la "Declaración de San Pablo" donde se anuncia el inicio de la tercera ronda de negociaciones del Sistema General de Preferencias Comerciales (SGPC). Este sistema es un acuerdo comercial específico para los países en desarrollo, por medio del cual se intercambian preferencias arancelarias, con el objetivo de potenciar el comercio entre ellos.

Si bien el sistema fue aprobado en 1989, realmente nunca logró concretarse plenamente por las propias disparidades entre las naciones en desarrollo así como por el nacimiento y fortalecimiento de la Organización Mundial de Comercio. Posiblemente respondiendo a esa historia, Ricupero agudamente señaló que "si no podemos negociar entre nosotros, ¿cómo podemos pensar en hacer otras negociaciones con otros bloques económicos?"

Actualmente 43 naciones forman parte del SGPC, aunque el ministro argentino Lavagna señaló que esperaban ampliar el número por lo menos al doble. Trece países latinoamericanos son parte del sistema, incluyendo a las economías de mayor tamaño (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, y México).

Una marcha de tres décadas

La idea de establecer reducciones preferenciales en los aranceles únicamente entre países del sur como modo de promover el intercambio mutuo nació en el seno del Grupo de los 77 a mediados de la década de 1970. La iniciativa fue presentada en la cuarta conferencia de UNCTAD en 1976. Pasarían más de diez años para lograr los primeros acuerdos concretos, con un formato que recién se aprobó en Belgrado en 1988, y entró en vigor al año siguiente.

Hasta ahora se han realizado dos rondas de negociaciones, de las cuales sólo se lograron acuerdos efectivos en la primera. Todos reconocen que el SGPC no ha funcionado plenamente. Existen varias razones que explican esas dificultades, y entre ellas conviene recordar que en esos años estaba en plena negociación la Ronda Uruguaya del GATT (el acuerdo general sobre aranceles), y uno de cuyos resultados fue la creación en 1995 de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Esos dos hechos opacaron al SGPC, y en buena medida dejaron en un segundo plano a la propia UNCTAD. Los países en desarrollo perdieron la oportunidad de lograr mayores niveles de autonomía y finalmente fueron absorbidos por la estructura y dinámica de la OMC.

El relanzamiento que acaba de acordarse en San Pablo ha sido uno de los eventos más esperados en el marco de la conferencia de la UNCTAD. El acuerdo apunta a una tercera ronda de negociaciones donde se busca cambiar la metodología de trabajo, ampliar el número de países participantes y abarcar nuevos temas. Pero es además una señal política de un intento del sur de ensayar relaciones comerciales autónomas entre ellos mismos, sin depender de los países del norte.

La reacción crítica de la OMC

Es obvio que el acuerdo del SGPC apunta a generar un flujo de comercio preferencial entre los países del sur. Este propósito choca contra las ideas ortodoxas del libre comercio, y contra buena parte del espíritu dominante que generan los países industrializados dentro de la OMC, el Banco Mundial o el BID. Sus portavoces gubernamentales y académicos más de una vez han combatido lo que llaman "desvíos comerciales". Recordemos por ejemplo que cuando el MERCOSUR logró expandir sustancialmente su comercio recíproco, desde el Banco Mundial de lo cuestionaba denunciando que "desviaba los flujos comerciales". Justamente eso mismo desea hacer el SGPC.

Pero es también evidente que el SGPC ofrece un mensaje político de intentar ganar autonomía comercial, potenciando las economías nacionales por medio de flujos comerciales recíprocos. Esa autonomía comercial es además una búsqueda de autonomía política ya que el SGPC es un acuerdo instalado por fuera de la OMC.

Estos dos hechos no han pasado desapercibidos y han generado críticas desde la OMC y miradas con desdén desde las capitales de los países industrializados. Los mensajes más claros provinieron del director general de la OMC, Supachai Panitchpakdi, quien contratacó diciendo que "veo más oportunidades parta los países en desarrollo en la OMC". Se preguntó: "no sé cuan lejos puede llegar el SGPC", y agregó "no me importa que las personas trabajen con el SGPC, pero es preciso enfocar los esfuerzos en la Ronda de Doha". Incluso llegar a decir que es "irreal" y "peligroso" creer en alternativas a la OMC.

El escepticismo y las amenazas de Panitchpakdi revela la distancia con la que la estructura central de la OMC (y los países industrializados por detrás), observan el esfuerzo de este acuerdo comercial del sur. Esta reacción deja en claro la potencialidad que tiene el acuerdo de generar nuevas relaciones comerciales que permitan lograr mayor autonomía a las naciones del sur.

El desafío entre las naciones del sur

Buena parte del futuro del SGPC depende de China. En el lanzamiento de la nueva ronda negociadora ese país fue especialmente invitado para sumarse al sistema. Obviamente que las sostenidas demandas del mercado chino de varios productos se constituyen en una apetitosa posibilidad para promover flujos exportadores desde los países en desarrollo. La demanda china es de tal envergadura que por sí sola podría cambiar radicalmente los flujos comerciales de muchas naciones del sur, y por lo tanto mejorar sustancialmente sus condiciones económicas internas. Habrá que ver si China ingresa a las negociaciones y bajo que condiciones.

Más allá de la posición de China, el SGPC es claramente una iniciativa del sur. Por ello las reacciones de la prensa tradicional y de muchas organizaciones ha sido celebrar el hecho como una muestra de solidaridad entre las naciones en desarrollo. En realidad, así como las países industrializadas imponen altos aranceles o restricciones comerciales, otro tanto hacen las naciones del sur, y en especial las más grandes frente a las más pequeñas.

En ese sentido, el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, que ya había calificado a su nación como uno de los mayores donadores internacionales de dinero dadas las distorsiones que sufren sus exportaciones de café, señaló sin inhibiciones que India, Brasil y China le niegan el acceso a sus mercados usando más o menos los mismos procedimientos que emplean los países ricos. Museveni tiene razón.

Los datos que se manejan en estos días muestran que muchas naciones en desarrollo cuando buscan exportan a otros países del sur encuentran aranceles todavía más altos que cuando lo hacen con Europa o Norteamérica.

Los cambios en esos procedimientos tendrían muchos efectos económicos positivos. En la ceremonia de lanzamiento de las negociaciones, Ricupero sostuvo que en 2003 el comercio entre los países en desarrollo representó el 30% de los intercambios sur - sur, y el 43% del comercio global. También afirmó que el comercio entre los 43 países del SGPC representan más de la mitad del comercio entre las naciones en desarrollo. Si se instalara una reducción arancelaria a la mitad entre los países del SGPC, la UNCTAD estima que se generarían beneficios por más de 15 mil millones de dólares.

Por lo tanto existe un enorme desafío para los gobiernos del sur, y en especial para aquellos países de mayores economías, en hacer consistentes sus denuncias contra los países industrializados con un apoyo a las demás naciones del mundo en desarrollo. De esta manera el SGPC brinda una enorme oportunidad de llevar a la práctica muchos reclamos sobre comercio justo y lucha contra la pobreza.

Las negociaciones futuras

A partir de la Declaración de San Pablo comienza la nueva ronda de negociaciones presidida por Argentina. Los primeros pasos concretos tendrán lugar en noviembre y avanzarán por etapas, con un cronograma ambicioso que apunta a concluir los acuerdos sobre modalidades a mediados de 2005. Varios países ya han indicado que desean sumar nuevas naciones además de China, en especial otros países de Africa y Asia.

El acuerdo establece que el sistema debe ofrecer ventajas mutuas y equitativas para todos, aunque reconoce que las naciones menos desarrollas pueden recibir medidas preferenciales. El acuerdo es complementario a los esquemas de integración regional de las naciones en desarrollo y debe fortalecerlos (de hecho el MERCOSUR como bloque participó en la segunda ronda de negociaciones).

Actualmente el acuerdo se expresa por aranceles preferenciales, que en estos momentos contempla más de 1500 bienes agropecuarios y manufacturas. Pero existe la intención de introducir varios cambios. En especial se apunta a cambiar las negociaciones basadas en ofertas acotadas a productos por acordar un nivel de reducción preferencial a todos los aranceles. Además algunos países esperan sumar las compras gubernamentales y servicios, temas que causan muchas fricciones dentro de la OMC.

Un camino abierto

Posiblemente el lanzamiento de la tercera ronda del sistema preferencial de comercio entre las naciones del sur sea uno de los resultados más concretos de la XI UNCTAD en San Pablo. Se abre un nuevo camino que no pasa por los escenarios de los últimos años, y brinda la posibilidad de avanzar independientemente de la OMC, lo que en sí mismo es otra forma de promover cambios en esa institución.

Desde el punto de vista de la sociedad civil el desafío se multiplica, ya que el SGPC no sólo permitiría generar un comercio más intenso entre las naciones del sur, sino que debería también integrar todos los demás aspectos que una y otra vez son dejados de lado, como la equidad, la justicia y la calidad ambiental.


(*) E. Gudynas es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología, Equidad América Latina).



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