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| 26 de julio del 2004 |
Arancha Desojo
En este principio del siglo XXI, y después de haber vivido los avances tecnológicos y científicos de finales del siglo XX, muchas personas piensan que es el momento de pararse y mirar de nuevo hacia la naturaleza. Hasta los fanáticos de las computadoras y de Internet, los locos por los videojuegos, las agendas electrónicas y los teléfonos celulares buscan de nuevo alimentos sin aditivos, confían en remedios caseros cuyas recetas heredaron de sus abuelas y aprecian las excursiones a los cada vez más escasos parajes naturales que se han mantenido libres de la contaminación o la urbanización.
Además de los productos de la agricultura ecológica, las plantas medicinales que se utilizan en medicina tradicional en todas las culturas del mundo han visto resurgir su uso en la mayoría de los países, como una alternativa libre de química y productos artificiales para el alivio de dolencias menores que no requieren la visita al médico y evitan tomar medicamentos que pueden, a veces, producir efectos adversos tan negativos como el síntoma a tratar. Lo que no tomamos en cuenta es que, naturales y todo, las plantas medicinales están actuando en ese momento en nuestro organismo como medicamentos, ya que los tomamos con intenciones curativas. No hay que olvidar que el 25% de los medicamentos modernos proceden de plantas medicinales que se utilizaban con el mismo fin en la antigüedad. Su condición vegetal y su procedencia natural no garantizan la total inocuidad de las plantas, ni anulan los efectos negativos que algunas de ellas pueden producir en enfermedades ya existentes cuando se ingieren sin conocimiento y sin control. Este tipo de productos se pueden adquirir habitualmente sin receta ni indicación médica, y su aplicación suele venir recomendada por amigos o familia, existiendo poco o ningún tipo de seguimiento o control de los resultados. Esta misma causa hace que se produzcan importantes y frecuentes interacciones entre los medicamentos naturales y los químicos, debido a que, a menudo se olvida advertir al médico de la utilización de estas plantas. En los pases empobrecidos, hasta el 80% de la población confía en las hierbas y plantas como primer remedio para cualquier dolencia y donde más de un tercio de la población no tiene acceso a medicamentos esenciales. Que las plantas y remedios de la medicina tradicional sean seguros y efectivos es crítico para mejorar la salud de estas poblaciones. Con el aumento de su uso se ha incrementado también la incidencia de reacciones adversas de las de medicinas alternativas, debido a la falta de regulación. Por este motivo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha decidido invitar a los gobiernos a difundir la información necesaria para la protección de los consumidores de plantas medicinales de todo el mundo. "La OMS apoya el uso de la medicina tradicional y alternativa cuando está demostrado el beneficio y la existencia de mínimo riesgo para el paciente," declaró el Dr Lee Jong-wook, Director General de la OMS. "Pero cada vez más gente utiliza estas medicinas, y los gobiernos deben poseer las herramientas para asegurar que todos los usuarios tienen la información correcta sobre los beneficios y los riesgos". En gran parte de África, Asia y Latinoamérica se utiliza la medicina tradicional como la solución de salud primaria más importante. En China, las plantas constituyen entre el 30 y el 50% del consumo total de medicamentos, mientras que en Ghana, Malí, Nigeria y Zambia el tratamiento de la fiebre debida a malaria en niños se efectúa en casa por medio de hierbas medicinales. En Europa y Estados Unidos, más del 50% de la población utiliza o ha utilizado alguna vez la medicina natural como complemento a la medicina moderna; en San Francisco, y también en Sudáfrica, el 75% de la población afectada de sida utiliza los remedios tradicionales y el 70% de la población de Canadá y el 90% de Alemania los ha usado al menos una vez en la vida. El número de médicos alemanes que han recibido entrenamiento especializado en prácticas de medicina tradicional se duplicó entre los años 1995 y 2000. El dinero gastado en los Estados Unidos en el año 2000 en este tipo de medicinas fue de 17.000 millones de dólares, siendo 230 millones de dólares en el Reino Unido. Sólo en 70 países del mundo existe una regulación nacional sobre hierbas medicinales, pero su utilización no está legislada, dado que las plantas tienen un tratamiento muy diferente en cuanto a su manufactura, licencia, dispensación y comercialización. Así pues, es importante que los gobiernos sigan las recomendaciones de la OMS y regulen estos apartados para controlar la seguridad y la calidad de las plantas medicinales, la idoneidad de su utilización y la integración de su uso en los sistemas nacionales de salud, haciendo que los consumidores y enfermos conozcan las aplicaciones, contraindicaciones y peligros de estos útiles remedios. |
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