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| 12 de julio del 2004 |
CCS. España, julio del 2004.
Tras casi tres años de la demencial política -violenta y cuasi genocida- de Ariel Sharon, hay que concluir que las cosas aún pueden empeorar en Oriente Próximo.
En el mes de mayo pasado, Sharon mandó destruir cientos de casas palestinas en el campo de Rafá, en la frontera con Egipto, porque decía que servían de refugio a los contrabandistas de armas. Más de 3.000 palestinos se vieron obligados a abandonar sus casas ante las excavadoras de Sharon y la propia izquierda pacifista israelí calificó la acción de crimen de guerra. Hace un mes, el señor Sharon anexionó por la fuerza 150 kilómetros cuadrados de Cisjordania, en la zona de Salafit, a sesenta kilómetros de Jerusalén, para construir una muralla protectora de los asentamientos de colonos de Ariel, Kedumin y Emanuel. El plan de paz, impropiamente denominado Hoja de Ruta, preveía la formación de una entidad política palestina y la retirada de los israelíes de Cisjordania, Gaza y parte de Jerusalén Este. Sharon lo ha enterrado concienzudamente porque se retirará de la franja de Gaza cuando, como y cuanto le dé la gana, sólo se retirará de los lugares que le apetezca de Cisjordania y, por supuesto, no se retirará de Jerusalén Este. A estas últimas perlas de la actuación sharoniana hay que añadir la construcción del nuevo muro de la vergüenza (que empobrecerá aún más a los palestinos) y, sobre todo, el goteo de muertes de civiles, asesinatos selectivos y tropelías varias. Todo ello ha conseguido que aumenten en el mundo, y muy especialmente en Europa, las voces que se oponen frontalmente a esta política de Sharon, la critiquen y la condenen. La réplica desde los círculos sharonianos y los de sus aliados y voceros sería cómica de no ser por la situación trágica y sangrante. Se ha pretendido que las voces críticas y condenatorias son expresión y reverdecimiento del antisemitismo que nunca ha sido eliminado de tierras europeas. Y aquí viene como anillo al dedo la respuesta del periodista y escritor francés Jean Daniel (fundador de Le Nouvel Observateur) a las preguntas del corresponsal de un diario español. Daniel afirmó con contundencia que ciertamente es anti Bush, pero que nunca lo encontraran en el 'antiamericanismo'. Esta precisión es aplicable al juicio y postura sobre lo que ocurre en los Territorios Palestinos. La más determinante oposición a la política de Israel bajo la dirección de Sharon no sólo no es antisemita, sino que es lo más pro semita que se pueda pensar. El auténticamente antisemita, aunque solapado, alevoso y ladino, es Sharon por haber adoptado un papel muy parecido al de los verdugos nazis que masacraron al pueblo judío en el siglo pasado. Sharon es el agente provocador, el infiltrado que se introducía en las organizaciones anarquistas y otras radicales, proponía las más brutales acciones, las denunciaba y así daba pie y cobertura a las más feroces represalias. La actual situación en tierras palestinas (segunda Intifada, escalada de violencia y destrucción) fue iniciada por el señor Sharon con la insolente y monstruosa provocación en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén. Esta planificada provocación continuaba, de hecho, su criminal trayectoria que comenzó años antes con las matanzas en los campos palestinos de Sabra y Chatila en el sur del Líbano. Sharon y Bush en EEUU no sólo no representan lo que significan los ciudadanos israelíes o estadounidenses sino que encarnan la antítesis de los mejores valores de esos pueblos. Identificar la actitud y la acción críticas y opositoras de la política de Sharon o de Bush con antisemitismo o sentimientos antiestadounidenses es tan estúpido como haber pretendido en el pasado próximo que estar contra Hitler, Mussolini o Franco fuera antialemán, antitaliano o antiespañol. Los judíos de todo el mundo deberían comprender que Sharon es su agente provocador infiltrado y no entender el apoyo a su política y a los desmanes en los Territorios Palestinos como defensa de Israel y del derecho que tiene a vivir en paz, porque lleva camino de ser todo lo contrario. |
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