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La insignia
29 de julio del 2004


Ecuador: I Foro Social de las Américas

No vale la pena desperdiciar pólvora en gallinazos


__Especial__
I Foro Social de las Américas
Alberto Acosta
Tintají. Ecuador, 28 de julio.


Quito.- Ecuador, país plagado de problemas y frustraciones, alberga en estos días el Primer Foro Social de las Américas (FSA). Desplegando un esfuerzo enorme, un grupo de organizaciones convocó a la "sociedad civil" hemisférica para analizar la realidad, intercambiar experiencias de resistencia y plantear salidas a los retos del momento. Esta es una gran oportunidad para abrir el horizonte y elevar la mira en la lucha contra el neoliberalismo y contra toda forma de dominación y exclusión.

Los problemas son múltiples y complejos. De sopetón enfrentamos la militarización de las relaciones internacionales, como forma de conservar el poder y los privilegios de una fracción minoritaria de habitantes del planeta. Militarismo que en el hemisferio asoma de la mano del Plan Colombia y con el establecimiento de bases estadounidenses. Basta ver el papel de la base de Manta en Ecuador, cedida para dizque combatir el narcotráfico, que es más una muletilla que camufla la guerra contra la insurgencia en Colombia y que sirve para impedir la salida de miles de miles de personas que sueñan con fugarse de este paraíso dolarizado.

En esta recolección de dificultades afloran con luz propia las derivadas del endeudamiento externo. Las repúblicas de la región, atrapadas casi desde sus orígenes en su deuda eterna, no logran aún una respuesta adecuada. Podrían hacerlo unidas, pero insisten en negociar bilateralmente. Tratan de cumplir con un imposible pago. Y siguen sacrificando la vida de sus pueblos. En estas tierras ecuatoriales funciona un esquema de "transparencia fiscal" para "liberar" todos los excedentes posibles con miras a atender el servicio de dicha deuda, mientras se restringe la inversión social, así Ecuador alcanzaría en 47 años el promedio por habitante que tenía América Latina en el 2001.

Y las amenazas se multiplican con el ALCA y los tratados de libre comercio, con los que se quiere completar el largo y doloroso ajuste neoliberal de aperturas comerciales y financieras a ultranza, a ser completado con regulaciones legales y constitucionales para proteger al capital norteamericano frente a cualquier decisión de los estados nacionales. Las empresas yanquis serían entidades casi "extraterritoriales", que sin dejar de gozar de los beneficios del trato nacional, en muchos aspectos no estarían sometidas a la jurisdicción nacional. Algo que ya sucede en Ecuador con el fallo arbitral en Londres que favorece a la empresa Occidental y obliga al Estado a devolverle 75 millones de dólares por IVA, mientras se escamotea un mísero incremento de las pensiones jubilares.

En este entorno se celebra en Quito el FSA, cuya trascendencia obliga a priorizar la búsqueda democrática de propuestas alternativas a los graves problemas hemisféricos y globales, sin entramparse en las minucias de la política doméstica: disparar prioritariamente contra el desgobierno traidor del presidente-coronel sería gastar pólvora en gallinazos.



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