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La insignia
10 de julio del 2004


A fuego lento

Literatura light


Mario Roberto Morales
La Insignia*. Guatemala, julio del 2004.


En uno de sus certeros artículos, Andrés Zepeda se refirió (El Periódico 9-7-04) a la ubicua y eterna Selecciones de Reader's Diges, y apuntó que sus contenidos resultan entretenidos porque se presentan casi digeridos. Esta característica, que es atributo de toda publicación light que "se respete", me parece la más importante de comentar, muy por encima de las temáticas y los enfoques usuales que, como se sabe, se remiten al cúmulo de valores conservadores de una sociedad que hace girar su sentido civilizatorio en torno de la falsa dicotomía fariseísmo-liviandad.

Tanto la literatura light como todas las manifestaciones escriturales que sin pretensiones estéticas apelan a la ligereza de pensamiento, la chatura de criterio, la falta de profundidad reflexiva y la desproblematización "temática", y que, por contraste, invitan al lector a asumir un alegre y despreocupado optimismo respecto de sus aburridas condiciones de trabajo, sus circulares rutinas familiares de fin de semana, sus alargadas sesiones frente un televisor que le brinda casi un centenar de "opciones" de lo mismo, y sus tediosas incursiones expiatorias de domingo a la iglesia, se han constituido en consumo normal de la humanidad, la cual, gracias a ello, es ahora más ignorante que hace 10 años.

Pero quedándonos en la escrituralidad light, el Mercado (con mayúscula, para significar el sistema general de relaciones que rigen la vida social y moral) ha logrado, entre sus muchas hazañas, sobre todo gracias al colapso del socialismo real, anular el gusto estético de las generaciones de los años 90. Por ejemplo, su capacidad de diferenciar entre la prosa de Selecciones del Reader's Digest y la de Arévalo Martínez o Juan José Arreola, por ejemplo. Y he ahí que a menudo leemos barbaridades escritas por críticos y críticas graduados en EEUU (de esos que pasaron por la academia estadounidense pero que ésta no pasó por ellos), en las que "arrejuntan" a unos escritores con otros, inventando "generaciones" o grupos literarios que sólo existen en una imaginación que todavía no entiende de qué se trata la literatura, ni para qué sirve y por qué se escribe y se lee. Yo quisiera saber cuántos críticos literarios puede responderme estas dos simples preguntas: ¿Para qué sirve la literatura, y cuál es la utilidad de estudiarla? De modo que si usted, querido lector, querida lectora, no puede discernir por qué se dice que un párrafo del Quijote es mejor que uno de Selecciones y ya está usted en tercer año de la carrera de letras, sálgase inmediatamente de allí y cámbiese a una ingeniería en sistemas porque sus profesores no saben nada de literatura.

Estamos en el siglo de la banalidad y el simulacro. Un siglo en el que la literatura y los escritores, si quieren ser "exitosos", deben ser light, con una prosa que no admita más que un solo nivel de lectura y no se desborde en búsquedas sintácticas que desvíen la exigua atención de un lector masificado al que no le gusta que le propongan temas desconocidos porque no es capaz de más de diez minutos de atención fija. De modo que si es usted escritor o cree tener vocación de serlo, lea a Pablo Coelho, a Brian Weiss, a Isabel Allende, a García Márquez (de El amor en los tiempo del cólera en adelante) y, claro, a Laura Esquivel (luego de ver la película de su marido, Como agua para chocolate). Después, lea las piezas ya banalizadas de Borges y Monterroso y, claro, a Og Mandino.

Acto seguido, quizá ya esté listo para leer cualquier piecesita efectista de esa "novísima" neovanguardia de jóvenes que escriben para el mercado hoy día, "descubriendo" lo que los "ismos" europeos y latinoamericanos agotaron a principios del siglo pasado. Y quizá usted mismo se decida a publicar un libro y ganar uno de esos certámenes de las editoriales transnacionales, que andan siempre en busca de cerebros lo suficientemente light como para poder impactar a lectores que ya alcanzaron la necesaria "sabiduría" como para no interesarse ni en los escritores ni en la literatura.


(*) También publicado en Siglo Veintiuno y A fuego lento



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