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| 13 de enero del 2004 |
Una cena presidencial sin acuerdos
Integración Sur / D3E, enero del 2004.
Los 34 jefes de Estado de las Américas se encuentran en Monterrey manteniendo todavía divergencias sobre los compromisos que asumirán. Tras la finalización del primer día de reuniones de la cumbre extraordinaria, los presidentes se vuelven a encontrar en la cena de gala. Mientras se escriben estas líneas, los jefes de Estado están saboreando una cena ofrecida por Vicente Fox, y seguramente están discutiendo cómo alcanzar un acuerdo que por ahora parece incierto.
El lunes fue particularmente agitado. En primer lugar llegaron los últimos presidentes, incluyendo el arribo de George Bush en el Air Force One. En segundo lugar, se sucedieron marchas ciudadanas protestando contra la cumbre, sin incidentes pero lo suficientemente numerosas para marcar una presencia de la sociedad civil. En tercer lugar, no pasaron desapercibidos algunos problemas, como la cancelación del encuentro entre Fox de México y Chávez de Venezuela, ya que el último se atrasó, mientras que la reunión de Fox con Lula de Brasil fue apenas una fugaz conversación. Este martes se espera la sucesión de reuniones bilaterales. Más allá de esas cuestiones los desencuentros centrales del lunes se centran en los siguientes temas: Estados Unidos insiste no sólo en una referencia al ALCA, sino en a su fecha de implementación en el 2005; cuenta con el apoyo de México y Canadá. Brasil había cedido a citar el ALCA y los temas comerciales en términos genéricos, pero conjuntamente con Venezuela no acepta ninguna referencia a una fecha; sorpresivamente Argentina no acompaña a Brasil y se muestra más flexible en este punto. Se mantiene la insistencia de Washington de excluir de la OEA a los países "altamente corruptos". Se oponen Brasil y Venezuela, preguntándose quién determinará cuales países son tan corruptos como para poder ser excluidos del sistema interamericano. Sobre las remesas de dinero enviadas por los migrantes (que en países como El Salvador o Ecuador constituyen una de las principales fuentes de ingresos) la discusión también es acalorada. Los países se comprometen a propiciar la reducción en un 50% del costo del envío de remesas originadas desde países desarrollados para 2008; Brasil se opone. Sobre el Fondo de Apoyo Humanitario que Venezuela propone crear con la base del dinero incautado al narcotráfico, aportaciones voluntarias y recortes del gasto militar, las oposiciones partes de Canadá y Estados Unidos. Es cierto que no todo son divergencias. La declaración instará a los países a combatir la pobreza, y al menos seis puntos del capítulo de crecimiento económico con equidad ya están aprobados. Al mismo tiempo, continuarán los esfuerzos por encontrar fuentes de financiamiento seguras que atiendan las necesidades de los países en desarrollo. Pero se mantienen distintas posturas en las demás cuestiones, y las delegaciones oficiales se mueven en un tironeo, con muchas presiones en varios sentidos, no sólo en temas sustantivos, como los modos bajo los cuales se encara la corrupción, sino también en detalles que sirvan de posteriores justificaciones. Esas tensiones son fuertes y además la información disponible al público es poca; una y otra vez las organizaciones ciudadanas denuncian las enormes limitaciones en el acceso a la información y la falta de transparencia en los debates. Por lo tanto las posibilidades de conocer rápidamente los detalles de estas discusiones son limitados. La situación se torna todavía más complicada porque a esos debates se superponen los temas que se consideran en los encuentros entre los presidentes, como la iniciativa boliviana de lograr la cooperación mexicana en la explotación del gas. De todas maneras emerge un panorama complicado, donde buena parte de la iniciativa está en manos de Washington que logra asociar diferentes aliados para cada cuestiones; algunas naciones lo apoyan en los temas de seguridad y terrorismo, y otros en la demanda del libre comercio hemisférico. Ningún país de América Latina ha logrado armar un juego similar, y hasta ahora vienen reaccionando como pueden. La estructura de la OEA no está sirviendo para amparar esas negociaciones, y por momento su secretario general, César Gaviria, parece un negociador más de Washington. Sin embargo que existan esas reacciones no es un hecho menor; eso indica que hay resistencias fuertes, todavía no muy organizadas, pero que explican que al finalizar la primera tarde de trabajo todavía no pueda anunciarse un acuerdo. Es así que los presidentes llegan a la cena de la inauguración sin un texto aprobado, y seguramente entre los platos y las bebidas deberán buscar una fórmula para alcanzar un consenso sobre la declaración final. (*) P. Visca es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina). |
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