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| 31 de diciembre del 2004 |
Jaime Atienza Azcona (*)
Oportunidades para la cooperación al desarrollo
en el ámbito migratorio: el codesarrollo Es importante comenzar con una constatación: muchas zonas del sur, donde tradicionalmente ha venido operando la cooperación para el desarrollo, se encuentran marcadas por una migración fuerte y en aumento. Así es en numerosas zonas rurales que se han ido quedando crecientemente despobladas, y en ese segundo paso que es la migración internacional tras la interna del campo a la ciudad o a otra región. Sin embargo, las intervenciones en el campo de la cooperación rara vez han tenido en cuenta esta realidad. La migración en una comunidad del Sur tiene efectos muy diversos, tanto positivos como negativos, que van desde los económicos -llegada de recursos y aumento de la desigualdad entre los miembros de la comunidad- hasta los sociales: nuevas formas de familia, desarraigo y alejamiento del entorno cercano como lugar en el que realizar la propia vida, mitificación de los migrantes, que representan a los triunfadores de la sociedad aunque en su destino vivan en malas condiciones, etc. Por otra parte, en las sociedades de llegada existe una semilla inicial en la presencia de los propios migrantes, algunos de cuyos grupos quieren pagar una deuda con sus lugares de origen, que abandonaron. Del mismo modo, la conciencia de que existe una interrelación entre lo que nos ocurre al interior de nuestros países ricos y las razones que empujaron a la salida a los migrantes está cada vez más extendida entre las organizaciones sociales, que empiezan -empezamos a tomar conciencia de que actuamos sobre la misma realidad en un barrio empobrecido del sur de Madrid y en una comunidad empobrecida del sur de Quito. Veamos a continuación algunas líneas de actuación que pueden promoverse en el marco de la cooperación internacional y las migraciones: 1. Analizar las causas estructurales de la migración, y también las causas más directas que influyen en el contexto local. En ocasiones ello nos llevará a la estructura del estado, a la concentración de la renta, y el mal ejercicio del poder local, a la deuda externa o las dificultades comerciales... Igualmente, en lo local, pueden influir fenómenos climáticos coyunturales u otros mucho más permanentes que provoquen desesperanza en la población. Este análisis del contexto no ha de ser un mero ejercicio intelectual de comprensión, sino uno que se plantee a continuación la acción. 2. Actuar sobre esas causas estructurales de la migración: estabilidad y responsabilidad política, promoción de mejoras y pactos sociales amplios, acuerdos sobre la deuda externa que reduzcan su efecto sobre los sectores más pobres de las comunidades y les brinden oportunidades... Buscar para ello propuestas e interlocuciones públicas que permitan incidir en el contexto, ya sea en una lógica de largo plazo en la construcción de capacidades para el diálogo social, como para asuntos más puntuales. Igualmente, es importante actuar sobre las realidades locales que provocan la huida: las sequías, el reparto de la tierra, la prevención de daños ambientales, la necesaria construcción de capacidades comunitarias en el diseño de políticas públicas locales... 3. Tener presente los efectos existentes y potenciales en términos de migraciones que ya se produjeron en el pasado o podrían darse en el futuro por las intervenciones de la cooperación internacional. Así, tanto la dinámica migratoria existente y potencial, como las dinámicas que haya introducido o pueda introducir en las comunidades deben ser parte de la identificación y la formulación de las acciones de cooperación. 4. Aprovechar el potencial de los migrantes en el exterior para el desarrollo local es una clara opción de futuro. Para ello es importante el desarrollo de instrumentos que permitan la llegada en condiciones económicas ventajosas de las remesas así como establecer mecanismos de incentivos a su reinversión productiva local. Es, por tanto un trabajo social y financiero a escala local, en los lugares de origen e internacional, mediante bancos, cajas y otras instituciones. Con estos mecanismos de incentivos, deben poder aprovecharse los recursos que llegan, los conocimientos técnicos adquiridos, contribuir al cambio cultural en aquellos aspectos positivos de las sociedades de llegada. Y por último, apoyar, incentivar y promover la puesta en marcha de iniciativas comunitarias, y no individuales de producción, de modo que el patrimonio y los conocimientos de los migrantes se integren por el conjunto de las comunidades de origen como una ganancia y no como un foco de nuevas desigualdades. 5. Aprovechar los factores culturales positivos que la migración ofrece, como por ejemplo, el mayor reconocimiento de los derechos y del papel de las mujeres en la sociedad. Algo que puede ceñirse a aspectos como el papel de representación de las mujeres en la comunidad o a otros aspectos mucho más duros, como lo es el de la violencia contra las mujeres. Pese a que es ese un mal de sobra conocido dentro de nuestras propias sociedades del norte, en ciertas sociedades en desarrollo está mucho más arraigada cierta clase de tolerancia y comprensión social ante la violencia familiar contra las mujeres. La presencia de mujeres que migran y conocen otras realidades como la persecución de los maltratadores, y el dolor y la indignación social ante esas conductas en España, en este caso, puede contribuir a cambiar la visión cultural de la discriminación y la violencia sexista. Es preciso entonces aprovechar la incorporación de nuevos valores positivos para las sociedades de origen. En las antípodas estaría la llegada de las formas de consumo superfluo y masivo que tenemos en el norte que, por cierto, también penetran, y con fuerza, en las comunidades de alta migración siendo fenómenos culturales que, en ese caso, deberían tratar de atenuarse. Igualmente, la presencia de migrantes con tradiciones más solidarias y comunitarias es un factor de cambio cultural en las sociedades del norte, tan dominadas por el individualismo y tan faltas de referentes colectivos y solidarios. 6. Promover y apoyar en los países de destino las acciones de las asociaciones de migrantes en cooperación con sus lugares de origen. Ya es una vieja tradición la aportación de los migrantes a gastos locales de sus lugares de origen -en España lo hemos conocido bien en los pueblos y lugares donde los migrantes financian las fiestas patronales, por ejemplo-. Es, sin embargo prioritario en este nuevo tiempo, pasar a acciones de mucho mayor calado. En algunas comunidades, pueblos y barrios con alta migración en Ecuador quienes migraron siguen siendo miembros de la asociación o cooperativa local, aportan su cuota y tienen un canal privilegiado para la cooperación a partir de estructuras ya existentes. Esta dinámica debe ser impulsada, pues por la tendencia a agruparse geográficamente las personas en función de sus lugares de origen esta forma de cooperación tiene un altísimo potencial de impacto. Así que debe reforzarse el vínculo existente con los lugares de origen y apoyar que vaya más allá del folclore y la religiosidad popular para llegar al campo del desarrollo. En el mismo sentido cobra importancia el apoyo a la consolidación de las asociaciones de migrantes, y contribuir en un trabajo compartido a la cooperación con sus comunidades de origen: cuanto más fuertes sean las estructuras en los países de llegada, más capacidad de cooperar y de incidir en la realidad local se tendrá. 7. Aprovechar la presencia de migrantes en sociedades del norte como agentes comerciales de productos para el consumo de los migrantes nacionales en ese tercer país. Este es un campo que, en particular en España, tiene un alto potencial por el alto número de migrantes llegados en poco tiempo. La exportación de productos es una oportunidad para los productores del país de origen, y la presencia creciente de los productos que consumirán específicamente los migrantes en tiendas o locales asociativos puede ser un factor que permita una interrelación con las sociedades de llegada en la vida cotidiana. Que es una gran asignatura pendiente en el camino hacia una buena integración de la reciente migración recibida en particular por la sociedad española. Nos encontramos, en definitiva, ante un fenómeno que ofrece numerosas oportunidades de acción a partir de las prácticas y experiencias ya conocidas en el ámbito de trabajo social y la cooperación para el desarrollo. Y al hacerlo no sólo se mejorarán situaciones y realidades concretas, sino que también se avanzará en ofrecer a las sociedades mensajes mucho más positivos sobre lo que nos ofrece el hecho migratorio. A modo de conclusión La globalización y la pérdida generalizada de perspectivas de desarrollo propio en el sur están siendo componentes claros del actual proceso migratorio. Un proceso en el que las migraciones sur-norte son más intensas de lo que nunca fueron y en que las restrictivas políticas migratorias impuestas en los países del norte no consiguen frenar. Una realidad, que por la dualidad de sus sociedades -lo que permite una mayor vinculación a los sistemas de información a distancia, y de acceso al imaginario de la migración- afecta de manera especial, aunque no única al continente latinoamericano. Esta realidad es una dramática señal de alarma que indica la necesidad de un cambio de rumbo en el modelo de relaciones internacionales actual hacia una mayor justicia social planetaria, que frene la tendencia a la concentración de la renta, el conocimiento y la tecnología. Pues esta tendencia está provocando un movimiento de poblaciones que, si bien tiene sus precedentes en la historia humana, nunca ha mostrado tanta fuerza pese a las crecientes trabas que se le imponen. La migración es, hoy por hoy, el grito de los excluidos de la tierra, de quienes no se resignan a vivir en la pobreza y quieren aprovechar las oportunidades que la modernidad brinda. Pero esta salida supone una limitación para las posibilidades de que se produzcan procesos nacionales de desarrollo incluyentes que permitan una vida digna a las mayorías pobres y no sólo a aquellos grupos más emprendedores y a las élites locales. Ante este reto, la cooperación internacional debe aprovechar las potencialidades de los procesos migratorios para buscar caminos por los que favorecer el desarrollo local y comunitario y la suma de esfuerzos hacia procesos de progreso más amplios. La migración es tal vez la luz de alarma más impactante que tengamos hoy en nuestras sociedades para recordarnos cada día con un simple vistazo a nuestro alrededor el mal funcionamiento del planeta y la responsabilidad que tenemos en la búsqueda de un proyecto ciudadano global e incluyente que no permita más que la migración forzosa -la gran mayoría, en la actualidad- siga siendo el doloroso pan nuestro de cada día para millones de personas.
(*) Jaime Atienza Azcona (11-12-72) es economista, especialista en desarrollo. Coordinador de economía social y codesarrollo en Cáritas española. Trabajó (98-01) como coordinador de la campaña "Deuda externa ¿deuda eterna?". Autor y coautor de varios libros e informes sobre deuda externa, economía, cooperación y migraciones así como de artículos en diversas revistas y diarios (La deuda externa del mundo en desarrollo. Madrid, AKAL, 2002.). Participante en reuniones del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y las Naciones Unidas. Experiencia docente en cursos y seminarios en varias universidades españolas, y en consultoría en temas de cooperación para el desarrollo.
Bibliografía
Acosta, Alberto (2003). Los costes y beneficios de la emigración: una visión desde el sur. Ponencia del Curso de verano de la Universidad Complutense "Pobreza, migraciones y desarrollo", julio de 2003. En prensa para su edición por La Catarata / Comunidad de Madrid. |
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