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| 27 de diciembre del 2004 |
Jaime Atienza Azcona (*)
Migraciones y desarrollo: factores explicativos
e impacto en las sociedades de origen Tal y como se ha venido señalando en los apartados anteriores, los factores que impulsan hoy la migración son diversos; en algunos casos repiten aquellos que estuvieron en la raíz de las grandes migraciones de tiempos pasados, pero en otros son mucho más nuevos y vienen determinados por la coyuntura presente. En este apartado sintetizaremos aquellos factores que son comunes a las diferentes etapas migratorias, junto con aquellos nuevos factores que impulsan la migración. Y, a continuación, describiremos algunos efectos de la migración que se producen en las sociedades de origen de los migrantes, para completar el análisis del escenario migratorio. I. FACTORES EXPLICATIVOS DE LA MIGRACIÓN. En primer lugar, enumeraremos y describiremos brevemente algunos factores que son comunes a los diferentes momentos en que la migración ha cobrado una importancia destacable: 1. Ciclos de estancamiento y crisis económica. Las migraciones han coincidido históricamente con períodos de estancamiento y crisis en los países de origen. 2. Perspectivas de mejora económica en otro lugar. Al hilo de la vivencia de períodos de crisis, la perspectiva de un futuro mejor ha sido un factor determinante de la migración. No significando ello un cambio inmediato en los niveles de renta, pero sí la posibilidad de alcanzarlo transcurrido un tiempo. A lo largo de la historia, la migración ha tenido un componente de emprendimiento y aventura que hoy mantiene, pero sin la fuerte carga de clandestinidad actual. 3. Contextos pacíficos estables en los lugares de destino. El destino perseguido por aquellos dispuestos a emigrar han sido países atravesando situaciones estables y pacíficas que hacían atractivo y previsible el resultado del viaje. 4. Existencia de espacios económicos para trabajadores y tierras para recibir a nuevos pobladores. La migración ha tenido tradicionalmente destinos donde o bien existía espacio laboral para quienes llegaban, sectores económicos sin ocupar o tierras que colonizar. 5. Existencia de conflictos armados y guerras en el origen de algunas migraciones. Esta es una constante a lo largo de la historia, de la que las migraciones forzadas por el exilio posterior a la Guerra civil española son un ejemplo del pasado y la emigración de Colombia o Sierra Leona lo son de la etapa actual. 6. Importancia de las redes. En todas las etapas las migraciones han tenido un componente nacional; es decir, la migración de los nacionales de un mismo país se produce hacia destinos concretos, en los que los primeros en llegar van "abriendo camino", haciendo más sencilla la llegada de otros connacionales en sucesivas oleadas. 7. Autoregulación de los flujos. Los procesos migratorios han sido procesos con un inicio, un período de auge y una ralentización hasta acabarse, y no procesos de duración infinita. Algo que cambia con la migración reciente, en la que pese a los factores desincentivadores que los gobiernos del Norte introducen, no queda claro que se produciría un final natural de la migración de los nacionales de uno u otro país. Continuamos señalando ahora algunos otros factores propios de la actual etapa migratoria: i. Cambio cualitativo en los factores técnicos. La revolución de las comunicaciones y las posibilidades de comunicación a distancia y de desplazamientos físicos ha multiplicado las posibilidades objetivas de emigrar. ii. Mayor información sobre las realidades del norte y del sur. Esa revolución de las comunicaciones hace posible un conocimiento mutuo mucho más intenso -también con fuertes sesgos en lo que se conoce y no se conoce- entre los países de origen y destino de la migración, lo que contribuye a "acercarlos" en el imaginario del potencial migrante. iii. Aceleración de los procesos. Esos cambios técnicos y la desesperanza instalada en numerosas sociedades hacen que hoy los procesos migratorios sean mucho más inmediatos como respuesta a situaciones de crisis, produciéndose en poco tiempo migraciones de muchos miles de personas. iv. Cierre de las fronteras. Los países receptores de migrantes tienen hay una política mucho más dura que nunca antes hacia quienes tratan de llegar a sus países. Ello añade a la migración un factor de riesgo y de marginalidad y abre un espacio muy importante a las mafias que ayudan a llegar a los migrantes a sus destinos a cambio de grandes sumas de dinero. Cantidades que aumentan a medida que lo hace también la dificultad y el riesgo del viaje. Ese cierre es, por otra parte, la respuesta instintiva y poco reflexiva de numerosos gobiernos a una oferta de potenciales migrantes en apariencia infinita. v. Alto condicionamiento económico externo. Las crisis que afectan a las familias en el Sur y provocan la migración son provocadas por factores que muchas veces escapan al control del país emisor -sin que ello suponga en absoluto liberar a los gobernantes del Sur de sus indudables y muy graves responsabilidades en las carencias de sus pueblos-. Pueden ser la variación del precio de las materias primas, la variación de los tipos de interés internacionales, el sobrepeso de la deuda externa, la vulnerabilidad a las importaciones de otros países... vi. Crecimiento inestable. Las crisis actuales, aunque con causas estructurales, se producen en contextos donde se producen ciclos económicos de auge y crisis mucho más rápidos que en anteriores etapas de la historia, debido a la mayor apertura externa y a la vulnerabilidad de buena parte del mundo en desarrollo vii. Decepción ante los procesos políticos. En numerosos países en desarrollo se vive un profundo desencanto con los esperanzadores procesos políticos que se abrieron en el último tercio del siglo XX. La descolonización en África, la llegada de democracias más estables en América Latina o la caída de los regímenes totalitarios del este de Europa abrieron una esperanza de franca mejoría. El fracaso de esas expectativas en numerosos países ha hecho mucho más profunda la decepción y más palpable la desesperanza de las poblaciones por el sistema político y sus representantes, elegidos democráticamente o no. II: ALGUNOS EFECTOS DE LA MIGRACIÓN SOBRE LAS SOCIEDADES DE ORIGEN Es este un asunto especialmente omitido en los trabajos conocidos sobre la migración: ¿qué pasa con quienes se quedan, con las zonas que viven la despoblación, que reciben ingresos de los migrantes? Saber que pasa en los países de donde se marchan cantidades significativas de población es muy importante para poder plantear alternativas de actuación sobre la realidad para transformarla en positivo, como pretenden diferentes iniciativas sociales y de cooperación internacional. Veamos, sin ánimo de ser exhaustivos algunos factores que transforman las sociedades de origen de los migrantes: 1. Pérdida de una proyección de desarrollo propio. La migración se convierte en una respuesta individual o familiar en medio de un contexto desfavorable en el que ya se ha perdido la fe en las posibilidades de desarrollo del país de origen. Así, se cae en la desesperanza en que se pueda alcanzar o contribuir a un proyecto propio, nacional o local, de desarrollo. Lo que es a su vez causa y estímulo para que otros migren también, y crea una mística en torno a la figura del migrante, haciendo de él un triunfador ante la sociedad, el más arriesgado y valiente, frente a quienes optan por quedarse a trabajar en el país. 2. Aceptación de la superioridad de otros modelos. Esa misma aceptación de una derrota del proyecto nacional de desarrollo construye una imagen de inferioridad de las sociedades de salida, que ya no se piensan a sí mismas como diversas en diferentes campos y viviendo su propio proceso social, político, cultural y económico. Acaban por entenderse a sí mismas como sociedades inferiores, viendo a las sociedades de destino como un modelo exitoso y superior. 3. Llegada de remesas y conductas rentistas. La migración de este período histórico se beneficia también de la existencia de eficientes sistemas de transferencia de remesas, lo que ha hecho que las mismas cobren mayor importancia, alcanzando en algunos países entre el 10% y el 30% del PIB. Sin embargo, se observa con preocupación el escaso uso productivo de las remesas, que alimentan un espíritu rentista, sin contribuir decisivamente, como por su magnitud muy bien podría suceder, a la generación de empleo e ingresos. 4. Cambios en las pautas de consumo. La llegada masiva de remesas tiene por efecto una mejora en el nivel de vida de las familias receptoras, pero en ocasiones también un aumento en los niveles de consumo más o menos superfluo, de bienes importados, y siguiendo las pautas de los países ricos. En los lugares con una alta tasa de migración se genera una nueva división de clases entre quienes reciben remesas y consumen con pautas occidentales y quienes no tienen acceso a esas posibilidades, y contemplan con admiración el nivel de consumo de sus vecinos. 5. Rupturas familiares, culturales e intergeneracionales. Se producen situaciones nuevas que rompen con las dinámicas más arraigadas en la sociedad de origen; se dividen las familias, se reparten los hijos entre miembros de la comunidad, se adoptan nuevas costumbres y patrones de consumo y se produce una ruptura modernizadora -por supuesto, no necesariamente negativa ni positiva- que abre una brecha entre mayores y jóvenes, por el contacto de estos últimos con la migración bien sea directamente, por sus padres, por familiares o por amigos. 6. Fuga de capacidades. Pese a que la realidad nos indica que los migrantes suelen -con honrosas excepciones- desempeñar labores que requieren escasa cualificación, su nivel de formación supera ampliamente el de la media de población de su país. Así, el país de origen ve como se marchan personas con altas cualificaciones, habilidades técnicas superiores o un especial espíritu emprendedor. Ello supone una pérdida de capacidades para el país de salida y también una pérdida de la aportación de esos sectores más formados o emprendedores al desarrollo nacional. 7. Encadenamiento de otros procesos migratorios internos y fronterizos. Cuando emigran ciertos profesionales de una región o país, la demanda de ese tipo de trabajo puede acabar forzando la llegada de inmigrantes de terceros países a realizar esa función, conectándose migraciones Norte - Sur, con otras que se dan entre países o regiones fronterizas para compensar el vacío de los migrantes que se fueron. Algo que sucede, por ejemplo, en Ecuador, de donde han salido más de un millón de personas en 4 años, y donde llega migración colombiana -expulsada por la violencia- y peruana, atraída por los altos salarios en comparación con los de la región fronteriza del norte del Perú, a cubrir los espacios laborales que quedaron disponibles por la migración masiva. (*) Jaime Atienza Azcona (11-12-72) es economista, especialista en desarrollo. Coordinador de economía social y codesarrollo en Cáritas española. Trabajó (98-01) como coordinador de la campaña "Deuda externa ¿deuda eterna?". Autor y coautor de varios libros e informes sobre deuda externa, economía, cooperación y migraciones así como de artículos en diversas revistas y diarios (La deuda externa del mundo en desarrollo. Madrid, AKAL, 2002.). Participante en reuniones del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y las Naciones Unidas. Experiencia docente en cursos y seminarios en varias universidades españolas, y en consultoría en temas de cooperación para el desarrollo. |
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